Opinión: La pluma profana de El Markés: “Mariana”

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“Mariana”

Mariana no es ni será jamás un caso aislado, mucho menos
parte de una simple estadística que indica que estas cosas que suceden, es algo
normal en una sociedad en la que el patriarcado sigue siendo y será por
siempre un estandarte.
Luego de la muerte de esta pasante de medicina en Ocosingo, Chiapas,
vino lo que siempre sucede cuando una mujer, cualquiera que sea su edad,
perece a manos de una persona que es superior en fuerza física o ventaja que
ella, esto es, marchas gritando ¡Ni una más! ¡Todos somos, Lucía, Sofía o
Mariana! Y otras muchas expresiones más de querer decir que estamos
dolidos por lo que sucede.
Hoy nuestro país está parasitado de envidia, deseos impuros y
corrupción. El hombre va en busca del sexo y si se le da fácil lo toma. Pasa lo

mismo con aquellos que ante la imposibilidad de lograr algo a base de trabajo,
toma lo que no ha laborado, lo que no ha producido por inteligencia propia
sino de otro. Existen millones de personas que en silencio miran el progreso
ajeno mientras sus bisagras se oxidan, mientras su rencor los convierte en
piezas bajo el mar recubiertas de herrumbre… ¿y qué decir de la corrupción?
¡Por Dios!, a diestra y siniestra todo está embadurnado de eso a lo que le
apostamos porque nos facilita la vida o conviene a nuestros intereses.
Mariana no era otra que tú que ahora lees o yo que escribo. No era otra
que un ser humano viviendo en este tiempo y con una sola idea, realizar su
servicio social en esa tierra donde encontró una oportunidad para hacerlo y
ya… ¿Qué pasó entonces?, sí, eso, una aberración llamada hombre que la miró
un día, que se le hizo guapa un día, hermosa otro y deseable el otro. Al cuarto
día ya se había creado una idea en su mente y corazón haciéndole saber y
creer que esa chica podría o debería ser de su propiedad… y lo fue. Lo fue,
pero muy en contra de la voluntad de una mujer que tras de ser violentada una
y no sé cuántas veces, jamás fue escuchada por una autoridad que enterada
estaba de todas aquellos desafíos por los que pasaba esa chica con sueños, sí,
con sueños como los tuyos o como los míos. Sueños de ser alguien en una
sociedad que sabía un día requeriría de sus servicios médicos.
Mariana no será jamás un caso aislado, mucho menos parte de un
simple inventario que indica que es estándar en una sociedad en la que el
machismo sigue siendo y será por siempre una banderola. Una voz callada,
amenazada, es la peor bajeza que pueda hacer un hombre contra otro. No hay
nada más monstruoso que un ser humano silenciado por la violencia.
Hablando justamente de ese trato inhumano en contra de las personas,
viene al caso Lydia Cacho y su denuncia interpuesta contra el exgobernador
Mario Marín, mejor conocido como el Gober precioso. Estando todavía en
funciones, el entonces gobernador mandó detener a la escritora mexicana
acusándola de infamia contra su persona y otras personalidades, entre ellas
unos extranjeros involucrados en la trata de blancas y pornografía infantil. En
su libro, Los demonios del Edén, la escritora y periodista exponía toda la
bajeza de un gobierno poblano actuando descaradamente en contra de la
infancia. Tras torturarla física, verbal y emocionalmente, finalmente fue
puesta en libertad, pero su lucha exigiendo justicia no paró. Hoy, tras varios
sexenios y años de impunidad, finalmente Mario Marín fue detenido.
Lydia Cacho pudo librarse a tiempo de las garras de mala
administración gubernamental, cosa que Mariana Sánchez no logró hacer. Con
todo y que había denunciado los abusos en su contra, el silencio que le fue

devuelto la convirtieron en la víctima perfecta para un feminicidio, otro más,
otro entre miles y que aunque no queramos convertirlo en estadística, en eso
se convertirá si el pueblo olvida, si el pueblo calla.
Todavía recuerdo una frase de la escritora chilena, Isabel Allende
cuando dijo, “Ay que hacer ruido, para que nos hagan caso”, cosa que es
cierta. Desafortunadamente las marchas silenciosas van pasando de moda.
Ahora las inconformidades se han convertido en levantamientos masivos que
para fortuna de las mujeres, han cambiado la legislatura en muchas formas.
México está invadido de mujeres vulneradas. El machismo es una cosa
heredada y que mucho ha costado eliminar. Existen cientos de hombres
creyendo que la fuerza gobierna, que la fuerza merece exigir, sojuzgar, limitar.
Existen cientos de hogares desvalijados hasta del amor simplemente porque
brindarlo son cosas femeninas.
Tú, ¿En cuánto tiempo olvidarás a Mariana? Si ahora mismo te
encuentras invadido de la misma corrupción imperante en la sociedad, creo
que en muy poco tiempo; pero si te ha escandalizado como a muchos otros,
este te seguirá ardiendo en el alma y desearás que esto termine, que mengue,
que se suavice. Entonces buscarás remedio, entonces serás otro en casa, con
quien te rodea, desearás no ser parte de esa corruptela social que lo invade
todo y muy dentro de ti y con toda sinceridad dirá, ¡todos somos Mariana!
Adieu.

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