Del incunable a la digitalización

La Biblioteca de Jalisco "Juan José Arreola", a cargo de la Universidad de Guadalajara, tiene grandes libros y archivos históricos que están en línea

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Impresos europeos, primeras ediciones americanas, códices facsimilares e incunables integran el rico acervo patrimonial de la Biblioteca de la UdeG. (Foto: El Universal)

A primera vista, la Opúscula Meditationes Invocatio Dei omnipote[n]tis Soliloquia de Agustín Aurelio, Santo Obispo de Hipona, es un libro más de entre los miles que resguarda la Biblioteca Pública del Estado de Jalisco “Juan José Arreola”, pero visto de cerca es un joya valiosa en encuadernación de pergamino; es uno de los 15 impresos incunables, editado en Venecia, el 23 de julio de 1484, salido de la imprenta de Andreas de Bonetis; un libro que ya está digitalizado y se puede consultar en línea, completo, y es uno de los tesoros de esta biblioteca a cargo de la Universidad de Guadalajara.

“Esta es una de nuestras joyas, un incunable impreso en 1484, en Venecia. Al volumen se le conoce como Opúscula, porque son 22 obras cortas de San Agustín, obispo de Roma. Aquí podemos ver sus letras góticas, los incunables religiosos en letra gótica se hacían en 42 líneas, igual que la Biblia de Gutenberg y sus hojas son elaboradas a base de algodón, por eso se conserva bastante bien; la encuadernación es del siglo XVI, su marca de fuego nos dice que perteneció al Convento de los Franciscanos de aquí Guadalajara”, afirma Celia Montes Robles, coordinadora de Tesoro y Acervo Especial.

Buena parte de los documentos e impresos del Acervo Histórico han sido digitalizados y pueden verse en su totalidad en el portal de la Biblioteca.

Entre los incunables, que son libros impresos en caracteres móviles desde los orígenes de la imprenta en 1450 hasta 1500, está también la Biblia Latina con una tabla de Gabriel Bruno y autoría de Jerónimo de Paganinis, editada por Pedro Ángel de Monte Olmo, en Venecia, en 1497; además, Sermo de passione Christi, de Guilermus Textoris y Guillaume Tzewers, editada en Estrasburgo por Martin Flach, el 18 octubre de 1490.

Más allá de los 15 incunables que en general están en buen estado, la Biblioteca también alberga otras joyas del patrimonio cultural de México. Destaca su colección de Primeros Impresos Mexicanos, Siglo XVI, que se compone de 16 monografías que representan las primeras impresiones en la Nueva España; están también sus Fondos Especiales que integran cerca de 152 mil volúmenes de libros editados entre los siglos XVII al XX; así como sus dos colecciones de Manuscritos impresos entre 1531 y1950, uno con 335 registros y el otro, el Fondo Franciscano, con 5 mil 42 registros.

“Los impresos europeos del sigo XVI son parte de nuestro Tesoro, libros con los que se fundó la Biblioteca Pública, que pertenecieron a los conventos que había en Guadalajara, cuando fue la desamortización con las Leyes de Reforma, tenemos alrededor de 2 mil 280 volúmenes de 10 países, entre ellos está el famoso Copérnico, de 1543, hasta ahorita es el único que sabemos que hay en América Latina”, dice Celia Montes Robles.

Dentro del mismo Tesoro bibliográfico destacan los 128 títulos y 166 volúmenes de la Colección de Libros de Lenguas Indígenas, elaborados principalmente con fines de evangelización entre el siglo XVI y el XX, que conservan el testimonio de 17 lenguas, pertenecientes a nueve familias lingüísticas; colección declarada Memoria del Mundo por la UNESCO en 2007.

Allí se encuentra, por ejemplo, la Doctrina cristiana en lengua mexicana, de 1578, hecha por Pedro de Ocharte, impresor de América, así como el Vocabulario de Molina, impreso por Antonio de Espinosa, que fue el segundo impresor que llegó a México.

Una historia de palabras. Hace 155 años, en 1861, se fundó la Biblioteca Pública del Estado de Jalisco y reunió los acervos del Instituto de Estudios Profesionales del Estado, del Colegio Seminario Tridentino del Señor San José, del Colegio de niñas de San Diego y conventos extintos de San Francisco, San Agustín, San Felipe, Santo Domingo, Nuestra Señora del Carmen, Nuestra Señora de la Merced y del Colegio Apostólico de Nuestra Señora de Zapopan, entre otros.

Hoy, esa biblioteca que en 1925 pasó a formar parte de la Universidad de Guadalajara y que desde 2001 lleva el nombre de Juan José Arreola, es uno de los recintos con mayor riqueza en patrimonio documental y cultural de México. Lo confirma Alejandro Solís, coordinador del Archivo de la Real Audiencia de la Nueva Galicia que se compone de 18 mil documentos.

“Este archivo no solamente es importante para los jaliscienses sino para el norte de México y el sur de los Estados Unidos, 98% de los documentos los tenemos digitalizados, la idea es que ya no se manejen los documentos físicamente, sino que sean de manera digital en sus cuatro grandes ramos o grupos documentales: civil, criminal, fiscal y el llamado Bienes de difuntos, que tiene como particularidad que son solamente documentos de españoles, porque la Corona se preocupaba por aquellos españoles que morían en la jurisdicción de la Audiencia y que no dejaban testamento y se interesaban por ver si tenían parientes en España”, comenta Solís.

El documento más antiguo data de 1549 y el último de 1821, cuando se declara la independencia de México.

La Biblioteca Pública que desde 2012 está ubicada en su nueva sede, en el Centro Cultural de la Universidad de Guadalajara, en un bello edificio construido ex profeso, diseñado por el arquitecto Federico González Martínez. Tiene un acervo general de 38 mil volúmenes, una colección de recopilación de Leyes de Indias, posee también más de mil 500 biblias en diferentes idiomas; 196 códices facsimilares y además de colecciones donadas por próceres de Jalisco, acaban de sumar una rica colección de medicina, con libros desde 1600 hasta mediados del siglo XX, que supera los 3 mil 600 volúmenes.

Publicaciones periódicas. La Biblioteca Pública del Estado de Jalisco “Juan José Arreola” cuenta además con un rico acervo hemerográfico conformados por periódicos y revistas desde el siglo XIX hasta la fecha. Blanca García, coordinadora de la Hemeroteca, asegura que la publicación más antigua que tienen es el Seminario Patriótico de 1808, que se imprimió originalmente en España y se hacía una reimpresión en Guadalajara “como para mantener informada a la gente de qué es lo que estaba pasando en esos momentos en España. Tenemos también varias gacetas, entre ellas la Gaceta de Guadalajara, y el Defensor de la Religión, de 1827, este periódico es totalmente católico para defender al catolicismo y para educar conforme al catolicismo”.

Pero también está, dice García, La chispa, de 1868, un periódico totalmente liberal, incluso en uno de los preceptos, dice, que solamente gente liberal podía imprimir o mandar para que se imprimiera dentro de sus páginas. “La mayoría son bisemanales, dos veces a la semana, excepto La República, que ese ya era diario”.

En la Biblioteca de Jalisco también hay ejemplares de El Imperio, que junto con El País son de los periódicos más representativos “porque se publican durante el Imperio de Maximiliano y dentro de sus páginas, en la parte de abajo, de los dos periódicos, vienen entregas de gramática, no solamente francesa sino de otros países, también viene la entrega de novelas por capitulitos. El imperio además tuvo como tres años de vida y El País como siete u ocho”.

Pero sin duda, uno de los más emblemáticos es La República, un ejemplar de 1915, cuando Pancho Villa toma Guadalajara. “La República es un periódico villista y como no tenían papel dónde imprimir, se imprime en papel de china, esa es la característica, a parte de que es villista el ‘periódico’”, dice Blanca García; aunque generalmente se trataba de hojas sueltas que en algún momento la biblioteca decidió encuadernar, pero la mayoría están en números sueltos.