“México ante el Despotismo del Poder Judicial”

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No hay peor vergüenza que vivir en una nación que se proclame humana y generosa, y que lleve encima una horrible parasitosis de despotismo ilustrado muy al estilo de la vieja Francia de Luis XVI y la de un humillante porfiriato.

Por muchos años México ha vivido como las perras, sí, con un poder judicial cual cachorros que, siendo capaces de andar y alimentarse por sí mismos, siguen arrastrándose pegados a la ubre de la madre. Se niegan a destetarse por que les agrada esa vida parasítica de ir sangrando a quien los vio nacer.

Por décadas,ministros y otros funcionarios del poder judicial mexicano han vivido en la opulencia y bajo las alas de un águila independiente. Bajo la consigna de que sólo ellos y nadie más que ellos ponen y quitan en las altas esferas de la justicia mexicana, han hecho y deshecho en un silencio que nadie, por años ha osado romper.

Como ya se dijo al inicio, deambulan descaradamente en un absolutismo ilustrado en el que le han dado lustre a esa frase ya mítica de la Francia imperial en la que se decía que: “Toda para el pueblo, pero sin el pueblo”.

Hoy, con un Absolutismo Benevolente muy adormecedor, la historia se repite cuando los jueces y magistrados y otros poderosos de las altas esferas, adormecen al pueblo con promesas y cientos de maravillas que satisfacen sus sentidos, pero, porque siempre hay un pero, bajo condición de que no habrá de opinar ni extender su mano para cambiar nada de lo establecido.

Ante la horrible hambruna de 1778 las clases más bajas se apostaron frente a palacio exigiendo a los emperadores alimento. Se dice que ante tanta fatalidad y mortandad en el pueblo francés, María Antonieta de Versalles cuestionó sobre el que reclamaba el pueblo. Al decírselo, se limitó a decir esa frase que la hiciera tan famosa: “Qu’ils mangent de la brioche” Casi textualmente, “que coman pasteles”.

La insensibilidad ante la pobreza de sus propios pueblos no es cosa de la historia, es algo tan vigente en pleno 2018. Ni trabajo nos costará pensar en las comunidades más pobres de México. Existen pueblos potosinos, chiapanecos, michoacanos, oaxaqueños y otros más cuya pobreza raya en la pena. Niños mueren de enfermedades tan simples como la gripe por falta de medicamentos… pero eso a la opulencia de las magistraturas no les importa mucho.

Vivimos en un país que fanfarronea de ser solidario con la tragedia extranjera, pero se fastidia de que le pidan para la colecta nacional de la Cruz Roja. Tan vergonzoso así. Vivimos en una nación en la que un magistrado gana $600, 000,00 mensuales, justo la cantidad que un obrero necesita para poder pagar por toda una vida una diminuta casita de muñecas tan frágil y deplorable como las que ofrecen las constructoras amparadas por INFONAVIT y FOVISSSTE. Concluimos por tanto que cualquiera de estos hombres si así se lo propusiera, podría comprar toda una colonia de estas constructoras y vivir ahora sí, de sus rentas.

Ahora que la denominada Cuarta transformación liderada por un Andrés Manuel López Obrador ha llegado con la lanza arriba dispuesta a derrocar la opulencia en favor de los pobres, éstos se han amparado diciendo que es una grandísima difamación el que se diga que su capital mensual es la citada cantidad en líneas anteriores. Se defienden desvergonzadamente aduciendo que la realidad es que es mucho menos, a decir, $579, 000,00. Es aquí donde salta a la vista en cinismo de los cachorros, por no decir perros, que se niegan al destete materno.

Qué cosas señores míos. Los adultos mayores, esos que nos han precedido y han forjado todo esto que nos han heredado, reciben una módica cantidad de $1160,00 bimestrales. El gusto con el que lo reciben es tan noble. Agradecen a los pagadores y hasta al presidente de la república por su “Ayudita”. Da coraje, el hecho de que viviendo al amparo de la democracia, los lacras parasitarios vivan como piojos y garrapatas confundidas entre las entrañas de la justicia nacional, esto mientras que los pobres y en particular los ancianos, casi pidan misericordia.

Hagamos de la Cuarta transformación algo posible. Transformémonos a nosotros mismos en personas más justas y nobles. Tal vez el despotismo nunca logremos erradicarlo y esos sátrapas nacionales sigas chupando ellos solos la ubre que es de todos. Aquí no aplica la ley del más fuerte, sino del más cobarde y traidor. Aquí no aplica eso de que, disfruta por estudioso, no es así, ninguna universidad gradúa expertos corruptos.

“El servicio público no es para hacer dinero, es para servir a los ciudadanos” dijo el presidente.

Confiemos pues que ningún amparo pueda contra la justicia porque ésta, sólo será vencida cuando todos apoyemos a unos cuantos corruptos, adieu.

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