La Pluma Profana: “¿Un mexicano en suiza?”

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Por: El Markés
En una reciente encuesta se le preguntó a una cierta cantidad de mexicanos en qué país podrían encontrar la plena felicidad. Las opiniones fueron diversas: Canadá, España y claro, los Estados Unidos. Un 70% mencionó Suiza. A la segunda pregunta sobre cuáles serían sus metas de vivir allá, mencionaron el comprarse un auto, ropa de marca y tener la solvencia económica para remesar.

No es nada nuevo el que el país Suizo tenga un progreso notable. Muchas naciones han volteado a verla y tomarla como un ejemplo y por qué no, como una posibilidad de migrar y como creen muchos mexicanos, alcanzar la tan anhelada felicidad. ¿En qué consiste la vanguardia de dicho país? Muy aparte de las buenas decisiones de sus líderes, existe en aquella nación un código no escrito en papel que hace de su gente algo distinto. Por ejemplo, el tiempo en familia es vital al grado de que los negocios están cerrados el día domingo, cosa que jamás ocurriría en América.Tienden a darle mucha importancia al tiempo en casa. Los impuestos se calculan de acuerdo con el salario y quedarse sin empleo nunca será el fin del mundo cuando las terminaciones te permiten un lapso lo bastante suficiente como para poder encontrar una nueva oportunidad laboral.

En aquél país los centros de rehabilitación y las prisiones se han estado cerrando por falta de uso, acá en nuestra amada patria los gobiernos se jactan de la creación de nuevos espacios militares y centros para rehabilitar a los delincuentes. Nadie desconoce que los sitios destinados para recuperar socialmente a los internos comúnmente resultan ser escuelas que gradúan a la vuelta de algunos años a especialistas en secuestros y extorsión.

Comúnmente quien mira desde afuera cree que el gran éxito que tienen  los países progresistas viene a raíz de útiles reformas políticas o de hombres entregados que a la postre se convierten en héroes. Nada más lejano que eso. La vida en dichos países es muchísimo más cara de lo que se cree, pero su organización es mucho más estudiada. Lo que los mantiene en un constante éxito son meramente las buenas costumbres y los ideales  familiares más que cualquier otra cosa.

Un mexicano en Suiza sería como un violinista en un concierto de Reggaetón. Se sentiría incómodo de ver tantos buenos hábitos que sin duda se volvería al país en el próximo vuelo. Se es necesario cambiar de actitud para poder evolucionar como seres humanos y tornar nuestra nación como deseable a los demás. Desafortunadamente el connacional tiene una mecha muy corta; es un egoísta que sólo desea poseer sin compartir; poseer más que el otro.

Dijo René Descartes que sólo existen dos cosas que contribuyen a avanzar. La primera es el ir más  de prisa que los demás, y la segunda, yendo por el camino correcto. Nuestra nación, si nos apegamos a las palabras de Descartes, no ha avanzado mucho con todo y que tiene lo necesario para hacerlo, una porque quiere ir más de prisa pisando a quien se le ponga en frente. Está atorado entre sus propias ramas de la corrupción que desafortunadamente lo ha estado ahogando por años. Ni qué decir que esté yendo por el camino correcto pues eso sólo se escucha en los informes de gobierno. No por herencia, sino por malas costumbres, el mexicano siempre ha tenido esa inclinación a desear tenerlo todo sin un esfuerzo propio. Cuando por azar del destino o por trabajo logra su cometido, vuelve a sus orígenes sólo para presumir. La humildad rara vez cabe en su corazón. No por nada son muchos los mexicanos que triunfando en los Estados unidos vuelven a sus pueblos en México presumiendo sus galas. Su orgullo es tal que muchos de ellos jamás evidenciarán que tras de aquel atuendo muchas veces existe un ominoso abuso laboral en su contra por parte del anglosajón.

La felicidad en sí no la da el vivir en Corea del Norte, Sudán, Canadá o Brasil. La da la seguridad personal de que se está viviendo del modo correcto. Sabiendo que se está atendiendo las responsabilidades inmediatas las cuales sí son de muchísimo más valor.

Se avanza, claro está, cuando se piensa en grande; cuando tus pies están en México, pero tienes espíritu sueco. Cuando tu realidad es tener un salario y que en base a ello planeas un bienestar ya no personal, sino colectivo. Cuando dentro de tus planes no está el irte a pasear al mejor parque de los Estados Unidos, porque esa es la moda, porque los demás lo hacen. La clave está en salir de casa al parque más cercano, reírte con los tuyos como hacía mucho no lo hacías y sólo así entenderás que el país de la felicidad se encuentra en el estado de la mente. Adieu.