La pluma profana de El Markés

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Pisoteados y ofendidos

Todo partido político tiene un ideal puro, refinado y con una mira muy profunda por ayudar al prójimo; sin embargo, dicho ideal se desvanece cuando los intereses personales van injertándose en el alma de sus líderes. Entonces el ideal se torna turbio y todo aquello por lo cual se luchaba se pierde en la bruma de la corrupción.

El líder que prometió un día ser defensor de la patria y que al finalizar su mandato sólo la ha empobrecido, no merece otra cosa que el exilio.

Pareciera increíble pero “Solidaridad” fue uno de los programas más ambiciosos del tricolor. Impulsado por el expresidente Salinas de Gortari y trabajado con una intensa publicidad, muy pronto el pueblo se tragó la carnada de que en muy poco tiempo la pobreza desaparecería y todos los beneficios serían como maná cayendo del cielo. En muy poco tiempo se vieron calles pavimentadas, creación de plazuelas y remodelación de edificios públicos. Todo ello, claro está, con el símbolo de “Solidaridad” en primer plano.

El gobierno salinista es tan conocido, no por sus obras a favor del pueblo, sino por la gran debacle que causó con una devaluación monetaria con la que Zedillo tuvo que cargar durante su casi invisible tracto presidencial.

No hace muchos días, el actual mandatario de México expuso en una de sus ya cotidianas conferencias que muy malamente se le había puesto el nombre de José María Morelos y Pavón al avión presidencial. Reseñó que era algo enteramente contradictorio cuando, siendo Morelos un gran luchador de la justicia,su nombre apareciera en un artículo utilizado en los caminos que había llevado al país al declive de la mano de la corrupción. Lo curioso y al mismo tiempo cómico del caso fue que dio algunas opciones que bien podían coincidir con la corruptela en la que se vivía en el tiempo en que se usaba la nave: Porfirio Díaz, Iturbide, Santa Anna y Carlos Salinas de Gortari.

Entrar en la antigua casa presidencial denominada por muchas décadas como Los Pinos, fue develar la peor abominación jamás cometida contra los mexicanos. Si bien es cierto que el sitio donde mora el líder del ejecutivo debe poseer todas las nobles características para un personaje tal, caminar en sus pasillos fue recibir un golpe tras otro a ese diario vivir “al día” de muchos ciudadanos. Algo similar pasó al entrar al avión presidencial. Hacerlo fue en definitiva y ahora sí, un verdadero escupitajo al rostro del mexicano. Una aeronave de un costo tan elevado y poseedor de tanta riqueza que no concordaba con la vida económica del país.

La casa presidencial y el avión, son dos símbolos de la corrupción neoliberal. Para fortuna nuestra la primera fue convertida en un museo y centro de atracción para la recreación familiar. El segundo está en un proceso de venta. Ambas cosas, es decir, el que el primero se convirtiera en un museo y que el segundo se vendiera, son dos cosas ahora sí que inimaginable durante el régimen neoliberal. Conforme pasan los días y se develan los más caros secretos de los viejos regímenes, la corrupción se evidencia tal cual; muestra lo que el exterior conoce de México, esto es, que es un país de líderes corruptibles.

Durante la gubernatura de Humberto Moreira Valdez en territorio coahuilense, las obras fueron muchas. Durante el terrible cataclismo que causara el huracán Alex, el gobernador fue lo bastante dadivoso con los ciudadanos. Repartió salas, refrigeradores, comedores y muchos apoyos. Tan grande fue su gloria que hoy existen escuelas, calles y colonias que llevan su nombre. Apenas dejó la gubernatura para lanzarse como líder nacional del tricolor, se destapó una terrible cloaca que convirtió a los coahuilenses en el hazmerreír de todo el país. De buenas a primeras se nos fue enterado que el estado estaba endeudado con 35 mil millones de pesos. En pocas palabras lo que se les fue dado a los ciudadanos tuvieron que pagarlo triplicado o cuadruplicado. Como si fuera poco y al arribo de su hermano Rubén, a su salida igualmente dejó una deuda de 38 mil millones de pesos.

Hoy por hoy la guerra intestina, políticamente hablando, que se vive en el país ha develado la enorme laguna de horrores cometidos al seno de una maquiavélica alianza mejor conocida como el PRIAN. Con la extradición de Lozoya al país, las pocas migajas que quedan del tricolor tiemblan hasta su seno. Nombres y más nombres empiezan a salir y los que no lo soportan ya están buscando el modo de abandonar el barco y echarse al mar en voluntario suicidio.

Hoy y conforme se develan más y más depravaciones, el mexicano se siente más y más humillado y doblemente ofendido por todo ese tiempo que toleró la suela del zapato opresor sobre su cuello; ese abuso que lo obligó a vivir al borde de la miseria cuando allá, en lo más alto de las copas de Los Pinos, se vivía holgadamente… y es que sólo le faltó a los gobiernos anteriores decir como María Antonieta de Versalles: “Que coman pastelillos”, cuando le informaron que el pueblo estaba furioso y hambriento. Su destino, como es bien sabido, fue la decapitación junto a su ilustre esposo. La Francia de Luis XVI no tiene mucha diferencia a la mexicana que dejara Peña Nieto.

Pisoteados y ofendidos son dos palabras muy cortas para la pena que el pueblo vive. Burlarse de alguien que lo catapultó por medio de un voto honorable, es lo más humillante para un pueblo bueno. Adieu.

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