La pluma del viajero

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-No tienes vergüenza, Cuatrillo. Seguro traes una jodida bota de Avón y pañuelos
del año de la caracola- me dijo Albino, mi hermano mayor al verme recorrer la
despintada cortina que daba entrada a la casa. Patitieso y todavía sudoroso miré a
mis hermanos Paulino, Juve y Raulín sentados con papá junto a la chimenea.
Papá, empotrado en su silla de ruedas permanecía callado mirando el suelo y con
sus manos temblorosas entre sus piernas.
Salido de mi ensimismamiento puse la lonchera y el regalo sobre el trastero, y los
saludé de un modo general. Y sí, llevaba una bota de Avón, una cajita con
pañuelos que había comprado en la tienda de Lalo Mata y una brillantina Jokey
Club que de puro milagro había conseguido en La Perla. No me explicaba qué
hacían mis hermanos ahí si teníamos años que no sabíamos de ellos.
-¿Te vas a portar así de seco, Cuatrillo?- dijo Juvenal.
-Hasta parece que se te apareció el demonio- agregó Raúl.
-Nada qué ver, nomás que no los esperábamos. Desde que murió mamá, hace
quince años, no sabíamos de ustedes. Papá ni oye ni habla desde el día del
disgusto. Seguro ni los reconoce. Nomás se fueron llevándose sus ahorros
dejándonos aquí solos.
-Ya estabas grande, Cuatrillo, no seas chillón- apuntó Paulino.
-Grande, sí y con cuatro dedos en cada mano, paticojo y con papá torcido de la
columna e internado en un hospital. De no haber sido por don Braulio que me dio
trabajo cuidándole cabras no sé que hubiéramos hecho.
-Pues sobrevivir, marica, ¿pos qué más? -volvió a intervenir Juve destapando una
nueva cerveza.
-¿Cuándo llegaron? ¿Dónde estuvieron tanto tiempo? Mamá los quería mucho y
hasta les lloraba cada que se iban, pero papá no.
-¿Ya vas a empezar a echarnos en cara tus corajes?- dijo Raúl sirviéndose
menudo -Son demasiadas preguntas, hermanito. Pero nomás te diré que llegamos
ayer, estuvimos en San Antonio y nos quedaremos en la casa de Cloete. Mamá
nos lloraba por chillona ¿Qué más podías esperar?
-Creo que lo mejor es que se vayan. A papá no le da gusto verlos. Serán muy sus
hijos pero nunca lo parecieron.
-Mira, Wafa. Tendrás sangre libanesa y todo lo que tú quieras, pero esos güeros
raros nomás no te quisieron por haber nacido fenómeno y papá te recogió.
Cuidarlo hasta su muerte es lo mínimo, ¿no?

-¿Lo mínimo? Idiotas, es lo máximo.
-Te crees muy gallito, hijo de tu puta madre- amenazó Raulín.
-Sí, como los gallos, con sus cuatro dedos, pero con un espolón bien puesto.
Las risotadas no me humillaron, pero papá temblaba cada vez más.
-Miren, le eché chingazos toda la semana arreando las chivas en La María para
comprarle a papá unas cervecitas y prepararle un menudo. No sé a qué hora
llegaron pero la olla está a la mitad. De las 24 cervezas sólo quedan cuatro y no
veo que papá tenga un plato sucio frente a él y mucho menos una cheve. Sólo veo
a un hombre asustado… váyanse.
-Mira, Cuatrillo- dijo Alvino parándose de la mecedora- te hemos dejado en esta
casa porque eres la niñera y cuidadora de papá, pero eso se acabó.
-Juve, es Día del Padre… vuelvan mañana, por favor.
Sin dar tiempo a nada, Paulino dejó su cerveza sobre la consola, me tomó del
cuello, me levantó en vilo y me miró enfurecido. Imposible respirar, pero sí ver a
papá a punto de tener un ataque de epilepsia. Me arrojó contra el ropero
rompiéndose la luna, cayéndome algunos cristales en cuello y espalda y
enseguida, enseguida papá cayendo de la silla en lo que sabía pasaría, la
epilepsia.
Entonces vi a Raúl vaciándome la loción en la cara irritándome los ojos. Al
momento la casa se embriagó de ese aroma que papá, desde que yo lo
recordaba, usaba cuando nos llevaba al Terraza Rosita a ver las luchas.
Enseguida vino la brillantina y todo acompañado de las risotadas de las bestias.
-¡Váyanse, váyanse!- gemí impotente junto al cuerpo tembloroso de mi viejito. Y se
fueron llevándose el resto de las cervezas.
Justo al mes volvieron con un abogado y un montón de hombres para sacar
muebles y echarnos fuera. El abogado me mostró el documento donde papá cedía
la casa de Cloete y esta en la que vivíamos. Pero ellos no sabían que media
colonia Morelos estaba con nosotros y lejos de dejarnos solos, se les fueron
encima y corriéndolos con todo y abogado y policías.
Juve, el más agresivo, llegó por la noche atrapándome en la cama y sin mediar
palabras me tumbó al suelo, se me montó y con una pinza corta lámina me trozó
los dos dedos meñique ante mi lloro atajado por un pañuelo que me había
amarrado.

-De Cuatrillo pasarás a Tretillo, y si sigues metiéndote te dejaré en dos o hasta
ningún dedo- y se fue.
Chaparrito soy, pero suelo defenderme a como puedo con todo y que esté todo
torcido. A como pude fui a poner la demanda acompañado de don Braulio y se
descubrió que ellos habían obligado a papá a firmar los documentos y que sólo a
eso habían venido a México.
Se giró una orden de aprensión, pero como los tres eran unos zorros malvivientes,
Raulín me atrapó saliendo de los corrales de don Braulio y ahí, entre la cagada de
los animales, me desnudó y azotó con una soga.
Soy un fenómeno aventado por Dios al mundo. Tengo tres dedos en cada mano y
un papá postizo que se muerde la lengua cuando le ataca la epilepsia. Estoy
torcido de la columna y a veces los dolores me obligan a cagarme en mi ropa e
imposibilitado a cambiar a papá la suya. Los vecinos nos traen comida y amamos
su misericordia, pero ya no queremos vivir.
No soy hijo de mi padre, pero lo amo como si lo fuera. Ellos me odiaron desde que
me recogieron porque me mimaron por mi condición. Dios sabe que pese a mi
monstruosidad siempre vi el modo de trabajar y ayudar en casa. Ellos no. Ellos
violaban jovencitas, eran borrachos y robaban. Por eso, cuando la migra los
balaceó en el Río Bravo, supe que Dios había armado a esos oficiales… ¿Por qué
me mandó Dios a la tierra siendo un fenómeno? ¿No hay control de calidad en los
talleres del cielo donde se elaboran los cuerpos humanos? Soy una aberración
buscando el modo de morir sin dejar a papá solo… sólo sé que no soy digno de
llamar madrecita a la virgencita de Guadalupe porque ella no ha parido jamás un
fenómeno… ¿Y mi Padre celestial me presentaría con sus amigos como su hijo?
Si no lo hace no importa, este papá mío siempre lo hacía. Ya presumía mis ojos
amarillos en El Buzo, en el Tupinamba, en la feria. Papá me ama. Este viejito es
un tesoro.
Si alguien lee esto, díganme qué hacer para creer que vale la pena seguir en el
olvido en este pueblo minero.
AUTOR: JUAN DE DIOS JASSO ARÉVALO
EL VIAJERO VINTAGE
@derechosreservadosindautor