“Alegoría de la miseria”

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 Hace muchos años y frente a sus más fieles colaboradores, Stalin, uno de los más grandes dictadores de la historia nos dejó una gran lección que hoy y para nuestra propia vergüenza, se nos amolda a la perfección.

Se dice que en una de sus famosas reuniones con sus más allegados quiso explicarles cómo funcionaba el socialismo. Mandó traer una gallina y ante la vista atónita de los presentes, la fue desplumando ignorando el dolor causadoal pobre animal que, entre sangre y cacaraqueo intentaba escapar de su opresor. Finalmente la dejó en el suelo y ésta corrió en busca de salvación, pero sólo fue por un momento porque de su bolso y sin esperarlo nadie, el dictador sacó un puño de maíz que arrojó al suelo dejando para sí una buena parte. Al ver el alimento a su alcance, la gallina pareció olvidar la tortura previa abocándose a ir tras el grano. Cuando se lo hubo terminado, miró arriba aguardando un poco más. Sin satisfacer a plenitud el hambre del animal, mandó echarlo fuera. Miró entonces a los presentes y con mirada fría y desafiante expuso:

“Así de fácil se gobierna a los estúpidos ¿Vieron cómo me perseguía la gallina a pesar del dolor que le causé? así son la mayoría de los pueblos, persiguen a los gobernantes y políticos a pesar del dolor que les causen, por el simple hecho de recibir un “regalo” barato, una promesa absurda, o algo de comida para unos días para sobrevivir”.

Lea y avergüéncese, porque es real. Por sexenios nuestros gobernantes se han puesto un poquito de alpiste (porque ya ni siquiera maíz) en la palma de su mano para que el pueblo, que debiera vivir con holgura debido a la enorme riqueza natural que colma al país, coma a picotazos.Como cerdos y por muchos años nos hemos acercado trompeando los desperdicios que nuestros criadores nos han dejado en sucias y pestilentes viandas. Nos han dado ya no de lo bueno, sino el puro desperdicio, el sobrante que a ellos se les ha caído de la mesa.

Es vergonzoso, penoso tan sólo con leerlo. Porque por sexenios hemos esperados afuera de la fiesta, sí, afuera del salón de eventos aguardando que la comilona se acabe para poder asomar las narices y solicitar algo “pa llevar” o comer como los meseros, en la cocina y donde nadie los vea. Cuando los invitados comienzan a retirarse, empezamos asomarnos como los perros, curiosos y olisqueando esperanzados con encontrar algo para nuestro agonizante estómago. Ya lo sabemos, y de sobra, sí, que después del festín quedan los huesos medio revestidos de carne. Es a esos sobrantes a los que hemos aprendido a agarrarle gusto, ¡pero qué gusto!

Meneando la cola y dando de brinquitos sólo nos resta aguardar a que alguien se ocupe entonces de ir afuera para dejarnos los “huesitos”. Apocados y temerosos nos acercamos, siempre inseguros y con las orejas gachas. No sabemos si recibiremos una mísera caricia o un puntapié.

Cuánta felicidad se denota en el rostro de muchos mexicanos que al ser compelidos a votar por tal o cual partido político, se sienten con el derecho de recibir mes a mes una despensa, una bolsa con artículos que vale su nobleza, que es el precio de haber emitido un voto obligado y jamás sincero.

Por muchos sexenios una despensa ha sido el símbolo de la humillación. Una despensa en justamente un poco de garbanzo a la gallina hambrienta. Cuántos mexicanos hemos vividos desplumados por el gobierno, pero que apenas anuncian apoyos, vamos que corremos a anotarnos para recibir un tantito de maíz.

Existen bodegas llenas de alimentos no perecederos y artículos de limpieza que en su momento fueron recaudados para el beneficio de personas afectadas por desastres naturales. Almacenes llenos de muebles proveídos por el gobierno para personas que en sismos, inundaciones o tornados perdieron todo, pero jamás llegaron a su destino.

Ya lo dijo Stalin, así de fácil es gobernar a los estúpidos.Pégame, pero no me dejes, dicen en mi pueblo algunas mujeres que pese al maltrato, se niegan a cambiar el rumbo de sus vidas permitiendo la violencia. Róbame, jódeme, súbeme los impuestos, privatiza todo lo que se te venga en gana, pero por favor, no me dejes sin mi despensa mensual, no me dejes sin mi tinaco y mucho menos me quites mi apoyo social. Migajas, sobras, desechos, restos, llámele usted como mejor le venga en gana, pero esta alegoría de la miseria igual me puede a mí que escribo como a usted que ahora lee.

¿Se nos amolda la alegoría de Stalin? Eso es seguro. ¿Culpas? Ni a quién echársela porque elerror siempre será del que ha dejado en manos ajenas lo que sería su propia decisión. Adieu.

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