“El número de la Bestia”

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Muchos lo llaman “El tren de los desconocidos”, “El caballo de Troya”, “El tren asesino” y más comúnmente por la gran mayoría: “La Bestia”, pero sea cual fuese el apodo o el título que se le da a esa serpiente de acero que porta en su lomo o en sus entrañas a cientos de personas que buscan un sueño, hoy por hoy tiene un número, llamémoslo el número de la Bestia.

Dicha cifra no tiene nada que ver con algo apocalíptico ni mucho menos bíblico, aunque si lo viéramos por el lado de la caridad seguramente sí. Su número es: más de mil desaparecidos al año, de diez a quince mujeres violadas diariamente; decenas de niños abusados, más de cincuenta hombres al mes mutilados en alguna de su extremidades y cientos de centroamericanos desperdigados por todo territorio nacional que ante la imposibilidad de llegar a tierras norteamericanas, se han quedado a vivir ilegalmente en México.

La Bestia y quienes la han utilizado para su beneficio, han causado una enorme cantidad de desapariciones, abusos y torturas de seres humanos… la pregunta es ¿Quiénes son los que llevan a cabo tales suplicios, atentados o vejaciones? La respuesta es sencilla, las bestias mexicanas que bajan de la Bestia a quienes sólo desean llegar a un destino, los Estados Unidos… y miren nada más, en una encuesta realizada a cierta cantidad de mexicanos en la que se les cuestionaba sobre su sentir en el tema de la arbitrariedad a los migrantes, resultó que muchos, como mexicanos, develaron sentirse muy ofendidos con los vecinos estadounidenses por el hecho de tratar a los paisanos con la punta del pie, sí, y es que de algunos años acá el índice de expulsión de connacionales de aquella nación a la nuestra ha despuntado espeluznante y escandalosamente. Del mismo modo cada vez son menos los que cruzan la frontera, y no porque dejen de intentarlo, tan simple como que los métodos de contención que los anglosajones han creado son cada vez más sofisticados. Nos humilla el hecho de la violencia con la que son tratados a la hora de su detención y peor aún la voz de desprecio con la que el candidato a la presidencia de los Estados Unidos, Donald Trump se refiere a los nacidos fuera de su país y que anhelan introducirse al suyo.

A este que ahora escribe así como a usted que ahora lee nos indigna, como ya se dijo antes, el modo tan deshonroso con el que se trata a los que son detenidos por radicar ilegalmente en la Unión americana o en su intento por llegar allá, y no es algo secreto, la televisión y las redes sociales nos ha revelado escalofriantes escenas donde son golpeados y abochornados. Del mismo modo nadie desconoce el hecho de que muchos casos de abusos por parte de los patrones hacia los trabajadores no son denunciados a las autoridades porque de hacerlo serían despedidos y en automático deportados. Por ello optan callar y soportar.

Los dichos populares tienen un cien  por ciento de razón, ya sea el que dice “Ojo por ojo, diente por diente” o “Una sopa de su propio chocolate”, revelan que no tenemos cara para quejarnos de los hijos de Obama si nosotros, como hijos de Peña Nieto no Cantamos mal las rancheras. El trato que les damos a nuestros vecinos de la frontera sur no dista en mucho de lo que los vecinos del norte nos brindan a nosotros… ¿Quién es entonces la Bestia?, ¿el tren que trasporta a los que una línea territorial llama ilegal o quienes con su déspota actitud los daña con saña? Creo que en muchos de los casos la crueldad a la que sometemos a los hondureños, salvadoreños o cualquier otra región de América latina sobrepasa toda imaginación que pudiera tener Alfred Hitchcock, Craven u otros productores de proyecciones fílmicas de horror, sí, es cruenta y vergonzosa. Deseamos que los del norte nos abran las puertas y nos den oportunidad de trabajar y desarrollarnos en lo que muchos tontos han llamado un “Sueño americano” cuando nosotros que somos el norte de los del sur no hacemos lo propio. Si usted se diera la oportunidad de escuchar “Si el norte fuera el sur” de Ricardo Arjona, me daría la razón. Nadie desconoce que mucha de la prostitución infantil imperante en México viene de la trata de personas que son secuestradas en esas migraciones hacia el norte del continente americano. Lo mismo podríamos decir de la trata de blancas, tráfico de órganos o la esclavitud en campos agrícolas. Somos tan crueles como nuestros vecinos por lo que creo que merecemos, porque eso es justamente la justicia, beber una sopa de nuestro propio chocolate calientito y que por caliente ganamos el que nos quememos los labios. Llevamos el número de la Bestia ya no en nuestra cabeza, sino en nuestro corazón inhumano. Nuestra falta de hospitalidad a quienes buscan del mismo modo la fantasía americana merece entonces el trato que recibimos al momento de querer tramitar nuestras visas cuando los que tienen el poder simplemente nos dicen un rotundo “no” sin importarles que hemos invertido, en el caso de algunos, hasta el dinero con el que bien pudimos haber comprado la despensa… nadie desconoce que un trámite de pasaporte es caro para quien gana un salario mínimo, igualmente caro es cruzar como ilegal cuando las fronteras naturales como lo es el Río Bravo, ha cobrado muchas vidas… claro, sin olvidar las vidas que las fuerzas de la Border Patrol arrebatan a quienes intentan violar las fronteras.

No nos quejemos de que violen a nuestras mujeres en el caliente desierto de Arizona; que baleen a nuestros jóvenes desde el aire como a fichitas de feria en el tiro al blanco mientras corren a campo traviesa para ponerse a salvo; que secuestren a nuestros niños y los revendan en el centro del país o que simplemente dejen morir de sed a grupos enteros mientras ellos se beben frente a sus narices una buena cerveza… amigos, nosotros no pelamos piñas… somos tan brutales como cualquiera de esos caníbales sanguinarios. Puede que no nos comamos su carne, pero sí gozamos del dolor ajeno así como de ver frustrados sus sueños muy personales. No nos importan los derechos humanos de nadie ni mucho menos ver a los hijos sufrir mientras sus madres son vejadas, sus padres torturados o los hijos violados en el seno de las selvas chiapanecas, veracruzanas o en territorio regio… bebamos de nuestro propio chocolate, paguemos el precio de nuestro orgullo, de nuestra vanidad, de creer que lo merecemos todo cuando no merecemos ni la sonrisa… vivimos una crisis moral que merece ser castigada y ese castigo, desafortunadamente es el que justamente merecemos.

Jesús habló de un hombre que debía mucho y estaba tan apesadumbrado por su deuda que no encontraba la salida. Inesperadamente su acreedor le perdonó el compromiso. El hombre volvió a su casa y al presentársele un jornalero que en deuda estaba con él, este lo presionaba a que le pagase so pena de castigarlo de no hacerlo. Cuando fue enterado el primer acreedor de lo sucedido llamó a su antiguo deudor exigiéndole nuevamente su deuda, pero no pudo liquidarla y fue encarcelado… ¿acaso no podemos darles las mismas facilidades a los de Sudamérica durante su paso por nuestro país como nosotros las pedimos a nuestros vecinos norteños?… no pidamos lo que no damos.

Soy el Markes de Sade, su más íntimo confesor y yo le digo, no haga con los demás lo que no quiera que hagan con usted y le obliguen a beber de ese ardiente chocolate que terminará por herirle la boca, ya que la Bestia no es otra que la que, por impiedad, uno lleva dentro de sí mismo. adieu.