“Homo sapiens en extinción”

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Mientras Australia anunció la inminente extinción del Koala, en el caluroso estado de San Luís Potosí igualmente se notificó hace unos días que a causa de la horrible ola de calor que ha estado azotando la región, una enorme cantidad de aves han estado muriendo. El pueblo mágico de Xilitla y su dirección municipal anunciaron que entre las aves que han perecido están las palomas “tuneras”, los papanes huastecos y hasta las famosas tucanetas, aves de la familia de los tucanes y que son ampliamente admiradas por su notable belleza.

Si nos ponemos a indagar sobre los animales que alrededor del mundo están en peligro de desaparecer, la lista sería enorme. Por ello limitémonos en mencionar diez: oso panda, león africano, leopardo de Arabia, tigre de Amoy, atún rojo, elefantes, rinoceronte blanco, tiburón blanco, oso polar y gorilas de la montaña.

El Homo sapiens sapiens, esto es, humano anatómicamente moderno, es un animal también en peligro de desaparecer.Cuando el hombre comenzó a pensar, en ese mismo momento comenzó su extinción. Fue este Sapiens quien creó “El calentamiento global”, un fenómeno climático creado por el hombre que piensa, el que razona, planea, ajusta y evoluciona buscando en ello y por todos los medios posibles acabar ya no sólo con las especies creadas para hacerle compañía o servirle de alimento, también con su propia especie. Me sorprende el hecho de que muchos de nosotros, mientras paseamos por el bosque, por el campo o en algún sitio campirano, nos sorprenda el canto de las aves, el ver a una ardilla treparse en el tronco de un árbol o ver un águila sobrevolando los cielos. Es absurdo que nos conformemos con tan poco. Si por siempre hubiésemos entendido que las especies se respetan entre sí en uncírculo de naturaleza perfecto, un sinnúmero de aves sobrevolarían nuestros cielos y sería tan natural verlos adornar nuestro entorno.

La vanidad ha sido el detonante en la destrucción de muchas de nuestras especies. No nos avergüenza cargar una cartera, botas o chalecos de caimán, cocodrilo o serpiente. Las damas por su lado, abrigos de armiño, zorro o alguna otra especie en peligro de desaparecer.

Por muchos años, bien podríamos decir que décadas, firmas y más firmas se han puesto en un documento o en otro por parte de los países, todo en busca de una solución contra la contaminación ambiental, la tala inmoderada, la explotación abusiva de animales y su comercio, así como la extracción sin freno de los minerales que lo único que acarrea es la erosión de la tierra y la pobreza de los pueblos.

Por décadas, el hombre anatómicamente moderno ha emprendido una cruenta cruzada contra sí mismo. Se ha dedicado a destruir su entorno natural y social. Hablar de una tercera guerra mundial suena espeluznante. De hecho nos lleva a pensar en Nostradamus y sus fatídicas predicciones. No, nadie ha dicho que se aproxime una tercera contienda global, sin embargo, existen pueblos agotados por guerras civiles que de a poco han ido mermando sus poblaciones. No, no se habla de una batalla universal, pero los poderosos se han encargado de estropear el libre comercio entre naciones causando vergonzosas hambrunas. Repetimos, no se habla de una tercera pugna universal, no en esos términos, pero sí de un modo disfrazado en el que los recursos naturales son en sí bienes codiciados. El petróleo, por ejemplo, ha sido el causante de guerras tan sangrientas en Medio Oriente y en la cual se han visto involucrados países de América. Ni qué decir del carbón que ha causado la muerte de cientos de mineros por las explosiones de gases.

Sin duda el poder es de unos pocos mientras que una gran cantidad de personas luchan a conciencia por sobrevivir. La gente se ofende, se golpea, se burla. Los ancianos son vilipendiados por los hijos y hasta por los nietos. Los padres violan a sus hijas y los hijos a sus madres. La falta de valores es una pandemia que sin darnos cuenta ha ido mermando de a poco la naturaleza divina que poseemos de nacimiento.

Parecemos no entender que nuestro orgullo y nuestra vanidad por desear poseerlo todo de manera ilícita nos está llevando a una inevitable extinción. Tenemos un bello planeta todavía con una mínima posibilidad de rescate, pero la hay… pero somos sordos a la suave voz de la naturaleza suplicando que dejemos de violentarla como lo hemos estado haciendo.

Creo que mucha falta nos haría una plática con Eva mitocondrial y Adán cromosómico, que según los expertos en genética son nuestros primeros padres encontrados en territorio africano. Mínimo para que nos dijeran lo mal que estamos haciendo las cosas y que este planeta fue una casa demasiado grande para unos seres humanos de cerebro tan chico. Adieu.

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