La pluma profana de El Markés

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“¿Y su esencia?”

No hace mucho me topé en el  aeropuerto de Monterrey a un muy amigo mío que por meses había vivido en los Estados Unidos. Su condición migratoria era complicada pues había decidido permanecer en tierras de Hollywood por más tiempo de lo permitido. Ser estilista lo llevó a colocarse en muy poco tiempo en un favorito de la cuadra. Lo que había aprendido en México lo aplicó tan bien en Los Ángeles, que su posición económica fue a muy bien en muy poco tiempo. Entonces aquí surge el demonio de la envidia y se subraya el dicho de que no hay nada más peor para un mexicano en los Estados Unidos, que otro mexicano, y más si es un resentido que ha fracasado. De un día para otro y a punto de cumplir un año en tierras de California, mi amigo fue tomado preso por migración y encerrado en una incómoda prisión. Con el paso de los días se enteró que Braulio Zapata, un jornalero recoge tomates, que tenía más de diez años allá, se había enterado que su primo recién llegado estaba haciendo muy buenos dólares. Ni dudó ni un poquito en poner en alerta a migración y con todo y que él ya no tenía pendientes con migración, le pudo mucho que el primo fuera mucho mejor que él, o por lo menos él así lo sentía.

Cientos de miles de mexicanos han migrado a los Estados Unidos. Muchos son solidarios con quienes llegan nuevos por aquellas tierras, pero hay otros que son terriblemente traicioneros y mala sangre. Les hacen la vida difícil y hacen cuanto está en sus manos para que vuelvan derrotados. Muchos son los que fingen llevar una vida de placeres en USA cuando la realidad es que las deudas los atosigan y vienen a México con camioneta prestada y ropa de paca. Así de cruda es la realidad de un mexicano creyéndose ser parte de un país que a las primeras de cambio y si eres joven te dará permisos y hasta residencia si te vas a la guerra y vuelves cojo.

Esta semana han peloteado tanto nuestro orgullo de mexicanos, que por ardidos, adoloridos y despechados, hemos hecho hasta lo imposible porque los culpables paguen hasta el postrimero centavo de la deuda. Queremos que sufran, lloren y se traguen hasta la última gota de la sangre que derramarán en el calvario de su derrota. No hemos dado tregua, ni un minuto, a que estos aporreados jovencitos de lengua suelta y espíritu liberal agarren aire, den un respiro y tengan aunque sea un poquito de capacidad o tiempo de réplica. Tan vapuleados están que se han negado a dar entrevistas y ahora, como cachorrillos espantados, solo se asoman al exterior para ver cómo va la cosa, pero lo cierto es que la situación los ha rebasado convirtiéndolo todo en un monstruo tan poderoso que no les quedó de otra que dar la cara.

Si lográsemos interpretar los gestos, ademanes y otras expresiones corporales, no nos costaría mucho trabajo saber que fueron impelidos por su casa disquera a que arreglaran el mierdal que habían hecho y que claro, perjudicaría el mercado de su nueva música. Su presencia en redes sociales, intentando contentar a una turba humana que, no deseaba explicaciones, sino un deseo muy profundo porque se fueran y no volvieran más, fue perturbadora. Entonces comenzaron las cancelaciones de boletos para lo que sería su gira por México.

No sé cuantas líneas llevo hasta ahorita, sin embargo, la gran mayoría, sino es que todos, han logrado identificar de quién hablo, sin mucha dificultad. Y es que Yahritza y Su Esencia lograron posesionarse como unos de los grupos musicales noveles en pasar a la historia, no como los mejores cantantes, sino como los que agarraron del cuello a sus fans, los azotaron contra el suelo, los escupieron y los arrojaron encima de las heces fecales de los cerdos al declarar que muy poco de México les agradaba. Y es que en México podremos ser fan hasta de un grupo de monos tocando cumbias, pero si ese grupo de simios nos hiere en el orgullo, somos capaces absolutamente de todo, hasta de acabar con la carrera más encumbrada de cualquier artista.

Mientras existan naciones, diferentes tonalidades de color en la piel, distintos idiomas e ideologías, existirá el racismo, el abuso, el creerse superiores unos que otros.

La cosa es muy clara, Yahritza y su grupo sólo tienen una esencia, y esa condición es la que evidenciaron frente a las cámaras y ante ese conductor que tratando de ser ameno, igual compartía risas y burlas. Esa esencia es la falta de empatía hacia quienes siguen su música y que sin importarles nada, tenían ese deseo de seguirles hasta donde fueran. Su esencia es herir, maltratar y creerse superiores.

En resumidas cuentas esa agrupación musical de aspecto prehispánico tiene su esencia y es el claro espejo de lo que son muchos hispanos en los Estados Unidos, groseros, altaneros, miserables y de alma rubia y cuerpo oscuro. Adieu.

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