“¡Piedra, papel o…Geño, Eugenio Hernández!”

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Lucio Anneo Séneca tuvo a bien decir que la alacena del pobre es escasa de muchas cosas, pero la delavaro y codicioso carece de todo. Nada más certero para lo que le está sucediendo a ese triunvirato de exgobernadores tamaulipecos como lo son el ahora cautivo Tomás Yarrington, el nuevorehén Eugenio “Geño” Hernández y el aún libre Egidio Torre Cantú, que aunque a la fecha no se le ha perseguido por nada, tuvo lasosa idea de ir personalmente a la ciudad de Reynosa a develar una placa para dar nombre y pavimentar una de sus populosas calles. Bueno, nombrar un camino no es algo condenatorio, pero el que el Gobernador le diera el nombre de Juan Nepomuceno Guerra, fundador del Cártel del Golfo a dicha arteria, eso sí no tiene parangón en el  mundo de la desfachatez. Sin apuro se sacó de la bolsa 8.5 millones de pesos, se los puso en la mano al encargado de la obra y acto seguido se fue a comer a un restaurante de alto prestigio en la ciudad. Con justa razón dicha medida desató todos los demonios del periodismo y de la ira popular, pero no brincó de ahí y hoy tal suceso ha pasado a ser una anécdota más en el álbum de recuerdos del ahora exgobernador priista.

Los niños son muy dados a decidir la suerte con un juego de manos denominado “Piedra, papel o tijera”. En dicho juego  existen tres elementos. La piedra que vence a la tijera destrozándola, la tijera que vence al papel cortándolo y el papel que vence a la piedra envolviéndola, dando lugar a un redondel o tiempo cerrado que define al juego… cosa curiosa pasó en esta triste historia de políticos en el que al final, Egidio Torre Cantú parece haber cerrado el círculo  coronándose (hasta el momento)como el gran ganador del juego con una enorme roca rompiendo la filosa tijera de Geño Hernández. De Yarrington ni hablar, ya había salido del juego tiempo antes.

El fin de la buena suerte para el gran perdedor, Eugenio Hernández, vino cuando las autoridades de Estados Unidos expropiaron millones de dólares de sus cuentas bancarias en ese país. Tal vez una de las cosas que más le dolieron fue el arrebato de esa hermosa casa que tenía en el condado de Bexar, en el estado fronterizo de Texas. Dicho condado no es cualquier cosa, es uno de los sitios más bendecidos por sus beneficios económicos, culturales y naturales. Es irrigado por el río San Antonio y hay sitios como Balcones Creek y San Gerónimo Creek en los que se cree estar en el cielo mismo.

Lo más genial de los gubernativos es creer que estando encumbrados en la política, los lazos de la justicia nunca los alcanzarán. Se sienten invulnerables y protegidos por ciertos ungüentos que los inhiben de cualquier ataque. Es cierto que desde las alturas todo de ve pequeño, desde las promesas de campaña hasta el pueblo mismo. Es cierto que desde allá la supremacía individual amparada por la vanidad y el orgullo vuelve en apariencia intocable a cualquiera, más cuando la nodriza es la corrupción.

Más de un pasajero del vuelo AM935 Monterrey-México de Aeroméxico notó lanerviosidad de un Eugenio Hernández que continuamente checaba su celular, dormitaba de vez en vez para luego despertar repentinamente para luego virar su rostro una y otra vez a su alrededor. Tonto no era, ignorante de lo que había hecho con su pueblo y por lo que se le buscaba por el mundo tampoco. Su vuelo, incrustado en lo más alto de los cielos nacionales con dirección a la capital del país, fue una prisión de casi dos horas. Al bajar de la aeronave ya se le esperaba y se perdió entre esa multitud capitalina que muy pronto sabría que ese hombre de andar gelatinosamente impresionable sería detenido por peculado, alianzas con el narco, apropiación de terrenos propiedad de la nación y lavado dinero ya nopor muchos, sino por cientos de millones de dólares, asunto por el cual las autoridades norteamericanas ya le mordisqueaban las pantorrillas.

Más de uno se sorprendió de la cantidad exorbitante de siete mil setecientos millones de pesos que Yarrington dejara como deuda al momento de abandonar el puesto de gobernador. Saber que la deuda de Eugenio Hernández superara los nueve mil millones fue algo que cayó tan de peso en los tamaulipecos que hubo quienes se prometieron a sí mismo no volver a creer más en el PRI.

Como ha pasado en la caía de otros gobernadores, siempre existen nombres de personas que bajo presión policiaca o por testimonio anónimo han permitido la cautividad de estos maleantes. Aún y cuando no debería de ser así, hoy por hoy ya no nos sorprende nada, no, ni siquiera el que Eugenio se proclame inocente. Igual hicieron César y Javier Duarte y otros que con todo y los cientos de pruebas y testimoniales, todavía miraban a los jueces a los ojos negándolo todo permitiendo saber que su índice de criminalidad y desvergüenza habían llegado al tope.

Como parte de una opereta del antiquísimo teatro griego aparece Geño en cautividad cercado por policías. Se vislumbra cual falsa actriz de televisióncon esos ojitos tritones y rostro apacible, sí, esa expresión con la que había convencido a cientos de tamaulipecos para ofrendarle de todo corazón el voto, ahí estaba de nuevo, opulento y al mismo tiempo devastado. Hoy, bajo el filo del hacha al cuello lanza sus pataletas de inocencia ante lo inevitable. Hoy no hay camaradas con quienes lavar dinero, no hay tiempo de juergas ni juegos de golf en los más prestigiados hoteles de Quintana Roo, mucho menos propiedades pues todas las que tenía en la península yucateca le fueron expropiadas.

Ricardo López Ortiz, al parecer un zeta de los grandes y Fernando Sandoval Martínez, fueron piezas claves para que este juego de la suerte de Piedra, papel o tijera le diera de golpe y certeramente en el pecho al tamaulipeco, vergüenza de su pueblo, del Estado y de todo el país. Sin tapujos y sabiendo que ya nada ganarían si callaban o no, estos hombres evidenciaron los sobornos millonarios que recibieron Yarrington y Hernández Flores de manos criminales a cambio de permitirles operar en paz en territorio tamaulipeco.

El tiempo pasa, pero la sabiduría pervive en su poder de certeza partiéndolo todo como hierro de dos filos, por ello termino compartiendo la idea de Menandro de Atenas en la que atina a decir que el hombre justo no es aquel que no comete ninguna injusticia, si no el que pudiendo ser injusto no quiere serlo y en México, señores míos, no existe en la clase política nadie así. Son tendenciosos a la maldad y al abusoencarnizado contra quienes humildemente los han colocado en la opulencia. Adieu.

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