“Yo, menospreciador de mi sangre”

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Ya quisiéramos ser Oaxaca, ya quisiéramos poseer aunque fuera un poquito de su cultura, una semilla de mostaza de lo que tienen de humildad las personas que a base de sacrificios y abandono han salido avante en una sociedad que los ha mantenido reprimidos en educación y beneficios sociales. ¡Ah, pero qué bello estado!¡Qué hermosos beneficios naturales posee! En muchos aspectos los norteños nos creemos cosmopolitas, pero lo cierto es que somos mexicanos tanto como los de Campeche, Chiapas, Colima, verdaderos estados mágicos.

Por muchos años los libros de texto gratuitos ilustraron sus portadas con la bellísima imagen de una mujer de raza mestiza que con orgullo portaba la bandera nacional. El maestro González Camarena supo plasmar a la perfección nuestra identidad en el rostro de esa mujer. Hoy en pleno 2018, nosotros, los que nos creemos empoderados de la moda y que no somos más que una vil copia del anglosajón, nos hemos dedicado a despreciar nuestra raza por su color y origen, olvidando que venimos de una misma madre.

Si ha habido una frase que mucho me ha impactado y que tenga que ver con la importancia del mundo femenino en nuestro entorno, fue la que el hoy extinto líder iraquí Saddam Hussein expuso al decir que la sociedad seguiría en un atraso mientras no se liberara a la mujer, se le ensalzara y se le educara. Un gran pensamiento para un hombre que siempre fue considerado por occidente como muy castrante en cuestiones de género.

Con todo y eso es lo bastante acertado en un mundo penosamente machista en el que el “Yo” masculino, ha traído sobre el género de Venus un trato lo bastante despreciable. Para muchos la presencia de la mujer ha sido como un apoyo al hombre; la Biblia misma, que ha regido la vida de muchos, la ha catalogado como “Ayuda idónea” al varón, esto es: apta, capaz, habilidosa, inteligente.

Por décadas hemos encasillado a nuestro vecino del norte como el amo y rey de los racistas, del enemigo de los mexicanosy del más cruel imperialista de Norteamérica. Cosa curiosa, en menos de veinticuatro horas nosotros, los que siempre nos denominamos víctimas de esa actitud decadentista, no sólo nos convertimos en racistas, también en clasistas y empedernidos impulsores de la violencia contra los centroamericanos. Si bien es cierto que es un problema social al cual no hay que despegarle la vista, no es un conflicto que tenga que ver con una invasión como tal. No son zombissacados de la imaginación de algún amo del terror hollywoodense tratando de devorar a todos. No somos el único país en el orbe con esta clase de problemas. Lo tuvieron los europeos con la llegada de africanos y exsoviéticos huyendo de la guerra de los Balcanes.

Imposible es tapar el sol con el meñique. Siempre dijimos que los gringos despreciaban a nuestros actores y actrices que buscaban una oportunidad en aquellas tierras. De pronto salta Yaritza Aparicio, una maestra oaxaqueña de preescolar que triunfa con una proyecciónmulti premiada de Cuarón, y un porcentaje muy alto de mexicanos se le echó encima criticándola por su aparición. No sólo eso, también por aparecer en revistas como VanityFair, publicaciones en las que ni siquiera millones de adineradas mexicanas han aparecido modelando bisutería. La borrasca de cometarios negativos por su apariencia de rasgos nativos muy notables de nuestros hermanos del istmo y regiones circunvecinas, la hicieron blanco de rencorosas críticas.

Ni qué decir de Cecilia Ramírez, la triatleta también oaxaqueña que como toda una promesa del deporte, nos trajo una medalla de oro en el campeonato mundial de la Unión internacional de Triatlón, en Australia. Casi casi con las manos en la cintura venció a las británicas Erin Wallace y a Kate Waugh, ¿y nos importó? Claramente no. Nos avocamos a ni siquiera recibirla en el aeropuerto y por otro lado, envidiar a una Yaritza de la que Hollywood habló maravillas.

México es un país con gente de pensamientos llenos de nobleza, bueno, esto hasta que se le pone a prueba y externa lo que ni siquiera sabía que existía en su alma. Siempre dijimos que éramos solidarios en momentos de tragedia y eso se ha visto, pero no podemos con el triunfo de los nuestros fuera del país, a no ser que sea el de un grupo de personas corriendo como idiotas tras de un trozo de vinil en un campo deportivo.

Cierro opinión con una frase de Madonna, que es lo bastante contundente y muy a doc en voz de todas aquellas mujeres que son de un mundo aparte, el del empoderamiento femenino originado en la realización de sus propios ideales:

“Soy fuerte, soy ambiciosa y sé exactamente lo que quiero.  Si eso me convierte en «Perra» está bien”… Adieu.