La pluma del viajero

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“AMARGA NAVIDAD”

-Llévale esa tabla para picar carne a mi suegro, Laura. Es artesanal.
-¿Crees que le guste?
-Caray, lo conozco más que tú.
-También te la pasas con él todo el tiempo .
-¡¡Compa, oiga, sí usted!! ¿Cuánto vale esta tabla?
– Tres mil quinientos, señito. Es madera de la selva veracruzana, muy buena.
-¡Gracias, amigo, muy amable!… Es una ganga, Lau. Se me hace que me llevo
dos.
-¿Dos? Si tú no cortas ni una salchicha.
-Pero papá sí.
-Amor, tu papá no tiene ni para comprar chile, menos carne. Lo más seguro que
en el patio de su casa tenga alguna tabla para cortar. Acuérdate que todavía faltan
detallitos para tío Nulfo y tía Chaya.
-…
-Qué… ¿Te me vas a hacer el ofendido, Felipe?
– No, no, cómo va a ser… ¡Mira! Nuestro tío Nulfo me va a amar si le llevo esta
caña de pescar, ¿Ya la viste?
-Cuál, ¿La azul?
-No, la verde. Ese hombre siempre anda de verde.
-Sí, llévasela, además, mira, dos cañas por ocho mil pesos. Sirve que le das una a
papá, ya sabes que tío Nulfo se lo lleva a veces a pescar.
-Se me hace que le llevaré a papá, dulces de leche y… ¡Oh, que wey, si a papá le
encantan los rollos de guayaba!
-Felipe, el señor tiene diabetes, acuérdate. A la que si le gustan es a tía Mela…
¿tu papá usa mochila para cuando va a cortar nopalitos, no?
-Laura, pá tiene ochenta. Hace años que no va a eso.
-Pero lo hemos visto con mochila.
-Ah, pero es cuando va por la merma al súper.
-Bueno, entonces llévale un llaverito.

-¿Un llaverito?
-Sí, mira, de esas palmitas que dicen Tlacotalpan. Cuando lo veas se lo
entregas… ¡¡Mira, Felipe!! Ay, no, con este si vas a hacer que papá te quiera
más…
-¿Pero ya tiene una parrilla , no?
-Felipe, esa se la compraste hace dos años, no mames… ¡¡pero mira esta!! Más
que equipada.
-Amor, venimos de vacaciones. No podemos excedernos en los gastos. Los
regalos de Navidad nos dejaron temblando. Además tenemos lo del aniversario de
tus papás en Vallarta casi en puerta
-¡Ah, pero que no fuera el vejete de tu papá, porque…!
-¿Cómo? Es mi papá, Laura.
-¿Y qué?, eso no le quita lo rascuache al señor.
-Vámonos al hotel.
-Tas wey, vete tú si quieres. Yo aquí me quedo.
Odiando la situación me desvíe al bar Blanca nieves y pedí un tequila doble. Bajo
el embrujo de la música de Agustín Lara pensé en papá y mi última plática con él
en el ocaso de la Noche buena. Aquella visita había sido tan breve y bajo la
presión de Laura y las copas que yo llevaba encima, que ni oportunidad había
tenido de darle el abrazo de Navidad. Dejar pasar el Año nuevo sin pasármela
bien con él sería el colmo. Papá se había partido el lomo para darme forma y
hacerme un profesional, y yo simplemente me había olvidado. En medio de
tequilas, ron y melodías ardientes miré ese llaverito de palma de triplay que de
seguro se miraría bien en su mochila.
La tarde noche del Año nuevo Laura me trajo de arriba abajo con las compras de
última hora.
-Ya te había dicho que pasaría la noche de Año Nuevo con papá, Laura.
-Y yo ya te había dicho que cuando quedara todo listo para la fiesta aquí, entonces
podrías irte. Ah, y estarás hasta antes de las doce, porque sonando la campana
anunciando el Año nuevo, debes estar aquí.
-Pasaré el Año allá, y no hay pero que valga.

-Serás muy mi marido, Felipe, pero si no regresas para las doce, le diré a papá
que te despida de la empresa. Recuerda que eres gerente del negocio por mí y no
por tu mediocre titulo de ingeniero, así que arriésguele y usted sabe.
Camino a casa, porque ni la Toyota quiso prestarme, pensé en qué Laura tenía
razón. Papá ya era viejo y no tardaría en morir. Yo era joven y perder mis
privilegios por pasar un rato con él, pues no valía la pena. Apreté el llaverito en la
palma de mi mano y me paré frente a la puerta de la casa. Toqué una y otra vez
sin respuesta. Eran cerca de las diez de la noche y el clásico olor a madera
mojada que la casa siempre había tenido salía por la ventana abierta. Me
preocupé porque estaba frío y una ventisca podría enfermar a mi viejo. Empujé la
puerta, encendí la lámpara de petróleo y encontré la sala tan igual como la última
vez que había ido. Caminé sereno por el pasillo rumbo a los dormitorios. Olía raro.
Pensé en las palomas que solían morir atoradas en la malla que protegía las
parras en el patio. Cuando abrí el cuarto de papá la candela se agitó tanto como si
una fuerte ventisca la hubiera sopleteado. Una gorda y asustadiza rata saltó de la
cama pasando por entre mis piernas abandonando el cuerpo putrefacto de papá.
Alzando la lámpara otras más rasguñaban impacientes el tórax de un cadáver sin
ojos, labios y sin piel. Seco de lágrimas y tembloroso, me acerqué al cuerpo
encontrando entre su mano derecha una fotografía en la que aparecía junto a él
en la feria de San Luís a mis ocho años.
Sentado en la mecedora por más de una hora miré su cuerpo en posición fetal
intentando imaginar sus últimos pensamientos. Cuando comencé a sentir dolor, a
ver con claridad lo que estaba pasando, salí intentando llegar a tiempo al abrazo
del Año nuevo. Los cohetones me pescaron a una cuadra pero llegué junto
cuando todos se abrazaban. Laura me miró con recelo pero no le di importancia.
La fiesta terminó pasadas las cuatro de la mañana y ya para las tres de la tarde
del ya primero de enero, le seguimos en casa de los papás de Laura. Amé las
palabras de mi suegro sobre los regalos que le había traído de Tlacotalpan.
A las siete de la tarde avisé a la policía lo de mi padre y el día dos lo enterramos.
Sólo fui yo al panteón porque Laura me pidió no me tardara tanto porque
debíamos ir a Saltillo a comprar las maletas nuevas para el viaje a Vallarta.
Cuando los enterradores le echaban de paladas de tierra al cajón, aventé el
llaverito y les pedí por favor dejaran todo limpio. Había pensado en llevar flores,
pero los gastos a Vallarta me quitaron la intención.
<<Qué bien se hubiera visto el llaverito en su mochila, papá, pero ni siquiera me
esperó para dárselo>>

Laura mandó tumbar la casa que me quedó por heredad y mandó construir un
estacionamiento donde metimos nuestros autos. Esta mujer es de mucho carácter
y bueno, ¿Qué sería de mi sin mi esposa? ¿Qué soy al lado de ella?
AUTOR: JUAN DE DIOS JASSO ARÉVALO
EL VIAJERO VINTAGE
@derechosreservadosindautor
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