La pluma profana de El Markés

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“Depredadores

Le han denominado Acuerdo Artemis. En él, ocho países: Estados Unidos, Australia, Emiratos Árabes Unidos, Reino Unido, Italia, Luxemburgo, Japón y Canadá, se han, ahora sí que aliado para explorar la luna. En este acuerdo nadie podrá adueñarse de nada de lo que se encuentre allá, porque según el tratado, habrá algo así como un reparto equitativo en el pillaje.

El hombre es el peor depredador de su propia especie y en eso estamos más que de acuerdo. En su deseo de aniquilarse a sí mismo, ha utilizado el recurso del poder. Las contiendas bélicas han sido un ejemplo fehaciente de tal teoría. Desde que se ha habitado este planeta, han existido periodos muy cortos de paz. La humanidad se la ha pasado la mayor parte del tiempo en un eterno conflicto matrimonial en el que nación contra nación se han dado bofetada a bofetada creando una relación lo bastante tóxica.

Siempre habrá un problema por el cual armar una contienda y si no existe, sobran razones para hacerlo. Así en su intento de apoderarse de todo lo que pueda, siempre habrá una nación poderosa que se alce como tirana. En su tiempo lo fue Roma, los Persas, La Unión Soviética  y hoy los Estados Unidos. Bajo un manto de proteger a los débiles, muchos de estos países solo buscan con un interés muy marcado, las posesiones de los demás. Nadie desconoce que el petróleo ha sido la manzana de oro que muchos países han deseado. Claro, si se es un país débil y posee este tesoro negro, no le queda más que acercarse a un valiente que lo proteja. Eso me hace recordar esa alianza de Estados Unidos con Israel, ya que este último Israel ha sido por décadas una bella concubina que ha sabido ganarse los amores del titán de las barras y las estrellas.

Como devastador de su propia especie, el ser humano ha aniquilado a cientos de millones de sus semejantes en guerras absurdas. El exterminio judío es una muestra de ello; sin embargo, la mortandad por la llamada conquista española, inglesa y francesa sobre el continente americano es algo que no podemos dejar de lado. La historia ha revelado que fueron millones los nativos americanos que fueron asesinados en esa intrusión europea. Y es que en todas estas intervenciones ya no sólo era el asesinato, sino el abuso por medio de la esclavitud. Así, por medio de estas acciones, el ser humano se ha desfalcado a sí mismo siempre en la búsqueda del poder.

Otra de las formas de depredación humana, ha sido el comerse de un bocado la naturaleza que le ha sido dada para su sostén. Lo que antes era una enorme mancha cubriendo buena parte del planeta y que no era otra cosa que sus zonas verdes, hoy se han disminuido gravemente a causa de la terrible y avasalladora tala secreta de árboles. La curiosidad aquí es que antes se decía que lo hacían clandestinamente, hoy todo se hace al amparo de la corrupción y si surge un defensor de la naturaleza, es aniquilado sin problema alguno. México es uno de los países con más homicidios de luchadores de la naturaleza que ningún otro. Le siguen Colombia, Brasil, Honduras y otros más.

Al  norte de Coahuila, en México, existe una celosa agrupación de indios Kikapú. Dicha reserva proviene de los Estados Unidos y que tras algunos tratados le fue dada una enorme extensión natural en la que han vivido por muchísimos años. Dicha reserva está ubicada en Melchor Múzquiz, Pueblo Mágico. Atraídos por el hechizo que el turismo ha sabido manejar, personas nacionales y extranjeras se han dado cita para conocer este peculiar grupo de indios que conservan en muchos aspectos ese modo de vivir tan rústico que a muchos impresiona.

Los kikapú son una tribu muy celosa de sus costumbres y de sus territorios. Con todo y que la secretaría de turismo integra a este clan como uno de los atractivos principales del pueblo mágico, no hay que confiarse mucho pues, para poder interactuar con ellos y caminar por sus territorios requiere de un permiso.

El celo de los kikapú es muy valioso. Gracias a eso sus territorios se mantienen intactos, es decir, la naturaleza se manifiesta tal cual y sin ninguna interferencia indebida. En cuestión de pesca sólo extraen del río lo que se va a consumir y dejan que la naturaleza se reproduzca a sus tiempos. Su notabilísima sabiduría y sus bien pensados permisos, ha permitido que la destrucción no se apodere de todo. Y es que nadie pone en tela de juicio el hecho de que si estos permitieran el libre acceso a sus reservas, hoy estarían llenas de basura, el río contaminado y sus bosque talados.

El calentamiento global es un claro ejemplo de nuestras acciones. El tiempo se acorta y la inhalación de aire puro también. Reflexionemos sobre nuestras acciones, individualmente, luego en comunidad y así hasta lograr recuperar algo que podamos heredar a nuestros hijos. Digamos no a la depredación, Adieu.

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