“Una nueva expropiación petrolera”

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 En el año de 1938 cientos de mexicanos encendieron sus radios para escuchar a lo largo de quince minutos, un emotivo discurso del entonces presidente de la República, el General Lázaro Cárdenas. Las cosas estaban de incendio a lo largo y ancho de la nación a causa de los muchos rumores que se corrían sobre que el gobierno pretendía arrebatarles, de manera muy legal, los derechos que empresas extranjeras tenían para trabajar el petróleo en territorio nacional. Testimoniales abundaban sobre los muchos abusos que los extranjeros cometían contra los trabajadores mexicanos. Los salarios eran muy bajos y daban oídos sordos a reclamos por violentar sus derechos humanos. Esto y otros conflictos, fueron los que llevaron al entonces presidente a buscar el modo de expropiar muy por las buenas el derecho de trabajar en terreno mexicano a todos aquellos beneficiados por la buena y codiciosa voluntad de algunos expresidentes que les habían dado todo en charola de plata.

Los rumores, cristalizados en muy poco tiempo, causaron una serie de conflictos que trajeron consigo no sólo la demostración de que el país poseía un líder de mucha entereza para salvaguardar la soberanía nacional, también la enorme solidaridad de un pueblo que ante la peligrosa sombra de países extranjeros sitiando con amenazas, decidió unirse y apoyar moral y económicamente a su presidente.

En muy pocas partes de los libros de historiase lee tan enorme gesto popular. La cooperación, consistente en joyas, autos, ropa, animales y otros bienes, lograron una recaudación de poco más de dos millones de pesos de aquel entonces que aunque resultó ser algo mínimo económicamente hablando, sí lo fue de un alto simbolismo moral en apoyo a una enorme causa.

El 23 de marzo de 1938 será recordado por propios y extraños por aquella mítica manifestación pública en apoyo a la Expropiación petrolera. Por primera vez se vieron reunidos grupos que aunque habían estado en contra del gobierno cardenista, ahora estaban ahí, en una sola intención y con el solo propósito deapoyar.

Con apenas unas cuantas semanas en el poder y con una aceptación notable, el actual presidente de los mexicanos, Andrés Manuel López obrador, se ha atrevido, con todo y los riesgos, a mover una serie de piezas de este enorme tablero de ajedrez que es territorio nacional en un avezado intento por derrocar en una serie de jugadas la corrupción. Con una magistral partida y con la ayuda de especialistas ha logrado introducirse en la abismal maraña que es el robo del petróleo. En tal maniobra ha hecho temblar a los grandes capos huachicoleros que, para nuestra mala fortuna como mexicanos, han resultados ser quienes nos dirigieron durante décadas.

Hoy sin lugar a dudas estamos frente a una nueva expropiación petrolera. Unembargo realmente vergonzoso ante la vista del extranjero. Es risible que como presidente expropie un bien nacional de manos de quienes por sexenios lo trabajaron para un bien personal dañando económicamente a un pueblo que creía se trabajaba a su favor. Casi se podría decir que de un día para otro los mexicanos nos sentimos burlados a causa de la develación de que el robo del hidrocarburo no era de bandas ilegales proliferando por todo el país, sino como se dijo antes, de los mismos directivos de confianza. Sin embargo, pese a que la bofetada ha sido humillante, del mismo grande la entereza de todos para defender la nueva disposición para ahora sí, y aunque se lea ridículo, expropiar el petróleo de manos bandoleras.

La historia dice que en aquellos años los países “dañados” por las decisiones cardenistas se retorcieron del coraje por verse ir sus ganancias, cosa muy similar con aquellos que trabajando la corrupción hoy ya son investigados por tan semejante aberración a la nación.

Aunque el actual presidente no ha pedido bienes materiales a sus connacionales en su lucha contra el llamado “Huachicoleo” sí ha solicitado paciencia y apoyo a la causa.

Han sido muchos los especialistas que han denominado esta situación como la peor de todos los tiempos a causa de la lenta distribución de gasolina en muchos estados de la república. Sin embargo, otros muchos lo han visto como un resultado natural y a la vez necesario, algo como un proceso correcto para obtener en el devenir de los tiempos un beneficio.

El orador y político francés Robespierre expuso que se puede abandonar a una patria dichosa y triunfante, pero amenazada, destrozada y oprimida jamás; se le salva o se muere por ella. Si aprendiéramos de tal filosofía sin lugar a dudas miraríamos al país muy diferente a como lo hemos visto hasta ahora. Lucharíamos mano a mano con quienes de manera loable y como verdaderos patriotas se afanan por sacar al país del fango en el que otros lo arrojaron a su suerte. Adieu.

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