La pluma profana de El Markés

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Gélida generación

A palabras necias, oídos sordos, oíamos decir a los viejos hace dos o tres décadas. Siendo tan jóvenes y ávidos por devorar al mundo, creíamos que era una necedad el que esos consejos que nos daban sobre el direccionar a nuestros hijos por el buen camino de la justa conducta, era una total barbarie a nuestros oídos y lo peor de todo, una pérdida de tiempo. Hoy, con cuarenta o cincuenta años encima y una descendencia rebelde, sabemos que los sabios consejos de los padres de antaño nunca fueron necios. Muy al contrario, era esa visión que tenían de los que nos sobrevendría si queríamos pasarnos de listos. Hoy la juventud se ha tornado un témpano, en una generación en su gran mayoría insensible y petulante. Se ha oídos de adolecentes burlándose de sus padres por ignorar cosas que para ellos son de dominio, en especial cosas que tienen que ver con la tecnología. El modo en el que los hijos tratan a sus padres es un claro ejemplo de la descomposición social que vivimos… ¿redes sociales? Bueno, muchos podrían decir que estas son un factor importante en este comportamiento, sin embargo, el uso que se les da es responsabilidad de quien las utiliza. Es en las redes sociales donde se ha conseguido un avance de aprendizaje sin precedente y de comunicación también. La fortaleza individual es un factor preponderante a la hora de enfrentar una situación de toma de decisiones. El decidir es algo personal, dejarse influenciar por algún medio o persona, es solo responsabilidad de quien así lo acepta.

En la actualidad los jóvenes piensan que el fin de un padre al llegar a la vejez es, si no un pariente cercano que se haga cargo de ellos, es una casa de asistencia o un asilo. Es una salida lo bastante práctica cuando el cuerpo deja de ser servible a alguien más. Cuando se es niño, joven o adulto soltero, comúnmente la madre es ese personaje infaltable y que cubre esas necesidades básicas y que muchas veces ellos por sí mismos no realizan. Por años se ha creado una generación incapaz de alimentarse por sí misma, una generación dependiente del consejo ajeno y de estar embutidos en un mundo de redes sociales que gobierna sus pensamientos. Ocho de cada diez pasajeros en una ruta de transporte público, está enlazada a su celular, los otros dos no, pero lo llevan en su mano, apagado o en su bolso. Es hoy cuando es más importante un celular que una conversación en casa o una cita en pareja. Todo va alrededor de una imagen en el momento perfecto y la persona perfecta. Hoy ya no es como antes, cuando sólo tenías un rollo fotográfico para doce, veinticuatro o treinta y seis exposiciones. Echarlas a perder era un pecado sin perdón. Hoy puedes tomar quinientas fotos y elegir sólo una. Los filtros se han convertido en el engaño maestro. Los jóvenes, con todo y su lozanía, usan el filtro tanto como una persona madura. Son muy pocos los seres humanos que optan por ser naturales, y no lo hacen ante el miedo de ser rechazados físicamente por esa persona que les ha insinuado algo en las sendas del chat.

Una de las cosas más difíciles a enfrentar y que se ha recrudecido con el paso de los años, es la crueldad con la que los jóvenes instan a otros a quitarse la vida. Suena novelesco, pero muy real. Existen enormes comunidades de adolescentes que en este momento juegan y apuestan a que tal o cual persona se suicidarán en tanto tiempo. Y las apuestas vía redes sociales son tan encarnizadas que sólo cuando la persona en cuestión se quita la vida, víctima de la depresión o entrampada por algún juego, cuando para; pero sólo por un momento, pues luego sigue otro, y otro, y otro.

La actitud juvenil de hoy va a una velocidad tan rápida, que hemos llegado a temer que cuando sean lo suficientemente cuerdos, su nulo aprendizaje de valores o sensibilidad, sólo va a atraer sobre nosotros una actitud retrograda, caótica y destructiva. Los asilos se llenarán y si la eutanasia es medio prohibida, esta será una regla.

El lenguaje es un medio de comunicación básico en la sociedad. Es con él con el que expresamos sentimientos y necesidades. La falta de pudor en su uso es una de las características en el hablar de la juventud al día de hoy. Tantos hombres como mujeres se insultan con palabras de alto contenido sexual. No parece importarles la presencia de adultos mayores cerca, se expresan abiertamente y sin vergüenza alguna. La putrefacción verbal en este aspecto es un bochorno apara una generación como la nuestra en la que dichas expresiones sólo se sacaban a flote muy discretamente.

Hoy la juventud se ha convertido en una especie de zombis manipulados por los consejos de personajes virtuales. Nosotros, los padres, poco a poco vamos perdiendo terreno, pero no es algo nuevo, los nuestros lo perdieron cuando nosotros también nos creímos estúpidamente los dueños del mundo en nuestro tiempo. Adieu.

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