Drayke Hardman llegó a la escuela como cualquier martes, como cualquier lunes
o jueves, pero ahí estaba la bestia, ahí, agazapada tras la sección de sanitarios,
por las canchas deportivas o por qué no, en su propia mente aterrorizada. Para
Drayke los días son los mismos, igual los colores y los aromas. Sentado en el
sanitario mira sus pies desnudos. Ya no se imagina como antes; y es que antes
que ayer sus ideales volaban en pos de ser una gran estrella de la NBA. Hoy está
ahí, mirándose los pies descalzos, heridos por severos pisotones propinados por
la ira injustificada de alguien que ya duerme con él, come con él y camina con él,
siempre hiriéndole, empujándole, haciéndole sentir que el mundo no es para él,
que se vaya, que desaparezca, que no es más que un estorbo. La bestia tenía
nombre: miedo, temor, desconsuelo, destemplanza, lágrimas y moretones. La
bestia es amparada por la inconciencia, por la complicidad, por el orgullo y por la
apatía. Nadie lo sabe, o por lo menos muy pocos, pero Drayke a sus diez años
más dos, es un alma atemorizada y avergonzada frente a los ojos de las niñas y
de los niños que, incapaces de defenderlo de la bestia, se suman a ella en el
silencio, en ese vergonzoso y estúpido mutismo que lo ha convertido hoy, en una
cifra más del bullying.
Por la noche Drayke Hardman entró en su habitación y salió de su corazón al
mismo tiempo. Lloró sin desear encontrar consuelo en nada y confabulado con la
derrota y el abatimiento buscó el medio para trozar de un solo golpe, el único lazo
con la vida. Drayke Hardman no murió al momento como él hubiera deseado. Sus
hermanas lo encontraron pendiendo con un artilugio de buzo y con unos signos
vitales al límite. El tiempo se diluyó como agua entre las manos y al día siguiente,
después de que los médicos habían hecho todo lo humanamente posible, el chico
migró cielo adentro. Justo ahí Drayke encontró una paz que ni su cuerpo ni su
alma habían logrado obtener en el hermoso planeta azul.
Samie y Andy saben que ya nada será igual. Por mucho tiempo sus días serán
grises y sus mañanas oscuras. La familia divagará en una amargura que
intentarán dominar por el bien del resto. Las chicas extrañarán a su hermano y los
abuelos llorarán en silencio.
Hoy el estado mormón está de luto cuando no debía estarlo… ¿Cuántos Drayke
vagan por el mundo padeciendo los horrores de abuso a manos de sus
compañeros de escuela? ¿Cuántos empleados son acosados por sus
compañeros, empleadores o personal externo?
Hoy #DoltForDrayke es la bandera que ondea por todo el cielo estadounidense y
en el mundo. Se nos ha ido un pequeño que vivía azorado por un compañero de
escuela ante el silencio de profesores y compañeros. Es aquí donde vemos que
nos falta mucho para creer en una sociedad bien fundamentada o denominarnos
civilizados.
Mire a su alrededor, ¿cómo van sus hijos? no se confíe de que su apacibilidad
pueda ser felicidad o que todo vaya bien en sus vidas. El soborno y la
manipulación han llevado a muchos jovencitos a revelar su desnudez y la
explotación de la misma. Son amenazados por agrupaciones cibernéticas que
viven de la corrupción de menores. Hoy las redes sociales son un arma lo
bastante punzante y certera. Cientos y miles de jovencitos están siendo
bombardeados por la inmoralidad y por la normalización de la indecencia.
Hoy el mundo desea conocer el nombre y la imagen de la bestia que azotaba al
espíritu y al cuerpo de Drayke. La bestia en sí no tiene remordimientos. Está
condenada a vivir por siempre como enemiga del amor. Con toda seguridad se
convertirá en un futuro no muy lejano en líder de algún cartel de la droga, mal
policía o simplemente en un complicado ciudadano norteamericano destinado a
ser un problema social, un padre golpeador o un asesino destinado a vivir de
prisión en prisión.
¿Cómo es nuestro comportamiento con quienes tenemos a nuestro alrededor?
¿Qué tal nuestro día a día con nuestro cónyuge, hijos, sobrinos, cuñados, tíos o
padres? Lo cierto es que cada uno de nosotros vamos por la vida cargando una
serie de desafíos que se incrementan cuando en nuestro camino aparecen
personajes dispuestos a complicárnoslo todo. No hay nada más terrible que tener
en casa un marido golpeador, una madre abusiva o un hijo vociferando contra una
madre. Tal vez creamos que ser agresivos, prepotentes, altivos o groseros es
parte de una personalidad que no podemos cambiar, sin embargo, todo es posible
cuando dejamos entrar en nosotros la empatía, la sensibilidad y el amor.
Fue entonces que, mientras todo el mundo pensaba en San Valentín, un susurro
entró muy suavemente por los oídos heridos de un Drayke que no dudó en tomar
una decisión fatal… entonces las palomas blancas salieron volando del hospital
infantil primario intermountain.
“Este es el resultado de la intimidación, mi chico guapo estaba librando una batalla
de la que ni siquiera yo lo podría salvar. Es real, es silencioso y no hay nada,
absolutamente nada, como padre que pueda hacer para quitar este profundo
dolor. No hay señales, solo palabras hirientes de otros que finalmente robaron
nuestro Drayke de este lugar cruel… tenía 12, 12 años de edad… ¿cómo un niño
de 12 años que fue amado tan ferozmente por todos piensa que la vida es tan
difícil que necesita alejarse de ella?”
“Enseñemos bondad”, terminó por decir Samie… cuanta verdad, cuánto valor en
medio del dolor de una madre padeciendo los horrores de una gran pérdida.
AUTOR: JUAN DE DIOS JASSO ARÉVALO
EL VIAJERO VINTAGE
@derechosreservadosindautor

