“Mortandad estacionaria”

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No hace mucho, en el asilo de mi comunidad, se suicidó una anciana de ochenta y tantos años. El percance vino cuando los encargados del lugar dejaron a su alcance un frasco de pastillas que le arrebataron la vida al no resistir la desintoxicación. Nadie podía creer que Barbarita, la mujer que manejaba los talleres de bordado y que era muy conocida por cantar himnos cristianos y villancicos del modo más magistral, hubiera podido tomar una decisión así. Su carta póstuma lo decía todo. En realidad nunca le había agradado la época decembrina por que ésta le hacía recordar a sus doce hijos. Se había quitado la vida justo después de Navidad cuando luego de tres años consecutivos ninguno de ellos la había ido a visitar. Había canturreadocánticos como nunca, decían unos, pero lo que no sabían era que mientras todos dormían, la tristeza por haber sido recluida ahí la mataba lentamente.

Mientras que para muchos la llegada de esta época es la antesala de la celebración con la llegada de parientes lejanos, reuniones de amigos y horas de francachela, para otros es el punzante arribo de un período lo bastante cargado de desencuentros emocionales… es como quien padece lumbalgia, artrosis, fracturas y contracturas musculares, apenas llegan las primeras masa de aire frío y el cuerpo empieza resentir. Empiezan las dolencias, las automedicaciones y las visitas al médico. Mientras que esta sintomatología es una respuesta del cuerpo hacia el nuevo clima, los trastornos emocionales vienen a causa de una reacción del espíritu.

Hoy en día los especialistas en emociones humanas han llamado a las depresiones causadas por la llegada de la época invernal como Trastorno Afectivo Estacional. Es un trastorno que no tiene nada de nuevo. Siempre ha existido ese sentimiento de tristeza que ahoga a quienes le cuesta trabajo dejar de lado un pasado marcado por una serie de circunstancias. Bien podríamos hablar de una infancia de maltratos, el abandono de un padre o de una madre, la muerte de uno de ellos, el suicidio de un familiar o diversas contiendas en medio de la fiesta decembrina, en fin. La lista es francamente interminable. Es así como muchos seres humanos viven ligados a un recuerdo que se recrudece con la llegada de villancicos a sus oídos o un frio que arrastra experiencias crueles.

La depresión es uno de los trastornos que ha causado muchas muertes. Es una lucha interior que no puede dejarse ir así nomás y en solitario. Es una guerra interna en la que tanto el que la padece como quien lo rodea debe darle lucha.

A últimas fechas los titulares noticiosos evidencian un elevado número de personas que han perdido la vida utilizando una gran variedad de métodos. Las estadísticas muestran que es el género femenino el que ha elevado las cifras de un modo espantoso.

Aparentemente detectar a un apersona depresiva es sencillo, pero no es así. Muchas de las personas que hoy ya no están con nosotros y que fallecieron víctimas de suicidio por depresión, eran personas sonrientes y cooperativas. Son personas que llevan una batalla en silencio.

Sin más ni más podríamos decir que la depresión es un estado de ánimo que viene cuando sentimientos de nostalgia, tristeza, ira o frustración interfiere directamente con la vida diaria. No existe una edad específica para su arribo, aunque a últimas fechas se ha notado mucho su presencia en adolescentes, mujeres con una vida matrimonial de entre 5 a 10 años y ancianos. Se ha dicho que este padecimiento emocional tiene una duración aproximada de dos años cuando es un trastorno depresivo persistente. Muchos de estos males, si así se le puede llamar tiene un tratamiento que puede llevar a quien lo padece a una recuperación.

Creo que es tiempo de ser amigos, no compañeros,  hermanos, no parientes. Ser más humanos que inhumanos. Acerquémonos confiadamente a esos que van en silencio por la calle y cuya expresión denote un estado emocional desastrado. Involucrémonos con aquellos que en silencio planean un escape seguro. Nunca se está lo suficientemente consiente de lo que puede significar una frase corta de aliento, un hola, un saludo acompañado de una sonrisa. Existen tantas cosas que se pueden hacer para desviar una mortal intención de acabar con una vida. Creo que hace mucha falta el desapego, la desafección hacia uno mismo y sus propios problemas para volver el rostro y darnos cuenta que cohabitamos en una sociedad. Demos calor en el invierno, sólo así podremos eliminar esas horribles mortandades estacionarias. Adieu.

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