MÉXICO.- En los últimos años, médicos, psicólogos y organismos de salud pública han encendido las alertas sobre un problema que afecta cada vez a más adolescentes: el estrés crónico.
A diferencia del estrés ocasional —como los nervios antes de un examen o una competencia deportiva—, el estrés crónico es persistente, se prolonga durante semanas o meses y termina afectando no solo el estado de ánimo, sino también la salud física, el rendimiento escolar y las relaciones familiares y sociales.
La adolescencia es una etapa marcada por cambios profundos: el cuerpo se transforma, la identidad se redefine y las exigencias académicas y sociales aumentan.
Cuando estas presiones se acumulan sin espacios reales de descanso o apoyo, el cuerpo y la mente comienzan a resentirlo.

Qué es el estrés crónico en adolescentes y en qué se diferencia del estrés “normal”
El estrés forma parte natural de la vida. En dosis moderadas, incluso puede ayudar a concentrarse o responder ante retos específicos. El problema aparece cuando el organismo permanece en estado de alerta constante, sin oportunidad de recuperarse.
En ese punto, los especialistas hablan de estrés crónico, una activación prolongada de las respuestas fisiológicas del cuerpo —como el aumento del cortisol, la llamada hormona del estrés— que deja de ser adaptativa y comienza a generar desgaste.
La ciencia utiliza el concepto de “carga alostática” para explicar este fenómeno. En términos simples, se refiere al desgaste acumulado del cuerpo cuando debe adaptarse de forma constante a situaciones estresantes. No es una enfermedad en sí, pero sí un indicador de riesgo.
Una revisión publicada en la revista Psychoneuroendocrinology concluyó que una mayor carga alostática se asocia con peores resultados de salud física y mental en niños y adolescentes, lo que respalda la importancia de identificar estas respuestas de estrés desde edades tempranas.
Además, un estudio del Children’s Hospital of Philadelphia (CHOP) encontró que esta carga puede medirse ya en la adolescencia temprana y que se relaciona con mayores dificultades de salud mental, especialmente en jóvenes expuestos a adversidad social o ambiental.
Diferencias clave entre estrés normal y estrés crónico
- Duración: el estrés normal desaparece cuando pasa la situación; el crónico persiste por semanas o meses.
- Impacto: el estrés crónico afecta el sueño, la concentración, la motivación y las actividades cotidianas.
- Recuperación: descansar o “desconectarse” no siempre alivia los síntomas.

Señales emocionales y de comportamiento en adolescentes
El estrés crónico rara vez se expresa con frases como “estoy estresado”. En adolescentes, suele manifestarse a través de cambios emocionales y de conducta que pueden confundirse con “actitudes propias de la edad”.
1. Irritabilidad y cambios de humor
Reacciones desproporcionadas, enojo frecuente o sensibilidad extrema ante comentarios mínimos pueden ser señales de un sistema nervioso saturado.
2. Apatía y aislamiento
Cuando un adolescente pierde interés en actividades que antes disfrutaba, evita convivir o prefiere aislarse de forma constante, es importante prestar atención.
3. Dificultades de concentración y rendimiento académico
La mente bajo estrés prolongado tiene problemas para enfocarse, recordar información y organizar tareas, lo que suele reflejarse en el desempeño escolar.
Una revisión publicada en Science Direct sobre estrés académico y salud mental encontró que la presión escolar sostenida se asocia con mayores tasas de ansiedad, depresión, insomnio y fatiga en adolescentes.

Síntomas físicos que a menudo se pasan por alto
El cuerpo también “habla” cuando el estrés se vuelve crónico, aunque muchas veces estos síntomas se atribuyen a otras causas.
1. Problemas de sueño
Dificultad para conciliar el sueño, despertares frecuentes o sensación de cansancio constante son señales comunes de estrés sostenido.
2. Dolores físicos sin causa médica clara
Dolores de cabeza, tensión muscular, molestias estomacales o náuseas recurrentes pueden estar relacionados con la activación prolongada del sistema de estrés.
Un estudio publicado en BMC Public Health encontró que los adolescentes con mayores niveles de estrés percibido presentaban peor calidad de sueño, lo que a su vez incrementaba el riesgo de problemas emocionales.

Señales visibles en la escuela y en casa
El estrés crónico suele hacerse evidente en los dos espacios donde el adolescente pasa más tiempo:
En la escuela
- Baja repentina en las calificaciones
- Inasistencias frecuentes
- Dificultad constante para concentrarse
- Evitación de tareas o evaluaciones
En casa
- Evitación de tareas o evaluaciones
- Conflictos frecuentes o irritabilidad constante
- Cambios importantes en los hábitos de alimentación
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que la adolescencia es una etapa crítica en la que factores como la presión social, experiencias adversas y falta de apoyo pueden afectar de forma significativa la salud mental.
Cuándo preocuparse y cómo pedir ayuda
No todo malestar adolescente es motivo de alarma, pero hay señales que no deben minimizarse.
Alerta moderada
- Cambios persistentes durante más de dos semanas
- Dificultad creciente para dormir o concentrarse
- Aislamiento social progresivo
Alerta alta
- Ideas de autolesión o desesperanza
- Cambios drásticos de conducta
- Síntomas físicos que interfieren con la vida diaria
Qué hacer si identificas estas señales
- Hablar con el adolescente de forma abierta y sin juicios
- Buscar apoyo de profesionales de la salud mental
- Mantener comunicación con la escuela
- Establecer rutinas saludables de sueño, alimentación y descanso
Organizaciones como UNICEF insisten en la importancia de abrir espacios de diálogo sobre salud mental y de fortalecer entornos escolares protectores, con acceso oportuno a atención psicológica.
El estrés crónico en adolescentes es un problema de salud pública en aumento, impulsado por exigencias académicas, presión social, incertidumbre y factores ambientales.
Identificarlo a tiempo puede marcar la diferencia entre un malestar pasajero y consecuencias a largo plazo.
Hablar del tema con empatía, observar los cambios con atención y buscar ayuda profesional no es una señal de debilidad, sino un paso fundamental para proteger la salud mental de las nuevas generaciones.
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