La pluma profana de El Markés

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“Potosí y el arte de la desaparición”

Las palabras “Desaparecidos” y “Amber”, son dos palabras que van de la mano de un tiempo acá en un país supuestamente democrático, pero falto de seguridad. Igualmente la palabra “Seguridad” se ha convertido en uno de los vocablos más utilizados en esta nación, y se ha convertido igualmente en una palabra carísima y que ya quisieran muchos poblados de México tener.

Todavía recuerdo cuando de niño escuchaba que los grandes cárteles del narco estaban en Colombia y otros países de América. Hoy, algunas décadas después, este país, que originalmente solo era el camino, la senda o el medio para hacer llegar las drogas a los Estados Unidos, de pronto se volvió autónomo y creador de sus propios estupefacientes convirtiéndose en una empresa tan poderosa que llegó a contratar al mismísimo gobierno para convertirlo en su súbdito. En ese tramo empresarial los más inocentes y los que nada tenían que ver con ese tráfico, pasaron a ser los más dañados. De pronto el narco comenzó a utilizar niños y adolescentes para la distribución de las drogas y a las mujeres como parte de una diversión sexual. De pronto el mapa delictivo en el país comenzó a tomar tintes de violencia en contra de las mujeres al grado de que de unas décadas hacia acá, las desapariciones femeninas se han elevado a una cifra tan estratosférica que se habla de más de diez mujeres desaparecidas y asesinadas diariamente.

Como dijimos al inicio, “Desaparecido” y “Amber” son dos palabras que no deberían de existir, pero están ahí como parte de un lenguaje que aunque nos resistimos a utilizar, lo hacemos. No hay nada más horrible que normalizar el terror, el miedo la desaparición de personas, el abuso femenino y masculino, el infanticidio y otras muchas cosas más que azotan nuestro país diariamente.

De un día para otro el hermoso estado de San Luís Potosí ha saltado a la fama por ser la entidad con más conocimientos de escapismo, magia y otras expresiones fantásticas. Los titulares más recientes han sacado de la oscuridad ese estado del país del que muy pocos hablan a mas que sea de Real de Catorce y Xilitla. Sumido en una niebla de olvido y muy poca promoción turística, Potosí, siendo de enorme poder cultural perece muy lentamente, sin embargo, como si la tragedia fuera parte de una renovación, la entidad salta a la mirada de mucho al elevarse como el estado más notorio en las últimas semanas en su capacidad para desaparecer mujeres. Como un acto de escapismo, muchas de estas damas llegan a bares, centros nocturnos, fiestas, al cine, a algún centro comercial, sin embargo, no vuelven a salir de ahí, como si estos sitios tuvieran ese poder para disolverlas y enviarlas  aun universo desconocido.

Sin todavía poder digerir la ausencia de Ariadna y el recuerdo de Debanhi, se nos viene encima la noticia de que Tania, Yatzell y Patricia han desaparecido en un lejano poblado del estado de San Luis Potosí desde hace ya unos días. La resistencia que poseemos los mexicanos para tolerar los dardos encendidos de noticias como estas es mucha, sin embargo, sabemos que, como dicen las autoridades potosinas, algo mal se está haciendo en cuestión de seguridad en ese estado de la república en el que desde hace tres años, más de trecientas mujeres han desaparecido. Es escandaloso igualmente enterarse que de la década de los sesenta a la fecha, más de ochocientas personas han desaparecido en un estado en el que el nivel poblacional no es tan elevado como otros.

El crimen organizado ha tomado este estado al centro del país como uno de los bastiones más importantes en el manejo de sus negocios turbios. La desaparición de féminas se ha hecho notar a últimas fechas gracias a las redes sociales. Muchas de las jovencitas se han evaporado sin dejar rastro y las que han sido localizadas han presentado notables huellas de tortura y evidencia de abuso sexual.

Desaparecido, desaparecida, ¿Qué es eso para una madre o un padre que de pronto y luego de estar viviendo una vida normal se presenta en sus vidas? Una hija universitaria, un hijo deportista, un niño de preescolar o una madre de familia. El dolor es universal y no se le da la importancia debida hasta que toca a nuestras puertas. No existe un dolor más profundo que el de una madre que no encuentra a su hija. La vida se diluye y el dolor arrastra a una muerte prematura. Que el dolor causado por la falta de un familiar jamás toque nuestras vidas, que podamos seguir viviendo en paz, todos juntos, que la violencia causada por la guerra de cárteles nunca nos abofetee y que las sonrisas nunca falten en casa. Amemos encarecidamente y sin freno, en realidad nunca sabemos cuándo las lágrimas relevarán a las sonrisas, Adieu.

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