TEXAS.- Texas podría elegir el 3 de noviembre a una gobernadora demócrata por primera vez desde que Ann Richards dejó el cargo y poner fin a una continuidad republicana que ha marcado la vida de varias generaciones. La actual candidata demócrata, Gina Hinojosa, intenta convertir el encarecimiento de la vida, las dificultades de las escuelas públicas y el descontento con Greg Abbott en una mayoría electoral.
Richards dejó el gobierno el 17 de enero de 1995, después de perder frente a George W. Bush. A éste lo sucedieron Rick Perry y Abbott, quien gobierna desde enero de 2015 el estado, donde no hay límite a los mandatos de gobernadores.
Ahora, Abbott va por su cuarto periodo; sin embargo, no tiene fácil la victoria frente a Hinojosa, una mujer que nació y creció en el Valle del Río Grande, estudió en escuelas públicas de Brownsville y se formó como abogada de derechos civiles y laborales.
Su entrada a la política estuvo vinculada con el posible cierre de la primaria de su hijo. De acuerdo con su biografía, Hinojosa organizó a los otros padres de familia y eso la llevó a la junta escolar de Austin, que posteriormente presidió y desde 2017 ocupa un escaño en la Cámara de Representantes de Texas.
“Su candidatura ha adquirido una fuerza especial porque los problemas que denuncia y señala no son exclusivamente de los demócratas; muchas familias de republicanos lo están padeciendo también”, dice a EL UNIVERSAL el especialista en liderazgo Ignacio Rodríguez.
Abbott hizo de los subsidios para la educación privada una prioridad, algo que ha sido criticado por el electorado por su costo.
Hinojosa propone derogar el programa de subsidios privados y aumentar el respaldo a la educación pública, aunque para lograrlo, explica Rodríguez, “necesitaría votos legislativos que una victoria en la gubernatura no le garantiza porque el contrapeso de la mayoría en el Congreso local seguramente será republicano”.
Hinojosa ha recibido muestras de apoyo incluso de republicanos como Ashleigh Johnson, madre de familia de Grapevine-Colleyville. “Creo en valores conservadores, que suelen significar menos control gubernamental y siento que nuestro estado se ha convertido en lo contrario”, afirmó. “Hinojosa necesita a personas que mantienen sus convicciones republicanas, pero consideran que Abbott dejó de defender sus intereses”, dice Rodríguez.
La encuesta de Emerson College realizada del 12 al 14 de septiembre muestra que para 36% de los texanos, el principal problema es la economía, por encima de la inmigración, educación y salud.
Hinojosa propuso entregar mil 500 dólares a cada hogar mediante una extracción de 17 mil millones del fondo de la reserva estatal. “Mi agenda es poner dinero en tu bolsillo, los texanos saben cómo gastar el dinero mejor que el gobierno”, declaró el 7 de julio. La medida requeriría el aval legislativo y reduciría los recursos disponibles para otras contingencias, pero el atractivo electoral es evidente.
Abbott propuso abaratar el seguro automotor en Texas. “Pero todo lo que ofrezca Abbott tiene un alto riesgo: al pedir otros cuatro años, queda expuesto a que los votantes le reclamen por qué esas soluciones las propone hasta ahora, después de casi 12 años de gobierno”, señala Rodríguez.
Las encuestas registran una competencia mucho más estrecha que la tranquilidad sugerida por décadas de victorias republicanas. YouGov dio a conocer este jueves una que coloca a Hinojosa con 48% de intención de voto, contra 47% de Abott. Emerson situó a Abbott con 49% y a Hinojosa con 46%; según el sondeo de ReconMR, ella tiene 49% de intención de voto, contra 45% de él. Hinojosa aventaja en temas para enfrentar los precios y administrar el agua, mientras Abbott conserva ventaja en seguridad fronteriza y protección de los habitantes.
Esa confianza fronteriza está vinculada con una política que afecta directamente a los migrantes y sus familias: Abbott ha utilizado policías estatales, efectivos de la Guardia Nacional y barreras físicas mediante la Operación Estrella Solitaria, iniciada en 2021. En junio solicitó al gobierno federal reembolsar gastos y sostuvo que Texas había destinado más de 10 mil millones de dólares durante la presidencia de Joe Biden; su continuidad mantendría al gobierno estatal como un aliado activo de la política migratoria de Donald Trump.
La presión también alcanza a los gobiernos municipales; Houston modificó una ordenanza que limitaba la cooperación policial con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE), después de que Abbott amenazara con retirar 110 millones de dólares en subvenciones. Hinojosa ha cuestionado el uso del financiamiento de seguridad para obligar a las ciudades a cambiar sus políticas migratorias; para una familia indocumentada, esa diferencia puede influir en lo que ocurre después de un encuentro con la policía local. “Cambiar a una gobernadora demócrata podría modificar esas presiones estatales contra familias de migrantes”, subraya Rodríguez, aunque las autoridades federales conservarían sus facultades para seguir actuando por su cuenta como hasta ahora.
En todo caso, un triunfo de Hinojosa no bastaría: los republicanos conservan 88 escaños frente a 62 demócratas en la Cámara estatal; los demócratas necesitan una ganancia neta de 14 para alcanzar los 76 de la mayoría, un logro que parece difícil.
Wendy Davis, la demócrata derrotada por Abbott en 2014, considera que el descontento actual ofrece una oportunidad a Hinojosa. “Creo que tiene una posibilidad real de derrotarlo y, sinceramente, creo que él también lo cree”, declaró. Hinojosa todavía debe reunir suficientes votos para demostrarlo; necesita movilizar a sus simpatizantes y conservar el respaldo de independientes y republicanos inconformes. Si lo consigue, Texas volverá a tener una gobernadora demócrata después de una generación completa de predominio republicano.
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