La pluma profana de El Markés: “¡¡ Estamos Perdidas!!”

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“¡¡ Estamos Perdidas!!

Mientras que un par de divertidos transexuales bromeaban en una jocosa situación y que a la postre se convirtiera en un video lo bastante viral en redes sociales, ese grito a despoblado y en medio de la nada se ha convertido en un ¡¡Estamos perdidas!!de muchas mujeres que han sido, primeramente privadas de su libertad, y en segundo, de su vida.Hoy, con la realidad encima y con una estadística muy escandalosa, todo esto no tiene nada de comedia.

Cada día las redes sociales están teñidas de manifestaciones, marchas o quejas en favor de tal o cual mujer, que sin importar la edad se encuentra extraviada. Por otro lado está igualmente el abuso físico y verbal en casa, en las calles o hasta en centros comerciales. El abuso no siempre viene de extraños, como podríamos imaginarlo, al contrario, viene de personas de la misma familia, cónyuges, padres o hasta hijos.

Mientras que Jimena Berenice, de tan solo quince años supuestamente sigue viva y publicando en sus redes sociales, Olivia Silva quien fuera reportada como desaparecida desde principios de abril, finalmente fue encontrada violentada y asesinada en su propio auto. Una cosa llevó a otra en cuestión de horas. Ambas de la Ciudad de México se suman a esa enorme e infinita lista de mujeres que por una u otra razón son violentadas y llevadas a un final que nadie desea. No hace mucho tiempo, Victoria fue una mujer que igualmente fue agredida por servidores de seguridad pública en Tulum, Quintana Roo. Hoy el veredicto médico arrojó que la oficial que la sojuzgó le rompió la columna vertebral.

Hoy México se perfila como una de las naciones con más explotación sexual. La categoría de feminicidios también lo coloca como uno de los favoritos. Con todo y que el gobierno sabe que Tlaxcala es el estado de la república en el cual reinan los proxenetas en total impunidad, nunca se ha hecho válida una reforma, una ley o un código penal que castigue a tales individuos. Claro, no faltará quien diga que existe una ley y hasta citarme santo y seña, sin embargo, México está inundado de doctrinas muertas. Existen en documentos, existen textos originales que dictan la presencia de una ley, pero sólo es eso, una existencia muda pudriéndose en un archivo.

Por otro lado, México es uno de los países predilectos para la trata de blancas. En diversos operativos sorpresa que se han verificado en ciudades como Monterrey, Guadalajara, Puebla o La Ciudad de México, se ha encontrado una cantidad importante hermosas mujeres asiáticas, holandesas, finlandesas y de otras nacionalidades. Entonces viene lo segundo y más interesante, el teje y maneje entre los encargados de ejecutar la justicia y los violadores de ésta. Entonces todo vuelve a la normalidad. Las chicas permanecen en territorio mexicano, continúan profesando el oficio más antiguo del mundo y siguen siendo explotadas al amparo de un gobierno frágil, un gobierno de selección que sólo castiga o sólo pone en acciones ciertas leyes ignorando otras.

Así el ambiente turbio de corrupción y perfectamente narrado por Lidia Cacho en su grandiosa novela “Los demonios del Edén”, nos muestra una realidad nacional que nos embarga como una densa bruma llenándolo todo.

Nadie desconoce que dos de cada diez casos de desapariciones son resueltos, el resto queda archivado, empolvado y sacado a luz cuando la fuerza de la unidad y la presión impuesta por la sociedad obliga a hacerlo. Es por ello que ha tomado mucha relevancia la guerra feminista que a últimas fechas ha llenado las calles de las grandes ciudades. A sido a causa de la fuerza de la colectividad lo que ha causado que el gobierno haga una pausa, voltee un poco el rostro y tome en cuenta todo eso que es mucho más que una revuelta femenina, mucho más que un rayón en las paredes o mujeres desnudas exigiendo ser escuchadas.

¡¡Estamos perdidas!! Es una frase que debería preocuparnos. Qué fácil es ser ciudadano espectador, sí, esta clase de persona que viendo no hace nada porque en su escaso cerebro revolotea la frase “No es mi problema”. No es nuestro problema hasta que alguien toca lo nuestro, entonces ahora sí se convierte en algo nuestro y ante lo cual reclamamos justicia… ¡¡Estamos perdidas!!, gritan ahora mismo y mientras usted lee esta columna, sí, allá, muy cerca de las maquiladoras donde alguna jovencita es despojada de su bata de trabajo y es abusada por algún malviviente que la estuvo cazando desde días anteriores; ¡¡Estoy perdida!!, gime otra pequeña al ver a su tío acercándosele por sexta ocasión para hacerle tocamientos… y así, aquí y allá el clamor de las mujeres de cualquier edad se reproduce como una maldición, una maldición que nadie puede parar más que sólo usted que ahora lee o yo que ahora escribo. Sordos no somos, escuchamos mucho más que un elefante. Conocemos nuestro entorno, nuestra comunidad. Sabemos dónde están los focos rojos, seamos vecinos vigías, centuriones cuidando lo nuestro, sólo así podremos auxiliar, acallar y finalmente acabar con esas expresiones de clamor pidiendo de nuestra ayuda. Adieu.

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