La pluma profana de El Markés

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Renovarse o sufrir

El inicio de un nuevo año siempre trae consigo una extraña emoción que contagia. Es un sentimiento de superación que colma todos los sentidos de quien lo posee. Se tienen nuevos planes y, si en el pasado no llegó a concluir con algunos, los renueva con un nuevo entusiasmo… sin embargo, no todos llegamos al primer mes del año con esa actitud tan elevada, de hecho y como siempre ha sido, este primer mes continuamente se mancha de un modo recalcitrante con suicidios que sin exagerar, se tornan a gran escala. Las estadísticas siempre marcan el inicio de año como un tiempo en el que el ser humano se siente deprimido y sin el ánimo que había poseído en el último mes. Las fiestas se han terminado, los familiares se han ido, el frio ha arreciado, hay menos dinero en el bolsillo, las despenseras están vacías y los recalentados han desparecido. Son muchas las causas que a lo largo de los tiempos han causado que el ser humano caiga en un periodo tan depresivo, que no todos soportan. La denominada cuesta de enero es un lapso de tiempo que en los últimos sexenios se ha extendido a febrero, marzo y hasta abril. La canasta básica y el pago de otros muchos servicios han llevado a México y a otros países tercermundistas a ser simplemente esclavos de las diversas fórmulas gubernamentales. Es entonces cuando el ser humano debe sacar la casta, pulir el espíritu y dar lo mejor que posee en bien de quienes dependen de él o en el mejor de los casos, de sí mismo.

El águila real americanaes un claro ejemplo de superarse o morir. Se sabe que estas distinguidas aves tiene un tiempo aproximado de setenta años de vida, sin embargo, es justo a los cuarenta cuanto llega el momento en el que sus uñas crecen tanto que peligrosamente apuntan a su pecho; sus alas son pesadas por lo abundante de sus plumas y su pico tiende a curvearse y dificultar la cacería. Entonces es momento de darse un tiempo aproximado de cien días en un nido pegado a una de las muchas cimas montañosas. Ahí muda sus viejas uñas y teniendo las nuevas se rasga las plumas hasta verse aparecer las nuevas. Igualmente pierde su pico y aguarda resignado el resurgimiento de uno nuevo. La paciencia es el carácter más fiel de tal espera. Es un proceso obligado si es que desea volver a lanzarse al vuelo como un ave nueva, reestablecida y con renovados bríos.

El ser humano suele cargar con pesadas responsabilidades, algunas que le son propias y otras que lleva inútilmente y sin tener que hacerlo. El síndrome zarigüeya es uno de los más característicos, situaciones en la que los hijos, pese a su elevada edad, siguen en casa ya no como colaboradores de la economía, sino como una pesada carga al no laborar. Así, la madre, vive un apego a sus hijos que prefiere verlos junto a ella y “seguros” a saberlos en un mundo que por hostil podría destruirlos.  El desempleo, los problemas de pareja o la disensión de los hijos del estudio o del hogar, son cosas que tienden a deprimir a los padres de familia. De hecho muchos de los suicidios y la violencia intrafamiliar tienen mucho que ver con la situación económica en el hogar; otras veces el hombre no tolera que su compañera tenga un mejor salario que el de él y tales discrepancias comúnmente terminan mal. Así pues, la cuesta de enero ya no sólo es económica, también lo es emocional.

La lucha contra la adversidad no es tarea fácil cuando se lleva largo tiempo sumido en una estrechez de sentimientos adversos. La depresión mata, la depresión no es un capricho ni una chifladura juvenil; la depresión bien puede atacar a un niño de siete años como a un hombre de ochenta. Sobreponerse a tal revés es cuestión personal, pero también colectiva.

Los antiguos griegos hablaban de un hombre llamado Sísifo. Era el mayor de los ladronesy no había quien lo pudiera igualar, era tan astuto que ni los dioses, ocasionalmente afectados por las malas mañas de este ladrón, sabían qué hacer. Finalmente fue capturado y llevado a recibir el castigo. Su reprimenda consistía en subir una enorme bola de piedra hasta la cima de una montaña. De lograr colocarla en la cima, su castigo sería finalizado; sin embargo ahí estaba su condena pues, cuando estaba a punto de llegar, esta se le venía cuesta abajo y había que reiniciar el cometido. Así su castigo se volvió eterno, infinito, y no salió de él hasta que un día Hércules lo libró de tal tarea… ¿qué tan resistentes somos al fracaso? Tal vez hemos intentado una y muchas veces el solucionar nuestras diversas situaciones sin algún notable éxito, sin embargo, nunca sabremos cuando podría llegar un Hércules en forma de algo o de alguien dispuesto a darnos una oportunidad definitiva a nuestras vidas…. La vida es eso, renovarse o sufrir. Renovarse a los cuarenta, como el águila, guarecernos, meditar, analizar y finalmente mirar en perspectiva lo que todavía podemos lograr.

Hoy que iniciamos el 2022 solo deseo que podamos estirar el cuello, limpiarnos las lágrimas de la derrota y mirar allá, a lo lejos, ahí está nuestro verdadero merecido. Desgajémonos de responsabilidades que no nos corresponden y seamos felices en cualquier tramo de nuestra vida en que nos encontremos.

Felicidades a todos mis lectores y bienvenido 2022, adieu.

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