La pluma profana de El Markés

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¿Y Qué de los niños?

Perdido entre la cita bíblica de “Dejad venid los niños a mí” y la de “Dónde jugarán los niños” del grupo jalisciense Maná, me echo en mi sofá para pensar muy seriamente sobre la situación infantil en pleno 2021. Y es que mientras todos los adultos que poseen una responsabilidad social, piensan que nadie sufre tanto como ellos debido a todas las consecuencias que ha traído consigo la enfermedad mundialmente conocida como Covid 19, muchos ni han volteado a ver cuál es la realidad de la infancia y cómo la enfrentan.

Escandaliza el hecho de que las estadísticas de mortalidad infantil se eleven como la espuma de cerveza de barril. Las razones son muchas, sin embargo, la más preponderante hasta el día de hoy, es la misma que atormenta a los mayores. Estando en la posición de “Mayor de edad” y viendo todo desde mi situación, es verdad que las cosas se han puesto muy complicadas, pero en casa tengo infantes y adolescentes; igual sé cómo les ha golpeado el encierro, el alejamiento de los amigos, el contacto con los maestros y todo eso que hace de ellos entidades auténticas. Que la enseñanza en línea es muy distinta a la presencial, eso nadie lo pone en tela de juicio. Si bien es cierto que la economía ha sufrido un descalabro muy notable, el ánimo de los chamacos igual lo ha padecido. La educación presencial es una educación como en casa. Los compañeros muchas veces son como los hermanos, un encuentro de caracteres que los convierte en personas sociables y preparadas para enfrentar al mundo. El encierro ha traído trastornos nunca antes vistos. La historia nos habla de otras pestes que igual hicieron que familias enteras estuvieran recluidas por largos periodos de tiempo, sin embargo, no tenemos conocimiento de cómo enfrentaron dichas situaciones.

Hace unos días anduve visitando algunos ejidos en la falda de la sierra del pueblo mágico de Cuatro Ciénegas de Carranza, en el estado de Coahuila. Ahí la educación, aparte de no ser presencial desde hace un par de años, la dificultad que se tiene es que la señal de internet es malísima y no siempre se tiene esa conectividad que permite que la enseñanza fluya como debe de ser. El sector rural esta devastado, ya no sólo económicamente, también en la educación. Los libreros en las escuelas están apolillados, las áreas de juegos derruidas y las casitas acondicionadas para el maestro que viene de la ciudad al pueblo, desvalijada… ¿por qué lloramos, nosotros los mayores, por lo que la pandemia y otras circunstancias nos han robado y no miramos a nuestros niños?, creo que si miráramos un poco hacia atrás, hacia nuestra infancia, tomaríamos un tanto de conciencia. Muchos de los que ahora leen esta columna seguramente pasaron las de Caín sin tener todo lo que hubieran querido; pasaron tiempos crudos y eso, eso es suficiente para entender que ahora nuestros chamacos, privados de su libertad, no les está cayendo nada bien.

La tragedia que vive Nigeria no es desconocida para nadie. Hace unos días un aula hecha de carrizos quemó a una veintena de niños. Para cuando llegaron rescatistas no quedaba mucho por hacer. Se dice que esto no es algo nuevo en un país en el que la educación no es un rubro importante. Tampoco es desconocido de que este tipo de tragedias suceden con regularidad, y que no son tan difundidas debido a que muchas veces se logra poner a salvo a los educandos o si acaso muere uno o dos. Se reservó un luto nacional por la tragedia y se prohibió a lo largo y ancho de todo el país, dar clases en sitios de riesgo.

El gobierno dice “Dejad venid los niños a mí”, pero igual lo dicen los pederastas y pedófilos. Los primeros anuncian obras para la educación, sin embargo muy pocas veces se cristalizan. Los segundos los atraen hacia sí, pero sólo para satisfacer sus instintos o los de alguien más… entonces, y para finalizar ¿En dónde jugarán los niños?, tiempo es de buscarles y darles sus espacios. El suicidio infantil, por ejemplo, se ha elevado en algunos estados de la república como no se tiene una idea. Jamás se había escuchado que un infante tomara una decisión tan desastrosa. Una de las razones principales, sin lugar a dudas, es el empuje perverso que tienen las redes sociales mal utilizadas. Hay cientos de grupos, tribus urbanas inyectadas en las redes que buscan a toda costa meterse en las débiles mentes de los niños. Para nuestro infortunio, estas han ido ganando un notable terreno en la educación infantil. Muchas de las decisiones que estos toman son extraídas de los amigos virtuales, dejando de lado la que los padres puedan darle, bueno, si es que estas existe. Y es que esa es otra problemática que se debe de abordar. La rutina ha convertido a los adultos en robots. Robots dirigidos por una sociedad lo bastante exigente. La mirada de los que brincan los veinte años siempre es al frente, a lo que ordene el patrón o los negocios personales. Muy pocas veces se mira abajo, hacia los niños, o hacia un lado, con el cónyuge. Ese tipo de apatía ha convertido a toda una generación infantil en suicidas en potencia, o tú ¿Qué opinas? Adieu.

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