-Entre más creces más te pareces a mamá, Viro Bombi. De Sauro Sultán no tienes
nada. Ese pastor alemán hizo y deshizo por mucho tiempo sin que papá se diera
cuenta. Yo lo sabía porque la curiosidad me llevaba a espiar a mamá y verla ahí
toda hilarante siendo poseída por ese perro que papá había traído a casa para
cuidarnos. Me deshice de él envenenándolo hasta verlo convertido en puros
huesos.
Fuiste el hermanito que siempre quise tener, pero mírate. Mamá prefirió a Sauro
Sultán que a papá para traerte al mundo. Al principio pensé que así había sido
porque ya luego los miraba retozando por todos lados, pero cuando finalmente
parió aquí en casa y en plena sala, noté a mis cinco años que no eras igual a mí
en nadita. Me oiré mal, Viro, pero naciste raro, mitad mamá, mitad Sauro. Esa
misma noche papá se fue para siempre y yo terminé siendo tu cuidadora. No sé
cómo es que has sobrevivido tantos años. A según decían que un pastor alemán
podía llegar si acaso a los trece de vida, pero tú casi vas sobre los veinte y yo en
los veinticinco. Nadie sabe que estás aquí y tampoco quiero que nadie lo sepa. De
ser así ya estarías en todas las portadas del Tranchete, del Zócalo y hasta de la
Alarma. La gente de Sabinas no tiene nada de fina, pero sí de chismosa, más aquí
en la Sarabia. Creo que este barrio está maldito. Ha de ser porque en esta casa
en la que vivimos por muchos años fue una casa de putas. Mi cocina era el bar y
mi sala donde bailaban. El cuarto donde mamá tenía a Sauro y todos los demás
eran las habitaciones de la cogedera. Por eso creo que esta casa está más que
contaminada de podredumbre. Por más que mamá le ponía aroma, siempre olía a
cantina y calzones orinados. No éramos putas, bueno, yo no, pero vivir donde
ellas se habían revolcado nos hacía ver en cierto modo como tales. Nada era
casualidad. Mamá en su ayer había sido más cristiana que el mismo Cristo con
todo y sus estigmas. Se daba tantos golpes de pecho que había terminado con el
esternón hundido. Por eso, verla a mis cinco añitos dejarse lamer por esa bestia
de pelambre canela me empezó a hacer ver qué esta casa tenía más que
humedad sexual.
Hola, Viro. Mira lo que te compré en Casa Jiménez. Este tazón está especial para
tus alimentos. Ya todo está bien caro, por eso te traje menos comida que la
semana pasada, pero bueno, ya falta poco para que Salinas de Gortari venga y
nos salve a todos de la miseria en la que nos tiene metidos este mentecato de De
Lamadrid. Ya todos soñamos, Viro, y tú también deberías de soñarlo y creerlo. Ese
chaparrito lo que tiene de calvo lo tiene de santo. Quién quite y hasta una de sus
reformas sea que todo aquel cuyo padre haya sido un animal y haya venido al
mundo así como tú, también tengan la oportunidad de votar… ¡Imagínate, Viro!
Por fin te podría sacar de casa, llevarte a la casilla y ser parte de la
transformación. Pero ve más allá, serías hasta aceptado por todos. Claro, se
harían muchas preguntas, pero segura estoy que no me las harían a mí porque la
madre sí les mentaría.
Los ojos de papá al verte nacer eran más grandes que una luna llena. Vomitó la
alfombra, se le salió un gemido bien ahogado y así, arrastrándose salió por la
puerta que daba al monte. Mamá todavía no sabía cómo eras pues su dolor de
parirte era su fin del mundo. Fui yo quien te recogió y te metió a la tina de agua
tibia que teníamos lista. Eras mi hermanito y te había esperado con tantas ansias
como he esperado el triunfo de Carlitos… ¿Verdad que no soy mala? ¿Alguna vez
te he herido o dicho algo doloroso? Sé que no y tú lo sabes. Te he cuidado de
más. No de todo, pero seguro te acordarás de algunas cosas, Viro. Sí, sé que te
acuerdas. Sus golpes contra ti y el que te llamara engendro y no sé qué más me
ponían muy mal. Tú tan sólo eras un niño cachorrito. Ni cómo olvidar cuando
mamá te vio por vez primera. Gritó tan fuerte que yo, que te traía cargado, te
apreté más fuerte. Te arrebató de entre mis brazos, y yo, tras ella le suplicaba que
no te hiciera daño. Te lanzó al baño de pozo, pero gracias a Dios no cupiste y te
agarré fuerte. Más de un mes mamá no volteó a verte y tuve que buscar una perra
con crías para alimentarte. Odiaba que Sauro te gruñera porque era tu padre y en
lugar de hacer eso debía protegerte. Impúdica es una palabra muy corta para
describir a mamá, ¿verdad que sí? Cuando la veía entrar con hombres sabía que
haría sus cosas frente a nosotros sin importarle nada, por eso siempre te llevaba
al patio. Eras tan chiquito, ni cuenta te dabas de cómo me golpeaba, de cómo te
hacía dormir con Sauro dizque porque era tu papá y debía cuidarte; pero esa
bestia sólo te ladraba y gruñía. Llegó incluso a arañarte. Llegó a meterte al horno
de la estufa, harta de tus lloraderas. Te dejaba ahí y se olvidaba. Pero ahí estaba
yo para rescatarte.
Nos mataba de hambre, Viro. Yo no soportaba verte mirarla tragando tan glotona
como era mientras nosotros sólo recibíamos esos aromas mortales que nos
hacían retorcer las tripas… ¿Por qué me miras raro? Nomás no me seas ingrato
porque a tiempo la paramos para que no naciera otro igual que tú porque ahora sí
nos moriríamos de hambre.
Dicen que octubre tiene las mejores lunas, pero también las mejores luchas. ¿Me
creerás, Viro, que los estudiantes de la UNAM se levantaron en armas? Todo tiene
un límite, hermanito. Por eso, cuando vi a Sauro encima de mamá dije ya no,
basta de tanta porquería. Imagínate, tener otro hermanito como tú, ¡Por Dios, claro
que no! Viro, no me mires así. A ti te quiero, lindo, pero seamos realistas ¿Quién
va a cuidar de ti cuando yo no esté?
Luciano Cerna dice que Salinas nos dará atole con el dedo. Ya no volveré a su
tienda. A mí Carlitos se me respeta… Viro, tienes meses sin dirigirme la palabra,
pero entiéndeme, todo pasó tan rápido. Yo entré a la casa y al ver aquello tan
aberrante nomás le dejé ir la plancha en la cabeza y no me di cuenta que ella te
tenía ahí viéndolo todo. Te vi gritar, desesperado, desconsolado, pero entiende,
Viro, ella no era buena.
-Y mataste a papá tambien.
-¡Vaya, hablaste!… Se me fue encima, me hirió y me dejó tirada bañada en sangre.
En tu condición tú no podías hacer nada… ¿Y qué pasó después? Dímelo, tú lo
sabes.
-…
-Claro, Saurio me dejó de lado y se fue a lamer el cuerpo desnudo de nuestra
madre para seguir copulando con ella… ¿Eso no merecía la muerte?
Entre más crecías más te parecías a mamá, Viro Bombi. Todo rubio y de pestañas
largas. De Sauro Sultán no tienes nada, bueno, sólo tú aliento a alcantarilla y tus
uñas largas y en punta.
Carlos me falló, Viro. No sólo le quitaron tres ceros al peso, también nuestra
esperanza de vida. Que me perdone Dios y el Padre García. Desesperada fui a
confesarme porque quién sino Dios podría ayudarme.
-Ente del Demonio ha entrado en ti, hija. Ese ser que tienes en casa no es un hijo
de Dios, sino fruto de la maldad. Debiste deshacerte de él desde que nació y tarde
no es para resarcir semejante mal.
-Padre, pero mamá era la poseedora del mal espíritu, yo sólo protegía a mi
hermano.
-Esa cosa amorfa no es tu hermano, blasfema. No te dejes engañar por la
serpiente. Si quieres ser salva, busca el modo de limpiar tu pecado, tu vida.
-Si usted es enviado de Dios, bendiga nuestra casa, padre. Si se niega, es usted
puro mentiroso.
-¡Lárgate, perjura!
¿Y qué crees, Bombi? cuando menos lo imaginé, el sacerdote llegó a nuestra
casa. ¿Te acuerdas cuando te vio después de haberlo llevado al cuarto donde
estaban las fosas de mamá y el perro Saurio?, su rostro se desfiguró, tragó saliva
y dio un paso atrás, luego dos y al final, ¿recuerdas lo que dijo?
“Esto no es de Dios. Siento la presencia del mal. Dios te salve María, llena eres de
gracia… pero también sálvame a mí, madrecita de haber sido testigo de esta
aberración”
Enseguida te roció con el agua consagrada lanzando al aire tantas ofensas hacia
tu figura que quise tener una tercera fosa junto a mi madre.
Dicen que octubre tiene las mejores lunas, pero no los mejores hijos. Ambos
nacimos este mes. Yo nací criminal y tú, Viro Bombi, un adefesio digno de la
muerte como me lo pidió el pastor de ovejas de la iglesia de Guadalupe.
Cuando te ayudé a morir porque Salinas casi me mató de hambre quedé sola,
Viro, sola y con sus cuatro tumbas bajo mis pies en uno de los cuartos donde se
ayuntaban las mujerzuelas y en el que mamá te encerraba avergonzada de ti. Me
la he vivido odiándome por no haber sido lo suficientemente fuerte como para
haberte protegido, pero ¿Qué hacer con una personita especial como tú, mitad
bestia, mitad humano?
Autor:
JUAN DE DIOS JASSO ARÉVALO
EL VIAJERO VINTAGE
@derechosreservadosindautor
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