ESTADOS UNIDOS.- Hoy, Robert Redford, habría cumplido 90 años; ha pasado menos de un año desde su fallecimiento, pero su legado sigue intacto, no sólo fue uno de los actores que representó una de las épocas más importantes de Hollywood, sino que, se caracterizó por su sencillez, al aseverar que no predicaba con la parafernalia clásica de su tiempo.
Redford murió el 16 de septiembre del año pasado, sólo un mes después de que cumpliera 89 años; se convirtió en una de las últimas leyendas vivas del denominado “Nuevo Hollywood”, pese a que, en sus inicios, su padre, Charles Robert Redford, le pidó que se consiguiera un empleo de verdad, cuando veía que su hijo, con alrededor de 23 años, se ganaba la vida apareciendo en televisión.
Sin embargo, Redford nunca desistió y buscó las oportunidades de desenvolverse en el mundo del arte, específicamente en el de la pintura pues, cuando era joven y su madre, Martha Hart Redford, murió, a los 41 años, le dio un giro a su vida.
Fue entonces que Robert viajó a Europa, para empaparse de la vida bohemia y artística que pululaba en ese tiempo, cuando él tenía 18 años y, a pesar de que la pintura se convirtió en una de sus mayores pasiones, su hidalguía, y gran atractivo físicos, le abrió las puertas para desenvolverse en pequeños papeles en la televisón.
Eso lo llevó a que, eventualmente, fuera incluído en series de televisión y, en 1959, llegó su gran primera oportunidad para incursionar en el séptimo arte; el cine.
Ocho años más tarde de su debut, el nombre de Redford era uno de los que más atraía en los créditos de los estrenos, fue por eso que, el actor fue entrevistado en la primavera de 1967 por “The Guardian”, a propósito del estreno de “Downhill racer” (“El descenso de la muerte”), cinta que co-protagonizó con Gene Hackman.
En esa entrevista, Redford ya debaja entrever su genuino interés por las artes y, a su vez, su desapago a la búsqueda que, otros de sus congéneres, tenían, acerca de la fama y el reconocimiento; para el actor, lo más importante tenía que ver con entender que el cine no era sólo un escaparate o entretenimiento, sino una pieza de arte.
“Eso es lo que pienso de Hollywood, no se puede manejar el arte como una forma de negocio y, aún así, lo siguen intentando, hay, para quienes, las películas, son como aspiradoras o refrigeradores, esa mentalidad me repugna, no soy un hombre de Hollywood”.
En esa misma conversación, debido a que había visitado Londres, en donde “Downhill racer” se estrenó antes que en otra parte del mundo, aún antes que en Estados Unidos, se le preguntó si tenía planes de reanudar su carrera como pintor y. aunque dijo que no estaba en su radar, confesó que volver a Europa lo sumergía en la nostalgia de aquellos años en que viajó lejos de casa en búsqueda de cumplir un sueño.
“Hace dos años que no pinto, me gustaría tomarme un descanso del rodaje y reanudar, pero, de verdad, ¿se puede volver a empezar?, lo dudo, no es para divertirse, sino para dedicarle una vida entera, eso sí, mi primera vista a Londres, en ese sentido, me ha impresionado, me han entrado unas ganas tremendas de pintar”.
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