La pluma del viajero

0
134

‘CORCHOLATAS’

-¿Cuáles corcholatas quiere, Maca? Porque hasta eso le doy a elegir… ¿Le
parece bien la de Fantasy Coke y Orange pop?
-Quiero ver a Lukas, señora. Llámale por favor a mi hijo.
-¿Sabe cuántas veces he pedido ver a mi hijo y ningún santo me lo ha concedido?
¿Tiene idea, Maca de lo que es perder a un hijo y no obtener justicia? ¿Lo sabe?
No, claro que no lo sabe porque para usted siempre fue muy fácil humillar sin
tentarse el corazón. Así que no me pida clemencias cuando usted, Macaria Turbia,
tenía el alma más turbia que Judas Iscariote.
-¡Llama a mi hijo, por favor!
-Maca, su hijo el estudioso, porque a él si le permitió brillar, graduarse y ser
grande, ahora está en Europa, a donde se fue a trabajar. El no vendrá en un par
de años y se lo dejó bien en claro. Por ello pagó mis servicios como enfermera
auxiliar y tiene fe ciega en mí. Usted no sabe quién soy, Maca, pero yo sí sé quién
es usted.
-Le pido por favor que me comunique con mi hijo.
-No me comunicaré con nadie, señora, y le conviene ser obediente… ¿Revivimos
la experiencia de la pasta dental en su nariz? Bien bien, buena elección. Esta
corcholata de Sugar Sugar la trajo mi hermano de Tampico, y está segunda de
Camel fresh fue una edición especial de 1980. Mi hijo estaba feliz con ellas. Buena
elección Maca. Ahora venga, tome su lugar. La última vez soportó media hora,
espero ahora dure más.
-¡Ya no, señora bonita, ya no me haga daño!
-¿Sabe usted, Maca, el placer que me da verla retorcerse del dolor? El filo de la
corcholata marca la piel y duele mucho… pero mire, sólo restan ochenta
corcholatas de las cien que eran. Si usamos dos por día ¿Cuántas le restan?
¡Cuántas! ¡Cuántas, le estoy preguntando!
Dejé a Macaria Turbia de rodillas y sobre las dos corcholatas que ella misma había
elegido, por diez minutos. Cada día y a la misma hora había ideado un ritual al que
le había agarrado gusto. La adrenalina que experimentaba cuando le ponía el
cartel de más de cien corcholatas adheridas y le pedía elegir, era mucha. Odiaba
que durara tan poco su martirio de estar sobre el filo porque luego tenía que dejar
de ver Bodas de odio para ir y levantarla, ponerle cremas para borrar lo colorado y
echarla a dormir.
Maca era de esas ancianitas de rostro divino y blancura de ángel. Había nacido
bella y la vida le tenía destinado morir hermosa. Cuando la sacaba a dar el paseo

vespertino odiaba el respeto y el amor que le tenían todos… ¿acaso nadie había
sido su alumno? Porque esa mujer de apariencia bondadosa había sido maestra
de primaria toda su vida.
-Ya que usted no se decide por ninguna, esta noche desprenderé está de Indio
Splash y está otra de Caribe Club, ¿Le parece bien?
-…
¿Por qué me mira así? A mí no me conmueve su mirada de viejita bondadosa.
Conmigo se jode porque se jode.
-Usted, señora bonita, es buena. Se ve en sus ojos que es buena. Mi hijo confía
en usted. Él cree que me cuida bien… ¿Usted no tiene hijos?
-¡Cállese!- y de una bofetada la tumbé al suelo. Sin importarme sus lloros la puse
de pie.
-No me gustan los dramas, deje de llorar porque será usted muy bonita, pero
cuando llora lo hace como una reverenda pendeja.
-¡Tiene hijos y le pagaron mal! ¡Por eso me maltrata, señora! Diosito y su santa
madrecita le van a castigar…
-¡Pues a usted ya la están castigando! Póngase derecha y con las rodillas bien
centradas en las corcholatas. Se cree muy Santa y creyente. Ahí están sus fotos
en el Vaticano como si eso la fuera a salvar.
-¡Jesús es mi pastor, nada me faltará!
-¡Cállese vieja chingada! Por lo pronto ya le hace falta su ayuda. Jesús no está
ahora aquí. Aquí sólo estamos usted y yo poniendo todo a cuenta.
-¡Diosito, ayúdame, Padre mío!
Y una nueva bofetada la dejó tirada y llorando a un lado de la chimenea.
Me puse de rodillas y le tomé la canosa trenza con fuerza. Sus ojos pequeños y
llorosos me miraban como un gatito agónico y temeroso.
-Usted me mató a mi hijo, Macaria Turbia. Por eso, cuando por fin su hijo me
contrató y creyó dejar a su madre en buenas manos, ahí supe que Dios era
grande… ¿Sabe usted cuanto miedo le tenía mi hijo Santiaguito? Acobardado
nunca me dijo lo que pasaba y yo, viéndola a usted como una gran profesora
jamás imaginé que era el mismísimo demonio… y le vuelvo a preguntar, ¿Cuánto
miedo tendría mi hijo? ¡Imagínese! Creo que el mismo que me tiene usted ahora a
mí, así, igualito. ¿Qué se siente orinarse, Maca? Dígame, qué se siente no querer

salir a jugar con los amigos ni ir a reuniones familiares?… Esta tabla de cien
corcholatas era su tensión, sus nervios. Yo misma no me di cuenta que él no
estaba nervioso por no completarla, sino miedoso. Tíos, primos, nosotros como
sus padres y hasta sus abuelitos nos enfocamos a conseguir todas las corcholatas
distintas para que Chago tuviera su maqueta completa y que la estricta maestra
Maca le pusiera aunque fuera un ocho. Pero usted le puso un cinco con todo y que
al final de clases llegara su abuelo a dejarle la que faltaba. Y vino lo que usted
creyó justo nada más porque mi Santiago fue elegido como mejor estudiante del
año y sobre su nieto. Me lo ponía de rodillas desprendiendo en par las corcholatas
para verlo arrodillado en ellas. Las cien corcholatas pasaron por sus tiernas
rodillas de niño y al final, al final lo obligó a volverlas a pegar. Una infección en la
piel por el óxido me lo mató, así que no espere le tenga piedad… no, no me mire
asustada que sabe de lo que le hablo. Ahora su cara a cambiado, ¿verdad? ¿Será
porque ya se acordó? Aún le restan 80 corcholatas y al final le dejaré la que el
abuelo le llevó y usted le puso un cinco. Aquí no hay Jesús ni virgencita, aquí hay
karma, aquí todo se devuelve… ahora su hijo sufrirá al encontrar a su madre
muerta, tan igual como encontré a mi Santiaguito muerto en la cama del hospital…
¿Qué sentía maestra Maca? ¿Qué le provocaba ver a mi hijo llorar cuando el filo
de la lámina le penetraba la rodilla? ¿Le causaba lo que me causa a mí verla
gemir? Porque a mí se me crispa hasta la nuca y miro al cielo ¿Me ha visto
cuando miro al cielo, Maca? Bueno, es porque le agradezco a Dios el que sea un
Dios de Justicia… la veo muy tranquila ¿Se le durmieron las rodillas o qué? Mire,
está de yellow rain y está de Pepsi BBC serán para mañana.
El último día y justo cuando el pueblo daba vítores independentistas y los
cohetones estallaban en los cielos, saqué a Macaria Turbia a la terraza de su casa
en un tercer piso. Sin mucho esfuerzo le abrí la boca, le puse la hermosa
corcholata de México 86 cerca de la campanilla y le di a beber tequila. Esa noche
mi independencia del dolor fue tan real. Extrañaba a mi hijo, pero no volví a
padecer los horrores de la injusticia porque ahí, y viéndole esa expresión de ojos
saltones, le dieron la anhela redención a una madre que por años había llorado la
muerte de su hijo.
AUTOR: JUAN DE DIOS JASSO ARÉVALO
EL VIAJERO VINTAGE
@derechosreservadosindautor

Mantente informado las 24 horas, los 7 días de la semana. Da click en el enlace y descarga nuestra App!