CD. DE MÉXICO.- Pati Chapoy entrevistó a Pepe Aguilar, a propósito de su nuevo álbum, pero la comunicadora aprovechó para hacerle preguntas con relación a su familia, fue así que el cantante rememoró la historia de amor de sus progenitores, Antonio Aguilar y Flor Silvestre, la que surgió a raíz de una infidelidad a sus respectivas parejas, anécdota que propició un comentario inesperado de Pati.
En “Ventaneando”, la periodista presentó la primera parte de su entrevista con Aguilar.
La charla dio comienzo con la historia de cómo se conocieron su madre y su padre, pues en la época que se enamoraron, ambos estaban comprometidos con otras personas, como reconoció el propio Pepe.
Flor Silvestre estaba casada con Francisco Rubiales, mejor conocido como “Paco Malgesto”, mientras que don Antonio era esposo de Otilia Larrañaga.
“Cuando mi padre empieza a andar con mi madre, que también fue todo un terremoto tremendo, ¿verdad?, porque tenían pareja los dos”, precisó.
Fue ahí que Pati no perdió la oportunidad y expresó que, la infidelidad de Christian Nodal a Cazzu, con Ángela Aguilar, era un reflejo de la historia de la familia.
“O sea que viene de familia”, dijo soltando una carcajada.
A lo que, tomado por sorpresa, el intérprete de “Por mujeres como tú”, contestó:
“No, ¿qué pasó?”, expresó con una risa medida.
El cantante optó por no enfocar la atención en el comentario de Pati y prosiguió narrando la historia de sus progenitores, argumentado que, si fueron desleales a sus parejas, fue porque existió una justificación.
“Yo ni había ni nacido, las cosas se dan como se dan, se enamoraron, mi pobre madre fue víctima (por parte de su exesposo) tremendamente de un montón de cosas en la vida, de infidelidades”.
La relación de su madre y padre la describió hasta como “co-dependiente”, pues, siempre se mantuvieron unidos.
“Es una verdadera historia de amor contra viento y marea, que fue muy longeva, duraron más de 50 años y siempre con el mismo amor”.
En ese aspecto, Pepe recordó uno de los gestos de amor más representativos, pues su padre, don Antonio, entregaba a su esposa una flor cada día y, aunque con la edad, su movilidad se lo dificultaba, él encontró la manera para seguir cumpliendo con ese detalle.
“No existía nada más que su amor, después de que a mi padre le dio su primera embolia, que ya no podía caminar bien, él tenía la costumbre de siempre, en la mañana, llevarle una florecita a mi madre, pero ya no la podía cortar, alguien lo acompañaba y lo ayudaba, mi papá elegía la florecita y se la cortaban, se querían mucho”, detalló.
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