“Ni tantita tristeza”

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Ni tantita alegría nos da la enorme decadencia en la que el ser humano se ha ido sumergiendo con el paso de los años. La situación delictiva que se nos ha echado encima, ya no sólo a nuestro país, sino a una buena parte de nuestra amadísima América, es enorme y agobiante. Hay acontecimientos tan descabellados que hace veinte o treinta años ni imaginábamos llegar a escuchar. Con todo y que siempre ha existido la insensibilidad, eran tiempos en los que nuestras prioridades eran otras y no la situación mundial que hoy impera.

Podríamos hablar de sangrientos crímenes pasionales, abusos sexuales a niños o mujeres violentadas. Podríamos hablar de muchísimas cosas que en el día a día vemos en los diarios, escuchamos en la radio o vemos en televisión, pero con todo eso jamás nos alegramos y mucho menos nos da ni tantita alegría el padecimiento ajeno.

Hace algunos días el caso de la familia Le Barón acaparó escandalosamente los titulares de los periódicos en circulación y se convirtió en primicia en los espacios noticiosos en televisión. Podría parecer un caso como muchos otros, pero no fue así.

Masacres relacionadas con el narco hay muchas y cada día. Al caer la noche las cifras de muertos están siempre a la alza y lo peor, nos hemos deshumanizado tanto que hemos dejado de sentir.

En cierto modo el caso de los Le Barón fue un tanto distinto. Bueno, son vida humanas, pero estamos todavía tiernos en cuestiones de infanticidios, bueno, no a esta dimensión tan horrible y por demás triste. Luego de escuchar al jovencito que sobrevivió al atentado y saber de las huellas que seguramente quedarán en su alma por siempre, nos ponemos a pensar en que esto es en verdad alarmante. Niños, estamos hablando de niños e imágenes que antes sólo veíamos en la ex Yugoslavia, Sarajevo, Bagdad, Siria, pero ¿México?

Hace unos días la titular de la popular revista Algarabía tuvo a mal expresar en sus redes sociales que no sentía ni tantita tristeza por lo anteriormente acaecido a la familia originaria de los Estados Unidos. Basaba su sentir en el hecho de que se hablaba de posibles actitudes turbias de la familia norteamericana contra gente mexicana. Se hablaba de posibles tratos con el narco, de tierras, siembras, mantos acuíferos, etc.

Para su mala fortuna y por haber expresado sus sentimientos,  Pilar Montes de Oca fue echada a la calle. Los nuevos lideres de la publicación hicieron extensiva su disculpa por los comentarios insensibles de la editora ante tan tremenda y triste tragedia. Si bien es cierto que las redes sociales son un sitio público y de mucha libertad de expresión, hoy por hoy las restricciones que estas mismas han puesto son lo bastante necesarias. Hoy y a como están las cosas no es posible atizar el fuego con palabras incendiarios e hirientes que lo único que provocan son contiendas y destrucciones emocionales.

Si bien es cierto que existen muchas personas en el planeta que agradeceríamos estuvieran en otra dimensión y no en la nuestra, congratularse, festejar, hacer carnaval o un gran festín por la muerte injusta de ancianos, mujeres o infantes, no cabe en una sociedad sedienta de justicia y paz.

En lo personal me da muchita tristeza el que seres humanos inocentes se vean envueltos en ese fuego cruzado que es el aumentado egoísmo que se cierne sobre nuestros cielos. Las escenas eran en verdad horribles, inhumanas. Si nuestras pupilas malamente se han acostumbrado a ver cuerpos destazados, el hacerlo con niños sería literalmente estar perdidos.

“Ni tantita tristeza”, qué caray, qué frase tan desafortunada y dolorosa. Punzante en verdad. Algo así carga mucho de rencor y frustración. Es verdad que el miedo nos invade, sin embargo, perdida la esperanza, extraviado está todo.

Sigamos teniendo tristeza, pero también anhelo. Hay muchas personas que en este momento padecen hasta lo indecible en centros de rehabilitación. Muchos de ellos son inocentes. Estuvieron en el momento equivocado y en la hora no indicada. Eso no significa que les deseemos la silla eléctrica.

Cambiemos, es necesario hacerlo. Evitemos contribuir con el incendio de Notre Dame que es nuestra patria. Que nos duela México, que sus tragedias no sean sólo un pellizco en nuestra piel, sino un duro golpe a nuestra identidad, a nuestra mexicanidad.

Ni tantita alegría nos da esta decadencia, pero miremos al frente, tentémonos el alma, respiremos profundo y amemos a nuestros semejantes,  sólo así, luchando en medio de la jauría violenta que nos rodea podremos sobrevivir. Adieu.

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