Oposición brasileña intenta frenar el juicio político a Dilma

"Maranhão tomó una decisión monocrática y se opuso a la de 367 diputados"

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Dilma Rousseff / Foto: Agencia

La Cámara Alta brasileña se convirtió este lunes en un hervidero en el que todos los senadores buscaban con quién dialogar o pelear. Esta semana es clave en la historia política de Brasil: puede ser la última del gobierno de Dilma Rousseff —si el Senado vota por su “impeachment”— o si ella misma renuncia, como lo hizo en 1992 el presidente (y actual senador) Fernando Collor de Mello.

Este lunes, la jornada comenzó temprano, cuando Waldir Maranhão, presidente de la Cámara de Diputados, anuló la sesión que admitió el proceso de juicio político contra la mandataria.

Maranhão, del Partido Progresista, reemplaza a Eduardo Cunha, un archienemigo de Rousseff, segundo en la línea de sucesión y principal agitador del juicio político, quien fue suspendido por el Tribunal Supremo de Brasil a pedido de la fiscalía. Cunha está acusado de interferir en la investigación del caso de corrupción de Petrobras.

“Di lugar a la petición hecha por José Eduardo Cardozo, abogado general del gobierno, porque en la votación ocurrieron vicios que anulan el pleno derecho de la sesión”, explicó Maranhão.

En esa votación, 367 diputados, de un total de 513, aprobaron el juicio para enjuiciar a Rousseff y lo enviaron al Senado, donde muchos congresistas están operando —dentro y fuera de la sala— para seguir adelante y discutirlo el próximo jueves.

Uno de ellos es Renán Calheiros, presidente de la Cámara Alta, quien rechazó la medida tomada por Maranhão, considerándola improcedente. Calificó de “extemporánea” la decisión y dijo que había sido adoptada “cuando el Senado discute el asunto”, por lo que, según fuentes no oficiales, el presidente de la Cámara de Diputados prevé acudir al Tribunal Supremo, puesto que el caso está en la Cámara Alta.

“Creo que Maranhão tomó una decisión personal: no consultó ni con sus compañeros de bancada, ni con sus asesores”, dijo el diputado Waldemir Moka, del Partido de Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), mientras se tomaba un respiro en la sesión no deliberativa de ayer lunes.

“Maranhão tomó una decisión monocrática y se opuso a la de 367 diputados. El proceso está aquí en el Senado, inició, hay una comisión que está trabajando y que fue elegida por 15 votos”, declaró.

Para Moka, la actitud de Maranhão es la de “quien quiere procrastinar”. “Es una actitud de desesperación total”, declaró.

La polarización es un signo de esta época. O se está con Rousseff o en contra; no hay punto medio. El senador Telmário Mota, del Partido Democrático Trabalhista, apoyó la medida tomada este lunes. “Todo el mundo sabe que este proceso fue concebido por el odio y la venganza, y que fue idea de Eduardo Cunha”, aseguró.

“Es un asunto político y no jurídico, creo que la decisión de Maranhão está bien para corregir los vicios del proceso, que son graves. Aparte, la imagen del Congreso cayó con todo esto: hay gente en la calle que pide que se disuelvan ambas cámaras. Por eso, creo que estamos a tiempo de corregir los errores”, agregó Mota.

La presidenta Rousseff, mientras tanto, piensa qué hacer. El viernes pasado, el mayor rumor que circulaba en la ciudad decía que la hija política de Luiz Inácio Lula da Silva iba a renunciar para evitar el juicio político y que en su discurso de dimisión iba a pedirle a su vicepresidente, Michel Temer, que él también tuviera la valentía de dejar el poder.

Se hubiera tratado de un llamado a la construcción de un nuevo cuerpo político para Brasil, pero nada de eso ocurrió. “Echaron a correr el rumor, vieron qué respuesta tenía en la opinión pública y al final decidieron seguir como antes, jugándose hasta el final”, declaró un asesor, en un pasillo de la Cámara Alta.

Otras versiones decían que, en caso de que las jornadas por el juicio político se realicen en el Senado y la presidenta sea suspendida, invitaría a sus partidarios a marchar con ella desde el Palacio del Planalto hasta su vivienda, caminando unos siete kilómetros, para asumir esa suerte de exilio tomando las calles de la capital.

Rousseff atraviesa horas definitorias y su cuerpo da cuenta de ello: sobreviviente de un cáncer del sistema linfático en 2011, se deja ver enflaquecida y cansada.

Pero no es la única: en los pasillos del Senado, algunos congresistas tomaban medicamentos y otros buscaban un poco de aire antes de volver al pleno de las 81 butacas. Lo cierto es que, enterada de la decisión de Maranhão de anular la sesión de Diputados, ayer la presidenta pidió cautela a sus seguidores, que rompieron en festejos cuando se enteraron, mientras ella mantenía un encuentro con el sector educativo.

“Supe que el recurso fue aceptado y que el proceso está suspendido”, mencionó. “No es oficial, no sé las consecuencias, tengan cautela, vivimos una coyuntura de mañas y artimañas”, declaró la mandataria.