La pluma del viajero

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-¡Tas pero bien sonso si crees que me voy a ir a jalar a los yunaites nomás pa eso!
-Pos si un día nos lo prometimos, Tino. Acuérdate. Dijistes, “Apenas nos salgan
pelos y nos vamos pa Jiuston a barrer dólares y ayudar a los viejos” hasta nos
perjuramos por la virgencita.
-Pos sí, pero hagamos lo que hagamos los jefitos ya nomás ni se darán cuenta,
míralos Tulio, ya jodidos y olvidadizos de todo. Ya ni nos sirven pa nada.
-A qué canijo, pero es nuestra jefita, nuestro apá, no hable así nomás a lo burro.
Uno tiene qué quedarse y ahora que el tío Yayo te invitó, tómale la palabra.
-¡Vámonos los dos!
-De aquí no me muevo, ya te dije. Era de ir, ganar y volver. Tú quieres abandonar
y así no.
-Pos yo me voy y no te prometo nada, Tulio.
-No sabes hacer promesas, vete si quieres.
Y Constantino, Tino, mi hermano mayor lo cumplió. Y se fue olvidándose de
nosotros sin saber que a las tres semanas mamá me diría que tiempo era de
entregarme lo que me correspondía por haber demostrado lealtad hasta el último
momento.
Desdentada y enclenque me habló de papá y sus esfuerzos. De las razones por
las que a ella nunca le habían interesado más las riquezas que vernos convertidos
en buenos hombres.
-Pero, mamá, vivimos penurias… ¿Entonces sufrimos en balde?
-Tulio, eres el menor y el mas sabio. Tu padre me dijo: Le dejaremos todo al más
pensante, al que tenga humanidad, no al que se crea serlo.
Tu hermano se ha ido, nos ha llamado basura por viejos sin saber el dolor que sus
palabras me causaban. Ahora toma. Toma esto. Las propiedades que están en
Atlixco son muchas, las de Zacatlán otras tantas. Tienes cerebro, hijo, viaja y vive
feliz. Te lo has ganado.
Perturbado salí de casa, trepé el cerro de las Tórtolas y comencé a gritar:
-¡Tino, Tino, vuelve tino!
Pero el eco nomás se embarraba en las jorobas de las lomas. Me eché a llorar
porque ahora estaba solo. Constantino era mi mundo. Con él corría monte
adentro, nos bañábamos en la cañada y hacíamos cuánto queríamos porque
nuestra vida era vivir en Toluquilla.

“Piensas quedarte para siempre aquí, Betulio?Papá está en huesos y mamá
nomás nos mira desde la mecedora. ¿No te cansas de nomás estar cosechando
pa ellos?
-Pero, Tino, no había pensado en eso porque hacemos lo que debemos.
-Tas pero bien tarado, Tulio. Yo voy a aprovechar que tío va con los güeros.
-No te vayas, Tino, por favor.
-Me voy, tío nomás me pide dies vacas y nosotros tenemos treinta. Los viejos ni
cuenta se darán.
-¡Eso es robar, Constantino, se te va a secar la mano! ¡No robarás nos dijo el
padre Tachitas, en la misa!
-Ese cura es más bribón que el mismo Chamuco… ¿Y cuando lo vimos
sopleteándole la chancla a la Chuza? ¿Eso no es pecado? Abre los ojos, no se me
atonteje, ¡Vámonos, Tulio, dejemos a los viejos morirse solos, nadie los echará de
menos. En unos meses volvemos, los enterramos si es que los animales no se los
comen antes y vendemos lo poquito que hay.
-¡Cállate, Tino, te desconozco!
-¡Ay, ay, te desconozco! ¡Qué mariquita me salistes!”
No le pedí opinión a nadie y aún cuando apenas tenía 18 años sabía defenderme.
Viajé a Tonila y no tuve problemas para vender las tierras allá. Supe invertir y
transformar frente a una madre que no metió mano ni palabra. Sólo veía como las
cosas iban cambiando y así nomás como así me la llevé al Tunal, el pueblo más
bonito en el que compré una hermosa casa de amplios patios. El Tunal siempre
está brillante. La gente pasea por las tardes y el mercado lleno. La bonanza existe
y también la gente buena.
Todos los domingos saco a mamá a la plaza de Las Glorias y la dejo ahí
platicando con otras mujeres ancianas. A ella le gusta, más ahora que tiene
dientes nuevos y cabellos peinados. Luce un par de anillos de la bisabuela que le
mandé pulir. El camafeo en su pecho protege las fotos de sus papás, mis abuelos
Cosme y Lucita.
El rancho del que salimos lo convertí en un parque y cobro unos cuantos pesos la
entrada. Puse juegos y paseos a caballos. Peyito, el tuerto que antes pedía
limosna, es el que se encarga de él. Todos lo creían tonto, pero sólo le faltaba una
oportunidad. Es leal y honesto, por eso le mandé hacer una cabañita junto al
parque.

-Tío Yayo nos engañó, Tino.
-¿Nos?
-Acuérdate que habló con los dos.
-Pero sólo tú lo escuchabas porque desde que lo propuso yo me puse mierda de
pájaro en las orejas… ¿bueno y qué quieres?
-Ora tú, ¿Por qué me hablas golpeado? ¿Ya no me quieres como antes?
-¿Te burlas de mis aprecios? No seas cagao pa hablar.
-Bueno, déjame echarles una disculpa a los viejos… ¿Qué hay de comer? Dicen
del otro lado de la montaña que vives bien.
-Mamá y papá viven junto al lago de las almendras.
¿No viven contigo? Caray, supistes hacerlo, a puras trampitas los pusistes lejitos
pa no seguir oliendo sus suciedades, porque apestaban feo ¿Te acuerdas?
Y de un solo golpe en el pecho lo tumbé al suelo. La caída le hizo tal chichón y
ranura en la cabeza que comenzó a sangrar.
-Están en las Almendras enterrados. Mandé hacer un cementerio ahí y se limpia
todos los días. Aquí tus disculpas no valen, Tino. Mal hermano no soy, porque
hasta eso me enseñó papá. Recuerda que nos decía que nunca nos dejáramos de
ver. Tú te fuistes porque quisistes.
-Pero no tengo a dónde ir.
-Aquí hay tierra, te la ganarás. ¿Quieres casa? La construirás. Igual la comida y
todo lo que quieras tener te la ganarás. “Honra a tu padre y a tu madre para que
te vaya bien y tengas larga vida” eso nos decía el padre Tachitas… ¿Y sabes qué,
Tino? Si le metía mano a la Chuza o no, allá el y sus cosas, me quedo con lo que
me corresponde y tú, si quieres vivir aquí, harás lo que te corresponde. Soy tu
hermano, te quiero y todo, pero hay que trabajar.
-Suenas payaso, pero bueno.
-Arrearás las cabras por un año y en el segundo ordeñarás. Aquí no es Jiuston ni
hay billetes verdes, pero sí mucha vida, alimento y gratitud por lo que Dios nos da.
Te juistes quince años, ahora recupéralos con todo y dignidad. Cada día trágate
tus palabras contra nuestros padres y si la virgencita te perdona, pues mira qué
bien, porque será el único pecado por el que seré condenado, el no perdonarte el
que intentarás dejarlos morir, así que échale pues, a darle.

Tino se me murió a los cincuenta años por una mordida de víbora, pero siempre
supo que mis palabras eran pura baba de vaca. Lo recibí en casa y al mes ya
convivíamos como siempre. Muchas veces lo atrapé llorando en la tumba de
nuestros padres. Lo supe arrepentido y la realidad era que nosotros no éramos
malos. O será que intento justificar a Tino porque en realidad estábamos
desesperados. Pero qué valor de nuestros padres de sufrirlo todo para ponernos a
prueba.
Dicen que presumir algo es malo, pero yo presumo de haber amado y cuidado a
mis padres desde siempre. Igual cuide de mi hermano aunque fuera el mayor.
Autor: JUAN DE DIOS JASSO ARÉVALO
EL VIAJERO VINTAGE
@derechosreservadosindautor.
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