Sube a 30, las niñas muertas por incendio en Guatemala

El centro de menores Hogar Seguro llevaba años siendo denunciado por violencia física y sexual contra los adolescentes. Este miércoles, 30 niñas murieron quemadas en una protesta.

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Foto: Agencia

GUATEMALA.- El centro guatemalteco Hogar Seguro Virgen de la Asunción, en San José de Pinula, se supone que debía ser un espacio para el cambio, para resolver los problemas que muchos adolescentes tienen en el país para buscar un desarrollo personal y sobre todo, un lugar alejado de las bandas juveniles.

Sin embargo, el centro ha sido denunciado por ejercer violencia física, sexual, por ser un santuario para pandilleros, por encubrir asesinatos y, este miércoles, por convertirse en un infierno para 22 chicas que se quemaron en un motín con el que querían llamar la atención por la pesadilla en la que vivían. Otras ocho han fallecido en las últimas horas, elevando el balance de víctimas mortales a 30.

Esta casa de los horrores lleva años siendo investigada pero ninguna autoridad ha tomado la decisión de cerrarla. Aparentemente es como un correccional, con cámaras de seguridad y un alambre de púas que rodea el recinto.

Los medios del país han venido criticando el hacinamiento al que se somete a los menores. La Secretaría de Bienestar Social reconoce que, aunque en el Hogar solo hay capacidad para 400 internos, en octubre de 2016 había ya 748 niños, niñas y adolescentes, muchos con discapacidad física y mental.

El periódico guatemalteco La Hora publicó hace meses fotos de menores durmiendo en el suelo o compartiendo una simple colchoneta para descansar por la noche, mientras que la Procuraduría de los Derechos Humanos cree que la desaparición de menores de estos muros no se debe tanto a intentos de fuga como a la actuación de bandas organizadas de tráfico de personas.

“Es un goteo de desapariciones”, reconocen los responsables de la Procuraduría. Como la del pasado mes septiembre, cuando 31 niñas de entre 14 y 17 años desaparecieron en una huida. “Hay testigos que creen que se fueron con unos hombres”, aclaran.

Y es que las menores no tenían muchas opciones. Hay denuncias de que un monitor del centro las obligaba a boxear entre ellas y con él. Tanto chicos como chicas han sido violados en las instalaciones. El trato era vejatorio y las palizas continuas.

“Nos ponían a hacer ejercicios tipo militarizados, nos trataban como reos. Nos ponían a caminar arrodillados y con cosas en la espalda. Eran demasiado estrictos, nos sacaban a un campo grande que está ahí, nos quitaban la ropa y nos ponían a correr desnudos. A media madrugada nos tiraban agua fría”, explica a La Hora Raúl, uno de los menores que se escapó del centro el año pasado.

Los testimonios que han ido recogiendo las autoridades aclaran que “aparentaban cuando había visitas pero cuando la gente cruzaba la puerta todo volvía a ser igual”.

Después de comer, según cuentan los testigos, los monitores obligaban a los menores a rodar, “hasta que nos provocaran náusea y vomitábamos”.

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