La pluma profana de El Markés

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“Cabeza de Vaca…

Y sus 7 pecados capitales”

Dicen que las hormigas persiguen mucho el azúcar, tan igual como la corruptela política a los dineros prohibidos. En Tamaulipas existe una empresa de chamoy en la que para su producción esta materia prima de la caña es indispensable. Esta compañía es liderada ni más ni menos que por el nuevo prófugo político de México… y es que en este país nueve de cada diez exgobernadores les gusta mucho hacerle al escapista, jugar a que piden fuero, toman un avión con destino a la felicidad, como dice la canción y a la vuelta de un tiempo y consumados sus tiempos, son atrapados y condenados. Luego aparecen enfermos pidiendo ser curados en libertad y etcétera, etcétera, etcétera, una historia tan repetitiva que los mexicanos ya hemos memorizado tan igual que las lágrimas de Victoria Rufo y los gritos de Daniela Romo como villana.

El estado norteño de Tamaulipas es un territorio que colinda con una de las naciones más poderosas del mundo. Todavía hasta hace unos años mencionar a los Estados Unidos como el más fuerte era algo innegable, sin embargo, con el paso del tiempo, las nuevas tecnologías y los nuevos rostros potenciales en cuestiones de armas, dicha nación de las barras y la estrellas poco a poco va perdiendo ese empoderamiento que lo hacía lucir como el siempre vencedor ante cualquier terrorismo, cosa que ya solo se ve en sus propias películas rodadas en Hollywood.

Volviendo al territorio de nadie que como ya dijimos se le ha nombrado como Tamaulipas, posee un enigma lo bastante extraño. No sólo ha sido un territorio codiciado por los grandes cárteles del narcotráfico, también de vividores políticos que a lo largo de su historia, se han encargado de avergonzar a esta tierra que tiene mucho de hermosa. Ni como olvidar al buen Egidio Cantú, predecesor de Cabeza de Vaca, tan descarado como insignificante. Se le ocurrió pavimentar toda una calle en una de las ciudades más peligrosas del estado y darle por nombre el de uno de los capos más poderosos. Así de sencillo se hacían escupir en el rostro esos políticos maniatados por el narco. Y es que si nos ponemos a analizar los últimos periodos de gobierno en este estado, no encontraríamos un exgobernador que pudiera decirse hizo bien su trabajo, o que por lo menos si no lo hizo, se fuera con los bolsillos honorablemente vacíos. Toda la ringlera de exgobernadores que han alzado la mano prometiendo legitimidad en sus hechos, se han ido millonarios a huir por el mundo para finalmente terminar avergonzados y prisioneros. Mencionar nombres sería avergonzar más a los tamaulipecos por haber creído en ellos, es algo así como preguntarles a los coahuilenses que estaban pensando cuando permitieron que una dupla de Moreiras los gobernara por tanto tiempo; más que nada por el terrible endeudamiento que todas sus regiones siguen pagando a gota chorreante de sudor.

Francisco Javier García Cabeza de Vaca salta a la fama delictiva como uno de los exgobernadores mexicanos con más pecados capitales en su conciencia. Las acusaciones por las cuales es perseguido son tantas que es tiempo que los ciudadanos del estado que posee una de las playas más lindas como Tampico, no lo pueden creer. El hombre, en virtud de pecador parece haber desaparecido de la faz de la tierra. Seguro no fue llevado al cielo con tanto pecado capital encima, sin embargo, de un modo u otro saldrá corriendo de su escondite como lo han hecho muchos otros. Y es que siendo realistas, ya no existen sitios infinitos ni seguros en el orbe que puedan soportar el hedor que poseen estos personajes y que no terminen por echarlos fuera.

Por el momento, el chamoyero mayor de Tamaulipas es perseguido por todo el mundo. La Interpol ha dejado ver su ficha en la que se le reclama y se le exige dar la cara. Debido a la gravedad de sus pecados, su posibilidad de llevar su caso en libertad, como lo han hecho muchos otros corruptos, en su caso no será posible.

Cabeza de Vaca es perseguido por la justicia a razón de sus actos terroristas, comerciar con personas, en especial hacer del tráfico de migrantes toda una entrada de dineros hacia sus bolsillos y claro, en la de sus colaboradores de un lado y otro de la frontera. Se dio el lujo de hurtar sin pena algunas piezas de arte propiedad  nacional; atentó y consumó el robo de la paz contra su propio pueblo, tuvo acciones de violencia sexual, confabulaciones con el crimen organizado y claro, no podía faltar, cientos de violaciones contra los derechos humanos. No sería cargarle la mano si citamos que la corrupción, el lavado de dinero y el fraude fiscal eran cosas por las cuales ya se le perseguía.

¿Qué pecado tan grande ha cometido nuestro país que parece condenado a ser mancillado por garrapatas corruptas chupándole el vigor? No lo sabemos, sin embargo, el mexicano, siendo como es, sigue creyendo en un cambio, en una esperanza. Ha sido aporreado por sexenios y con todo y eso sigue en su nobleza en que no todos son malos y que de un momento a otro emergerá algún héroe que lo saque a base de esfuerzo, como el buen Bukele al Salvador, de su miseria ancestral. Adieu.

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