“Un Fidel castrantemente mexicano”

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Sin duda alguna la historia del mundo está llena de revoluciones, de intentos humanos por librarse de las cadenas de la opresión, ya sea física, económica o emocional. El hoy extinto Fidel Castro siempre admiró y admitió el enorme valor y la tenacidad que los mexicanos tuvieron para resolver, sin importar la sangre que se perdiera en el intento, por lograr su revolución, deslindándose así del opresor imperialista de entonces. Más de una vez admitió lo que este suceso de 1910 causó en su vida y en su sueño de hacer de su país un territorio libre y ajeno a un gobierno que vergonzosamente sólo causaba miseria y desabasto de todo aquello que el pueblo cubano merecía tener.

Derrocar a un Batista que lo había mantenido prisionero por algunos años fue un objetivo del que Fidel jamás se despegó.  Tras su fallido ataque al Cuartel Moncada en 1953, vino a dar a un país como el nuestro que lo recibió con los brazos abiertos y en cuyo seno fraguó una de las revoluciones más emblemáticas de todo Latinoamérica. Junto al Che Guevara y otros colaboradores planearon un asalto al gobierno reinante en Cuba logrando de modo contundente y apasionado una total victoria.

Qué desafortunado y deshonrado es un país que luego de derramar mucha sangre en una guerra de independencia y otra tanta en una revolución, hoy por hoy se encuentre devastada, devaluada y violada al no valorar en nada todas aquellas vidas perdidas en contiendas cuyo fin era la libertad de las masas, en sí, la honra nacional. Ciegos no somos. Todos vemos día con día cómo la Constitución es violentada sin misericordia perdiendo todos esos valores que la colmaban. Cuesta trabajo creer que hombres cuya posición política les obliga a ser guías y líderes de un pueblo, hoy sólo se afanan por devorar las viandas de quienes un día confiaron en ellos. Es difícil entender que el mismo congreso crea todas esas teatralidades del juramento de hacer cumplir la ley y que de no hacerlo se les demande. Hoy en la actualidad se ha rebasado el índice delictivo de políticos que andan a salto de mata con cientos de miles de pesos del pueblo en el bolsillo.

Hoy México y su constitución son una vergüenza mundial. Sus propios líderes pisotean sin pudor y sin pena los símbolos patrios ante los ojos ciegos y los labios cerrados de una ciudadanía que tolera todo por el simple hecho de que es parte de una corrupción parasitaria de la que le es difícil escapar. Alguien ha clasificado al país con una estúpida frase que dice “Todos somos corrupción” y tras dicha expresión y justificando nuestra propia estupidez sonreímos ante la comicidad de tal dicho cuándo lo que debería de ser es justamente hacer una revolución personal que genere el cambio.

Tras cumplir su noventa aniversario, Fidel Castro muere dejando un legado histórico notablemente invaluable. Inspirado en un sentimiento de justicia y así mismo, en un país que le había dado cobijo y que tenía en su haber una revolución muy bien lograda, elaboró un manifiesto en el que informaba de la conformación del Movimiento Revolucionario 26 de julio, para restaurar la democracia y la justicia en Cuba.

Si algo tenía Fidel, era justamente el defender a capa y espada sus ideales. No había cosa que dijese y que pretendiese, que no llevara a buen fin. Jamás se retractaba de sus opiniones y siempre mantuvo su posición de que el capitalismo en sí, era una plaga, una calamidad que de no erradicarse, terminaría por asfixiar al mundo. Sus ideales socialistas siempre pusieron a la isla y a su gobierno como enemigos eternos de los Estados Unidos y otros países que más de una vez le detuvieron el apoyo y la colaboración económica; pero Castro, fiel a sus propósitos de vivir con lo que las manos de su gente producía, logró lo que pocos, realzar el valor individual de sus gobernados.

Luego de que un día, un Vicente Fox le dijese un “Cenas y te vas” por temor a un mal comentario del cubano contra el presidente de los Estados Unidos, en uno de esos encuentros internacionales, hoy México vive hundido en el narcotráfico. Cuba, siempre libre de esa vergüenza tóxica no ha tenido qué librar esa batalla. Sus leyes contundentes no dan opción ni pone incisos, cosa que el gobierno mexicano no ha logrado tener.

Una de sus frases que tanto hizo historia nos muestra ese socialismo que siempre defendió hasta el último día de su vida:

“No Somos un país capitalista, desarrollado en crisis cuyos líderes enloquecen hoy buscando soluciones entre la depresión, la inflación, la falta de mercados y el desempleo. Somos y debemos ser socialistas”

Qué honor el saber que buena parte de la revolución cubana tuvo su génesis en un país como el nuestro. Qué gusto el que aquella revolución sí tuviera sus logros a favor de un pueblo sediento de justicia. Hoy México sigue aguardando ingenuamente los beneficios de la nuestra lograda en 1910.

Sin duda alguna la historia del mundo está llena de revoluciones, pero la más importante a mi juicio, es el revolucionar nuestras maneras de pensar en un mundo cada día más exigente, sólo así lograremos tener un alma muy a la Fidel, castrante y realmente mexicana.

 

 

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