La pluma profana de El Markés

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“Lavado de cerebro”

Naason Joaquín García mira fijamente al juez durante el juicio. El escenario es una corte de Estados Unidos. Las afectadas revelan a detalle el modo en que fueron violadas día tras día, año tras año en los sitios santísimos del templo de la Luz del mundo. El hombre imberbe y de ojos grandes y cansados sólo digiere aquello como un suspiro. Nada, ni siquiera el dolor que emana de las revelaciones hace mella en el endurecido líder religioso. “Mis batallas son tus batallas, señor”, parece decir para sí. Para él la tragedia ajena no le es propia, no le incumbe, no le corresponde, es caso aparte. La riqueza que posee es inmensa y los jueces lo saben, también sabe que puede comprarlos, darles todo el oro que deseen, pero ellos se frenan, ya buscaran el modo de venderse sin que nadie lo note. No es México, donde impera la corrupción, sin embargo, el dinero es dinero aquí y en Groenlandia. Los jueces escuchan serenos. Los abogados le brindan una servilleta a las afligidas víctimas que luchan entre mantenerse rígidas, valientes y seguras. Revelar la verdad y memorar el pasado, las dobla. Él calla y se mantiene erguido, “Tú llevarás mi yugo, señor”… Algo le hace saber que su batalla está ganada por que el solo tiene un juez, y no es terrenal, Jesucristo, el vencedor de batallas y el súper héroe con el que jugó por años convenciendo a la gente de que lo había llamado a él, y sólo a él a dirigir sus vidas y a tomar sus cuerpos a placer.

Naasón es uno de los muchos hombres que se dedican al lavado, no de dinero, sino de cerebros, bueno, aunque en este trayecto acumulen dinero como pepitas de oro en tiempos de los vaqueros en el viejo oeste. Naasón se convirtió desde joven en un heredero privilegiado de una denominación religiosa llamada simplemente “La luz del mundo”, y que terminó siendo la cruz del mundo. Y es que mucha gente cargó con una cruz que no le correspondía cuando este hombre y su padre, los obligaban a obrar a su favor. Los hacían creer que era voluntad de lo alto dar cuanto tenían, entre ellos la virtud de sus hijas, dinero y posesiones.

Hoy Naasón fue condenado a sólo dieciséis años y ocho meses de prisión en una corte de los Estados Unidos, y sólo por dos o tres cargos que él aceptó de más de veinte que lo acusaban. Aceptó haber violentado a tres menores de edad, pero negó otros muchos de los que se tenía pruebas y que los jueces desestimaron. La desesperación de los afectados fuera de la corte era terrible. Padres gritando que era injusto de que sus esposas e hijas hubieran sido violadas a manos de ese monstruo y que al final solo le dieran unos cuantos años.

El catolicismo es una denominación religiosa sobre la cual se ha echado el manto del pecado y del abuso durante siglos. Existen cientos de carpetas de investigación contra sacerdotes y otros líderes de poder. Se les acusa de todo, pero particularmente de abuso sexual contra la feligresía. Desafortunadamente esta religión aborta una cantidad impresionante de seminaristas que van alrededor del mundo predicando una doctrina que no desarrollan tal cual. Muchos de estos jóvenes salen de los sitios de instrucción con un germen de violencia que desarrollan al llegar a los sitios a los cuales fueron destinados. Son muy pocos los seminaristas o sacerdotes que logran desarrollar el verdadero espíritu cristiano.

En la Región del carbón, acá en Coahuila, hace un par de años un sacerdote fue acusado de violentar la integridad de un par de seminaristas. Con todo y que uno de ellos se echara para atrás diciendo que no era para tanto, el otro se mantuvo firme hasta que logró que el cura fuera detenido, enjuiciado y puesto tras las rejas. La justicia llega cuando se busca vehementemente.

El alma del hombre siempre tiende a buscar a dios, y es un instinto más que sano, una necesidad imperante en un mundo caótico. Qué triste es que lejos de llegar a los brazos de un Jesús prometido, encuentres un cuerpo desnudo de un monje, un sacerdote o una monja, esperando ser atendido.

Ese es nuestro mundo hoy, un mundo al cual muchas veces entregamos a nuestros hijos. Qué brutalidad es aquella en la que un líder religioso pide el deleite sexual de sus fieles bajo promesa o bendición de que es un mandato divino.

Fue sorprendente ver al esposo de una de las víctimas de Naasón gritando y deseando fuera consumado su deseo de que todo lo que le hizo a muchos niños dentro de sus templos, se lo hicieran a él cien veces más en la prisión. Una ira justificada con todo y que las normas cristianas digan que se debe de perdonar… Tú que ahora lees ¿perdonarías el que un sacerdote, un profesor, un pastor o cualquier otro líder, viole por años a uno de tus hijos? en verdad lo dudo, y si lo hicieras, dudo amaras tanto a la víctima… Adieu.

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