La pluma profana de El Markés

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Mi vida viral

A veinte años de que la vida de Ghyslain Raza diera un giro completo a causa de verse evidenciada su privacidad, hoy las redes sociales siguen siendo una terrible enfermedad en las manos y propósitos equivocados. La vida personal, a merced de cientos de internautas sedientos por opinar con o sin razón, siempre será un detonante que puede conducir en la toma de decisiones mortales.

El buen Raza era un jovencito canadiense que hace veinte años era como cualquier otro. Le gustaba la escuela, sus relaciones familiares no podían ir mejor, le gustaba las diversiones que a cualquier otro jovencito le podrían gustar, en especial las proyecciones de ficción, las galácticas, esas que llevaban en aquel tiempo, y creo que hasta el día de hoy a creer en la posibilidad de poseer poderes y vivir en otros planetas en convivencia con androides. El cine de Hollywood se ha encargado de enamorar a generaciones enteras con ese tema. Al día de hoy las proyecciones de súper héroes y asuntos cósmicos han sido las más taquilleras. No podría ser de otro modo en los noventa cuando la saga de StarWar era de lo más visto. En ese entonces las expediciones al espacio y las jornadas de investigación por parte de la antigua Unión Soviética y Estados Unidos eran la noticia del día. Fue entonces así, en ese ambiente mágico en el que Ghyslain se desenvolvía cuando le sobrevino la desventura.

Lo que en un principio había sido algo enteramente inocente, se convirtió por un descuido, en una tragedia personal. Con todo y que la palabra tragedia suena un tanto exagerada, lo fue cuando Raza pasó a convertirse en un suceso extraordinario cuando comenzó a circular en una plataforma de descarga de archivos llamada Kazaa, muy en boga por aquello tiempos experimentales, la escena de un niño de aspecto regordete empuñando un artilugio tipo lanza y haciendo alarde de su manejo como si fuera un personaje de StarWar. Por descuido, Ghyslain, que había grabado este video como un gusto cualquiera, un antojo de momento o sentirse tal o cual personaje como suele suceder cuando se es adolescente, dejó la memoria olvidada en el instituto donde estudiaba. Un par de rufianes, no muy amigos de jovencito, subieron el video a la plataforma Kazaa que no obtuvo los resultados esperados, sin embargo, no fue sino hasta el año siguiente cuando Bryan Dube, propietario de una plataforma de juegos agregó el video editándolo. En lugar del palo que originalmente traía, colocó un sable luminoso que hizo del video algo mucho más sorprendente. Fue la llegada del video a la página waxy.org bajo el título de StarWarsKid cuando el joven se convirtió ya no sólo en la estrella viral del momento, sino también en el hazmerreír de muchos quienes se mofaban de sus atontados movimientos, su físico y su infantil actitud. Se habla de que el video fue visto hasta por 900 millones de personas. Lejos de parecerle algo fabuloso, Ghyslain padeció la pesadilla de ser acosado en lo que ahora se llama ciber acoso. Los comentarios abusivos, degradantes, humillantes y grotescos corrían sin control por la red al grado de causarle un daño emocional tan significativo que terminó internado en una clínica psiquiátrica. Los padres del niño acudieron a instancias jurídicas acusando de daño moral y acoso, pidiendo millones de dólares a los padres de los niños que habían compartido el video. Por fortuna Ghyslain logró superar lapersecución convirtiéndose con el paso del tiempo en un distinguido abogado.

Hoy en día el acoso es algo muy común. Las redes sociales son tan avanzadas y peligrosas que se tiene que tener mucho valor para compartir un denominado “Pack”, como llaman hoy a la develación de un conjunto de fotografías íntimas. La soltura con lo que se hace a causado que cientos de jovencitas o jovencitos, sean explotados, acosados y hasta amenazados. Hoy las redes sociales son las principales promotoras de la trata de blancas, la prostitución y el secuestro. No podemos negar que la llegada de las redes sociales ha facilitado la vida haciéndola mucho más cómoda, sin embargo, su mal uso ha causado un desabasto de principios morales lo bastante significativo.

¿Qué tan cercana puede ser una persona al grado de poner mi intimidad gráfica en sus manos? creo que no existe tal cercanía. Ni siquiera el cónyuge debería ser albacea de tal privilegio, y no precisamente por la falta de confianza, la cual debería de ser plena, sino porque nunca se sabe si nuestra computadora va a terminar en un taller de reparación en la que durante el análisis puedan develarse ciertos secretos; igual nuestro celular puede caer en manos equivocadas y entonces sí, como sucediera a este jovencito canadiense, nuestra historia de vida daría un giro lo bastante escandaloso. La vida privada es eso, privada, algo que se desenvuelve en el seno de nuestra vida, sin  testigos, al amparo de los sentidos y lejos de toda red social.

Cuidemos nuestros pasos y nuestras decisiones. De ello depende en mucho la tranquilidad que podamos disfrutar en el devenir de nuestros días. No es cuestión de resistir una tentación, no es cuestión tampoco de exhibicionismo frustrado, es cuestión de principios morales y nada más. Antes de oprimir la tecla “Enviar”, piensa muy bien en el desenlace de tu decisión. Si te sobreabunda una sensación de inseguridad, échate atrás, tal renuncia te traerá satisfacciones en lugar de amarguras, adieu.

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