CIUDAD DE MÉXICO.- La Olimpiada del Conocimiento Infantil 2026, organizada por la Secretaría de Educación Pública (SEP), se encuentra en el centro de una controversia luego de que las bases oficiales establecen criterios de paridad de género y de desempate que han sido interpretados por diversos sectores como un trato diferenciado entre niñas y niños, incluso cuando estos obtengan resultados similares en las evaluaciones, lo que es considerado discriminatorio para ambos géneros.
De acuerdo con la convocatoria publicada por el Gobierno de México, en la primera y tercera etapas del proceso se deberá garantizar que al menos el 50 por ciento de quienes avancen o reciban becas sean niñas y adolescentes mujeres.
Además, en caso de empate entre participantes, el primer criterio de desempate será seleccionar a una niña o adolescente mujer, dejando otros criterios para una etapa posterior. Es decir, entre líneas se considera a las niñas y mujeres adolescentes como incapaces de “superar” por méritos propios la barrera del género.

Estos lineamientos han provocado críticas en redes sociales y entre especialistas y padres de familia, quienes consideran que una competencia cuyo objetivo es reconocer el desempeño académico debería basarse exclusivamente en los conocimientos demostrados por los participantes y no en su sexo. Los cuestionamientos se centran en la posibilidad de que un niño con un desempeño igual o incluso superior pueda quedar fuera para cumplir con la cuota de género establecida en la convocatoria.
La controversia también ha puesto en la balanza el alcance de las políticas de igualdad impulsadas por el actual gobierno. Mientras la administración federal sostiene que estas medidas buscan corregir brechas históricas y garantizar una mayor participación de las niñas en espacios académicos, los críticos sostienen que la igualdad de oportunidades no debe traducirse en criterios que modifiquen el resultado de una competencia basada en el mérito.

Uno de los puntos más cuestionados es el mecanismo de desempate. En lugar de recurrir inicialmente a elementos objetivos relacionados con el conocimiento —como una evaluación complementaria, el desempeño en determinadas áreas o criterios técnicos previamente definidos—, la convocatoria establece como primer filtro el sexo de la persona participante. Para los detractores, esta disposición introduce un elemento de discriminación que contradice el principio constitucional de igualdad ante la ley.
Asimismo, el requisito de asegurar que el 50 por ciento de las becas sea para niñas ha generado interrogantes sobre cómo se resolverán escenarios en los que la distribución de los mejores puntajes no coincida con esa proporción. Aunque la convocatoria no señala expresamente que se desplazará a participantes con mejores calificaciones, la redacción ha alimentado la percepción de que el cumplimiento de la cuota podría prevalecer sobre el rendimiento académico.

La polémica refleja una discusión más amplia sobre el equilibrio entre las acciones afirmativas y el principio del mérito. Una olimpiada del conocimiento debe premiar exclusivamente el desempeño académico, evitando que el género se convierta en un factor determinante para acceder a becas o avanzar en la competencia.
Ahora la SEP debe enfrentar llamados para aclarar la aplicación de estos criterios y explicar cómo garantizará que la evaluación conserve como eje principal el conocimiento de las y los estudiantes.

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