“México… y sus sangrientas cuentas pendientes”

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Dicen que las deudas de juego son siempre deudas de honor. Igual podrían ser como aquellas de antaño que a como diera lugar se pagaban y en las que los agraviados iban a despoblado, caminaban diez pasos en sentido contrario, se volvían parsimoniosamente para luego dispararse a quemarropa.

Si no todos, sí muchos de los que han regido a México desde la opulencia con intenciones ilusoriamente democráticas y acciones monárquicas, han causado con sus leyes violadas, flacas, deslucidas y claramente contaminadas por la corrupción, que el pueblo se sienta abruptamente ofendido, afrentado, maltratado y vituperado un sinfín de veces.  Y es que tanto el gobierno mexicano como el de muchos otros países se les ha olvidado que el pueblo es como un volcán. Un cráter que tarde o temprano sentirá la presión ígnea en su seno y que inopinadamente estallará arrojando su magma a diestra y siniestra y con muy pocas piedades hacia quienes con desvergonzado engreimiento han oprimido a quienes prometieron elevar. Tanto el cuerpo del hombre como su valor individual tienen cierto grado de resistencia que cuando se es violentado tiende a reclamar lo suyo y que no es otra cosa que el respeto a la ley natural del no abuso o exterminio del honor.

El alma mexicana es en sí de una nobleza extraordinaria. Posee un alto grado de fe en sus creencias al grado de que al ver a Cortés llegar a la gran Tenochtitlan creyeron con certeza que era el sagrado Quetzalcóatl cumpliendo su promesa de volver un día por donde se había ido, a decir, por el mar. Pese a que se le dio todo lo que ni siquiera pidió, el español abusó de tal forma del pueblo hasta casi el exterminio… ¿quebrantaron su franqueza y su humildad? Claro que no. No por nada México es territorio favorito para muchos extranjeros que regresan a sus patrias hablando maravillas de los nuestros. Su dignidad se evidencia en sus mil formas de servicio. Pretender pasar por encima de su nobleza es lo que tiene al país herido y burlado. Más que nada por todas esas cosas que aún y cuando existen pruebas y certezas reales ya sea de negligencia o con propósito, los abusos sigan impunes cual heridas abiertas que ni siquiera se han ocupado en intentar sanar aunque fuera con falsas plaquetas… y es que si hablamos de cuentas pendientes las hay muchas, desde las económicas, sociales y culturales. Cosas incomodas para gobierno que tras los cuestionamientos periodísticos se han deslindado con inverosímiles evasivas. Pero una cosa sí es cierta, el pueblo no olvida ni olvidará jamás y menos cuando esas deudas tienen qué ver tanto con el honor como con la sangre.

Si se habla de manchas de ignominia o deshonor, no es difícil dar con sucesos de los cuales el gobierno no desea hablar, pero que la historia y su gente la grita desde las ciudades, cañadas, pueblos y montañas. Es sencillo expresarlo, pero duro recordarlo… ¿qué de los chinos en los años veinte cuyo honor fue vituperado en la ilustre y posteriormente avergonzada ciudad de Torreón, Coahuila? Una mancha enorme en el gobierno del visionario y Padre de la Democracia don Francisco Ignacio Madero. Es cierto que aunque no eran mexicanos, estos habían aportado con su industria y su ingeniosidad muchas cosas a la Región Lagunera en aquella época de mucho florecimiento comercial. Sencillo, uno de los bancos más ricos era justamente el de ellos. Es tiempo que nadie desea tocar ese tema en el que cientos de orientales fueron asesinados a manos de un gobierno que posteriormente justificó como un malentendido.

Ni qué hablar de los japoneses que viviendo en nuestro país, de pronto el gobierno les dio la espalda por una razón en la que ni siquiera estaban inmiscuidos directamente: Pearl Harbor. De un día para otro y a razón de ese inesperado bombardeo a las instalaciones navales estadounidenses a manos de los nipones, los que vivían en nuestro país se convirtieron en sospechosos y hasta cómplices. Se deportaron por miles y desaparecidos por cientos. Personas más mexicanas que los mismos mexicanos que fueron tratados como nada por un gobierno que prefirió quedar bien con los estadounidenses antes que con aquellos que habían contribuido en el crecimiento económico del país. Hoy cada que algún corresponsal incomoda a las autoridades en ruedas de prensa con alguna pregunta sobre el tema, llueven las disculpas, aunque estas no borren la tremenda vergüenza que el pueblo lleva encima al ser presidido por ineficientes y vulgares hombres carentes de conocimientos sobre gobernabilidad.

Como mexicanos nos pudo la muerte de todos aquellos indígenas del pueblo de Acteal, Chiapas durante el mandato de Ernesto Zedillo. Es fecha que ninguno de los comisionados que se han encargado del caso han podido siquiera decir qué es lo que pasó con exactitud… ¿Qué de los estudiantes de Ayotzinapa en Guerrero?  ¿Y los pequeñitos de la guardería ABC? ¿Sería prejuicioso pensar en que alguien oprimió el botón “mute” en el control remoto de las investigaciones a cambio de un silencio pagado por unos cuantos millones? ¿Puede cierta cantidad de pesos tener más peso que el honor? Cierto es que para los padres de familia que perdieron a sus hijos el luto no terminará jamás y eso únicamente lo entienden quiénes de un modo u otro han perdido algún ser querido. Otros cargan con las secuelas. Niños vivos, pero dañados en su piel, vista, sensibilidad, etc. A tanto año ¿Quién fue culpable? Son preguntas muy caras y aunque no lo crean, con respuesta. Porque si cuestionamos sobre el por qué siguen enterrados los cincuenta y tantos mineros en la ya mítica Pasta de Conchos, en la ciudad productora de carbón de San Juan de Sabinas, en el corazón del Estado de Coahuila, también hay respuestas, y muchas… y pese al dolor, los cuerpos desintegrados o integrados siguen ahí en las negras y feroces fauces de la tierra que hizo ricos y felices a muchos y pobres e infelices a otros, esos otros que no son más que madres, padres, hermanos, hermanas, hijos y esposas, personas que tienen un nombre y que en su abrasadora aflicción y ante el silencio del gobierno no les ha restado más que soportarlo pacientemente… y una más, Coahuila y su Región de los Cinco Manantiales. Sus más de trescientos desaparecidos cada día hacen más y más historia. Ni qué decir, ni qué opinar de algo que a ojos vistos se sabe pero que todo el mundo calla, principalmente los noticieros corrompidos y confabulados con un incómodo gobierno que tan frío como es se olvida de que sus gobernados tienen alma, que sienten y que también desean algo de esa colmada riqueza que este país tiene.

Toda ley tiene un justo propósito y nuestra Constitución está colmada de ello… y es que es justamente por el hombre y para el hombre por lo que existen las leyes y los valores, siempre y cuando éstas y estos se respeten por quienes han sido promulgadas. Nuestra gente lo menos que desea es quebrantar la paz, esa armonía que tanto ha costado a cada mexicano preservar para un bien común. El pueblo sólo quiere justicia y honor. Honor y derecho a vivir en paz…adieu.