La pluma profana de El Markés

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“A BUS O EN TAXI”

No hace mucho, en la Ciudad de México, Fanny, una mujer policía encubierta y adscrita a la Fiscalía de feminicidios,  se hizo pasar por usuaria de taxi. Luego de varios viajes con el mismo chofer, a quien habían estado cazando para encontrarle pruebas de ser autor de una serie de crímenes, finalmente, el hombre terminó por “confesarle en confianza” toda una ola de asesinatos. Optaba por las trabajadoras domésticas con ciertas características. El destino final de las víctimas siempre era el mismo, los parajes cercanos bien conocidos por el conductor.

Durante muchos años los medios de transporte en México  han sido una verdadera pesadilla para los usuarios.

Lo que sí es cierto es que en  Bus o en Taxi, el abuso en taxi es cosa rutinaria, parte del día a día y sello de las grandes ciudades.

No hace mucho leí en una publicación en redes sociales que hasta la entonces serena y siempre apacible ciudad de Guadalajara estaba siendo teñida por la amenaza de la delincuencia. A poco tiempo de haber sido inaugurado el tren ligero en la Perla Tapatía,  los ciudadanos  ya han empezado a  quejarse de los abusos y asaltos en sus vagones. Alaban u agradecen la modernidad que mucho a ayudado a la ciudadanía, sin embargo, y por otro lado,  la violencia a comenzado a mermar la paz originaria en la que vivían los tapatíos.

Al día de hoy 8 de cada diez pasajeros en una línea cualquiera de microbús en La Ciudad de México es asaltado, manoseado, agredido o en el peor de los casos, asesinado. Lo más curioso de vivir en ciudades tan grandes como la capital del país, es que el espíritu de los capitalinos se ha enfriado tanto que ante las agresiones contra la ciudadanía, si noes que todos, sí  una gran mayoría opta por ignorar, hacerse el que no ve e ignora el abuso al prójimo. Ante la agresión a alguien todos se van, pasan de largo o continúan con sus actividades habituales. La gente camina o maneja por los periféricos ante un cadáver en el asfalto o al ver a un sujeto agredir a una dama. La frase “No me importa” o “No es de mi incumbencia” son el resultado del orgullo, del enfriamiento mortal que nos ha producido en una sociedad insensible, morbosa y apática.

Para quien sea que llegue a cualquiera de las capitales de los diversos estados del país, y que no cuenta con auto particular, el uso del taxi es una necesidad vital. Todavía hasta hace algunos años, viajar en taxi era tan seguro como hacerlo en auto propio. Los chóferes eran un fantasma. No había charla de por medio y su labor como conductores era tan serio como la del Papa en el Vaticano. Hoy al abordar un taxi el chofer se torna al momento en un asunto de vida o muerte. Su aspecto y el modo de mirarte en el espejo retrovisor muchas veces dicta si has de seguir viajando ahí o bajarte de la unidad. El servicio de taxi se ha diversificado tanto que ya existen compañías que pueden localizarse en redes sociales, cosa que, aunque pareciera más fácil, muchas veces suele ser una trampa. Hoy, en el año en el que vivimos, que es el 2022, el índice de secuestros, violaciones , asaltos y demás tienen mucho que ver con el servicio de taxi; y es que en muchas partes la delincuencia ha utilizado la todavía confiabilidad que tienen los ciudadanos en el servicio de taxi, para utilizarlos como aliados delictivos.

Hoy por hoy, el servicio de metro en la Ciudad de México y todas sus intrincadas arterias aéreas o subterráneas, son un paso seguro a ser víctimas de uno o varios delitos. En el caso de las mujeres el de ser violentadas verbal o físicamente. Muy poco de ha hecho en cuestión de seguridad en este aspecto pues hasta en las muchas  películas del cine nacional se normalizó este tipo de actividad, al grado de tomarlo como una característica clásica del mexicano. Los directores de cine y hasta cantantes urbanos idealizaron, disfrazaron e hicieron todo un sello capitalino el que los barrios de dicha metrópoli fueran así.

Si usted que lee ahora está columna es mujer, Piénselo muchas veces antes de decir sí, sí abordo este taxi, este Uber o como quiera llamarlo. Hoy la desconfianza, aunque no debería de ser así, ha colmado la vida de todos. El miedo flota por todos lados y peor todavía cuando, a raíz de los últimos acontecimientos que se han suscitado en Nuevo León en los que, mientras se buscaba el cadáver de la joven Debanhi, se encontraron otros cuerpos más, se eleva el sonido de la sirena, se enciende el semáforo rojo, se aguza el oído, se abren los ojos y la palabra precaución torna a ser la principal en nuestras vidas… ¿alarmista? Eso lo dejo a su juicio, sin embargo, nunca está de más tomar todo esto en cuenta pues, después, ya nada será  igual. Adieu.

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