SALVO
Siempre escuché en televisión que “Salvo te salva” y
sí, luego de muchos años de hacer y deshacer
terminé a salvo. Siempre fui depravado por
naturaleza, pecador por mi elección, salvo por gracia.
Y es que me causaba gracia la penuria ajena
opinando que cada uno se buscaba su propio
destino. Todo lo que tenía se lo había quitado a los
tontos, a los dejados, a los tullidos que ni las manos
metían para defender lo suyo. Siempre he sido
grande por mis propias maniobras. Nada me ha sido
regalado, todo me lo he ganado, a la mala, pero me
lo he ganado. Es ahí donde digo que nací con un
angelote para la astucia.
Llegar a donde estoy no me ha sido fácil. Tengo que
aceptar que aunque nací con el ángel de ser siempre
inquieto, tuve unos padres atolondrados que siempre
querían cortarme las alas, pararme el vuelo… “No
hagas esto porque… no hagas esto otro porque” y yo
soy de hacer y deshacer, descubrir, experimentar y si
me caigo, me levanto.
Apenas cumplí los dieciséis me fui de la casa.
Quedarme no sería una rayita menos en mi cuaderno
de notas, sería toda una página perdida. Por eso dije,
bye, adiós.
A los tres días de estar viviendo bajo un puente y
rodeado de una veintena de pordioseros, recibí la
iluminación. Todo vino por ver a unos niños
entregándole lo ganado a su amo. Pensé en Jesús,
sí, en el crucificado. Sí, sí, sí, al que según besaron
en el cachete y lo mandaron a los azotes. Recordé
que había cientos de pazguatos siguiendo sus pasos
y me acordé del Clavillazo, mi compa de la prepa que
hasta donde sabía seguía dándose golpes de pecho
ante el desprecio de sus padres.
-Aventémonos mi Clavi. Nada perdemos con
intentarlo.
-Con Jesús no se juega, Manolo.
-¡Pero si no es juego, brother, es llevarle borregos al
redil! O qué, ¿prefieres que se pierdan en la densidad
de la oscuridad?
-Pero no entiendo qué traes en la cabeza.
-Tú tienes el conocimiento, yo las ideas. Tu tienes
esa casa abandonada en El Tivoli y yo amigos que
nos ayuden a limpiarla. Es más, esos amigos míos
todo me creen y serán nuestros primeros fieles.
Todo queríamos menos un “Cristo La Roca”
“Getsemaní” “Templo Sinaí” o esos nombres que por
chotiados ya la gente ni creía. Luego de mucho
divagar optamos por “Templo del apostolado”.
Nuestros único libros de enseñanza fue el Nuevo
Testamento y erráticos echamos fuera el Antiguo.
Cuando la congregación sumó diez personas
comenzamos con la predicación casa por casa y
bendecidos con un piano hicimos que las alabanzas
fueran penetrantes y dolorosas.
En la religión, el dolor y la felicidad venden.
Prometimos la vida eterna y la salvación por gracia.
Lo hicimos así por más de siete años al grado de
creer que efectivamente la gracia de Jesús podía
salvarme. Había fundado un templo por puro gusto
siendo todo menos creyente, pero de tanto escuchar
al Clavillazo ya no sólo me la creí, también me puse a
predicar. En poco tiempo nos llenamos los bolsillos
de dinero y comencé a planear dejarlo todo e irme a
Italia, mi máximo sueño mortal.
En alianza con el Templo Emaús hicimos una
supuesta campaña de sanación en la que la
cooperación sería a favor de mejoras en el templo.
Era mi plan perfecto. Mientras todos alzaban los
brazos cantando a ojos cerrados “Señor, mira mi
contemplación”, yo ya viajaba en un taxi rumbo a la
central de autobuses. En el camino me señalé como
pecador, pero salvo por la gracia. Lo que no sabía
era que a Jesús no le había caído tanto en gracia que
yo me hubiera querido pasarme de listo
apoderándome de las ofrendas. Cuando vi patrullas
en la estación de Monclova sabía que las cartas
estaban echadas e intenté saltar por la ventanilla. Caí
de bruces, me rompí la cabeza, el brazo y se me
disloqué el fémur.
Clavillazo es un gran predicador y yo un buen
vendedor de chicles en uno de los semáforos de la
Avenida Pape. Compro bolsas de 50 pesos y le saco
150. Creo que empezaré a predicar aquí tirado en mi
petate. Mi imagen causa misericordia y por ende
dinero. Salvo te salva, dicen por ahí y mi facha de
pordioseros me salvará, de eso estoy seguro. Jesús
me ha salvado por gracia, por su gracia de meterme
el pie, accidentarme y perderlo todo.
AUTOR: JUAN DE DIOS JASSO ARÉVALO
EL VIAJERO VINTAGE
@derechosreservadosindautor




