“Magnicidio a la mexicana”

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Las combinaciones secretas no son nada nuevo en territorio nacional. Dichas mixturas criminales basadas en una insaciable sed de poder son antiquísimas. No nos extrañe que los crímenes contra políticos en México sean tan recurrentes cuando es aquí y desde tiempos prehispánicos, cuando los enemigos eran descuartizados y los prisioneros empalados y sacrificados a los dioses. Somos gente salvaje si no por naturaleza, sí por una mala educación, esa clase de educación que a la letra dicta “El que no transa no avanza”, teoría muy mexicana que ha llevado a la nación a un grado de mediocridad en la que mucho nos ha complacido vivir. Respetar no es lo nuestro, mucho menos dar al que menos tiene con todo y que proclamemos que somos solidarios.

El maestro de la solidaridad sin duda alguna fue Carlos Salinas de Gortari. Tanto así que creó un programa con el mismo nombre. Cosa curiosa, a tanto año que dejó la presidencia nacional, sigue siendo el amo y señor de los magnicidios según encuesta popular. Todo mexicano apuesta que fue él y solamente él el causante de la muerte del candidato priista al gobierno nacional Luis Donaldo Colosio. De hecho se considera el primer magnicidio en nuestra época luego del deÁlvaro Obregón en el restaurante La Bombilla en 1928.

 

Si Miguel Barbosa Huerta se confundió o evidenció información importantísima con respecto a la muerte de Martha Erika Alonso y Rafael Moreno Valle, gobernadora y exgobernador de Puebla, quedó muy mal parado ante un auditorio que está buscando cualquier detalle para culpar a alguien. Aunque con esa expresión de anfibio a medio morir bien se podría justificar una equivocación.

Los magnicidios no son nada nuevo en una nación en la que dichas acciones son necesarias cuando alguien se torna incómodo para alcanzar objetivos. La Revolución Mexicana, trajo consigo una infinidad de crímenes de esta índole. Bien podríamos hablar de Emiliano Zapata en la hacienda de Chinameca; Francisco Villa en Parral Chihuahua; Venustiano Carranza en Tlaxcalantongo, justamente en Puebla; Francisco Ignacio Madero y Pino Suárez en el palacio de Lecumberri. Si hemos de hablar de tiempos modernos no podemos esquivar la muerte de Colosio en Lomas Taurinas a manos del ya mencionado Salinas de Gortari.

Según las estadísticas, México es uno de los países con más crímenes políticos y religiosos. Los asesinatos en contra de alcaldes en territorio nacional ha ido a la alza. Con 178 actos de violencia contra funcionarios públicos no podemos decir que se va por un buen camino. La criminalidad busca algo y si no es el hecho de que los dejen trabajar el narco en paz, una de las razones es el hecho de apoderarse de un puesto político.

No hace mucho la ciudad fronteriza de Piedras Negras se vio devastada con la muerte del político priista Fernando Purón. Su asesinato se vio evidenciado en un crudo video en el que el asesino lo asecha por varios minutos, luego de los cuales se acerca y le deja en la cabeza un par de disparos. El político nigropetense fue un hombre que intentó frenar la delincuencia organizada lanzando diversas amenazas a los maleantes. De hecho él mismo ya había sido amenazado de muerte si no paraba su guerra contra el narco.

Ahora con la muerte de la gobernadora poblana y su esposo, también exgobernador de Puebla, la lanza apunta a un gobierno morenista que a capa y espada se defiende con todo tipo de argumentos válidos para defender su inocencia.

En México nos gusta jugar con las emociones. Un día les lloramos a los estudiantesdesaparecidos en Ayotzinapa y al siguiente los hemos olvidado. Ni que decir de las muertas de Juárez, los niños de la guardería ABC y los mineros que aunsiguenenterrados en mina Pasta de Conchos en el corazón de Coahuila.

Todos llevamos en nuestro corazón un magnicida dispuesto a acabar con alguien que nos estorba. Y lo hacemos en lo laboral o académico. Deseamos ser nosotros y sólo nosotros atropellando a quien se nos atraviese. Es justamente el egoísmo incubado en la infancia y madurado en la adolescencia lo que ha llevado a crear una generación de magnicidas y egoístas que sólo buscan el beneficio propio.

Hoy en Puebla lloran unos y otros gozan. Nadie desconoce las cantidades estratosféricas que los hoy occisos desaparecieron de las arcas. Muchos han llegado a pensar que todo fue una pantomima, que en realidad quisieron burlar al fisco fingiendo un accidente para ir a ocultarse en algún pueblo de Europa.

A como fuere, en México tenemos excelentes escuelas dedicadas a la delincuencia y eso, eso lo tenemos bien merecido por haber aceptado ser gobernados por una serie de supuestos demócratas que terminaron siendo acaudalados neoliberales viviendo como príncipes dejando un pueblo en hambruna. Adieu.

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