Raúl Rueda, el curador que aprendió a pintar solo y que, ahora, exhibe su obra en Sudáfrica

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CD. DE MÉXICO.- Por las mañanas, Raúl Rueda es curador en el Museo de Arte Moderno. Por las tardes, el historiador de arte se dedica a pintar, una técnica que aprendió de forma autodidacta y sin expectativas, que lo ha llevado a lugares inimaginables: Ciudad del Cabo, Sudáfrica.

“En un principio para mí no era una alternativa, no era una posibilidad dedicarme a la pintura como tal”, dice Rueda en entrevista con El Universal.

Ahora, Rueda presenta su tercera exposición individual, la primera que hace en el extranjero, en la galería Stevenson, una de las más destacadas del país africano. Se titula “There is a door that I have closed until the end of the world” (Hay una puerta que cerré hasta que sea el fin del mundo, se leería en español) y está compuesta por 8 pinturas de un tema que le ha obsesionado desde la infancia, que son los monos. Solo que ahora, en esta etapa de adultez ya no sólo son estos curiosos animales sobre los que Rueda se informa a través de la lectura de estudios científicos, sino que también ofrecen un medio para ilustrar los límites de lo humano y la naturaleza, así como ser un reflejo sobre Rueda como persona.

“Empezaron a surgir los monos, una alusión un tanto personal por este gusto por los monos, pero también por una inquietud que me empezó a surgir al ver que, particularmente en las imágenes del internet, los monos cada vez se volvían en el imaginario con una perspectiva para mí un tanto problemática, que es una especie de ‘mascotización” del mono”, detalla el artista y curador.

Las pinturas muestran principalmente al mono araña y al mono aullador en espacios cerrados, como oscuras habitaciones vacías y muchas veces laberínticas, donde puertas entre abiertas, esquinas repetidas y espejos son una constante.

“Estos monos están atrapados en la lógica de lo humano. El laberinto es un espacio sin salida aunque lo intenta, pero no lo logra porque están como atrapados justo dentro de un espacio cerrado a la idea de la naturaleza. El laberinto siempre ha sido una referencia a una búsqueda más que nada mental”, explica el artista.

Otra característica de la obra de Rueda es que son pinturas pequeñas, las medidas oscilan entre 10×15 cm, 15× 15 cm o 20×30 cm. Esta se trata de una decisión práctica que revela el estilo de vida de Rueda al ser “una práctica que he llevado de manera paralela”. El pintor vive entre la capital y Guadalajara, por lo que su estudio no es una habitación, sino su mochila en la que guarda sus brochas, pinturas y lienzos y lleva consigo a todos lados.

“Pienso que cuando produzco una pintura tengo que producirla a mi escala y a mi forma de vida. Entonces me gusta mucho pensar en la idea como de una obra que viaja conmigo cuando me muevo de un sitio a otro. Me interesa también la idea de la pintura como un objeto que se puede llevar. Ahora que las pinturas han estado viajando por diferentes lados me gusta mucho que se meten en una pequeña cajita y pueden viajar a donde sea”, comenta en relación a las exposiciones, que la primera fue en Déficit, en Guadalajara, en 2025, y la segunda en Nordenhake, Ciudad de México, en 2026.

“Es una sorpresa muy emocionante para mí que sea de esta forma y además me ha dado la posibilidad de pensar como otras geografías”, dice Rueda cuando se le pregunta por el giro que ha dado su ya de por sí inesperada carrera de pintor.

La exposición de Rueda en Sudáfrica se podrá visitar hasta el 28 de noviembre.

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