“Infanticidio educativo”

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Hoy México comete el crimen de infanticidio y no hay ley u organización mundial que lo juzgue, es en muchos aspectos como las crías sin madre, si no se le da de comer en la boca, tienden a morir.

Por siglos y sin considerar la época del período de gloria maya y el esplendor azteca, nuestro país ha dependido en muchos modos de países extranjeros con un potencial mucho más avanzado que el nuestro para mantenerse a flote. Por mucho tiempo hemos recibido la tecnología oriental porque es más sofisticada y novedosa; las prendas extranjeras por sentirlas de mejor clase y en el caso de la educación, hemos optado por enviar a nuestros hijos al extranjero porque ya se nos ha convencido de que el aprendizaje fuera de territorio mexicano es mucho más productivo.

Robert M. Hutchins, estadounidense y alma mater de la Universidad de Yale tenía una idea muy original sobre lo que era la educación, al grado de crear lo que él llamó «La universidad de Utopía».

Su idea era que «el objeto del sistema educativo, considerado como un todo, no es producir manos para la industria o enseñar a los jóvenes como hacer su vida. Es producir ciudadanos responsables».

Hutchins y su ideal de desarrollo describe un país que ha evolucionado hasta transformarse en una sociedad única, utopía donde su sistema de educación tiene la bien definida meta de suscitar el perfeccionamiento intelectual de las personas. Decía que el objetivo de la educación era preparar a los jóvenes a educarse a ellos mismos para el futuro, cosa que muchos países que hoy son potencias en la erudición han aplicado con tal ahínco que por ende los ha colocado en una posición tan favorecedora sobre otras que no han hecho otra cosa que vivir salvajemente consumiéndose unos contra otros.

No por nada las grandes potencias comerciales y culturales del orbe se colocan así mismas en el más alto escalafón de lo que bien podríamos llamar Estratos sociales de la sociedad mundial. Se llaman a sí mismo “Del primer mundo” dejándonos con la duda de cuál es el segundo al ponernos a nosotros como mexicanos en el tercero.

El muy notable retroceso social, cultural, económico y hasta emocional que poseemos los “tercermundistas” no es algo de hoy. Se arrastran siglos de atraso, siglos de encierro y prohibiciones de ideas que dejan en mucho qué desear hasta la libertad de expresión… no por nada muchos de los países que gozan de una transcendental vanguardia sin duda han de pensar que México es un país muy en reversa en cuestión educativa. Basta para ellos escuchar lo que se dice en los noticieros sobre la guerra magisterial contra el gobierno. El estigma que nos da esa posición ante los ojos del mundo es por el hecho de que se nos ha catalogado como un territorio de gente salvaje que se niega a progresar y que en su gran mayoría, los ciudadanos optan por la violencia para obtener los beneficios antes que el diálogo. El razonamiento existe únicamente en lo que se llama la civilización y dado que las pruebas contundentes señalan que en este país existe más violencia que coloquios, muy pocas naciones desean invertir en un territorio agrestemente incivilizado. Se nos tiene por corruptos y vende patrias al sin importarnos su importancia, preferimos negociar una pieza arqueológica aun extranjero, antes que protegerla como un objeto propio de nuestra historia.

Por curioso que parezca, algunos países que tienen un progreso tal que alumbran con luz propia, no es precisamente por su poderío militar. Muchos de ellos le invierten al futuro aunque su presente sea adverso. Los pequeños son educados a un nivel tal que ni advierten que en otros sitios del planeta los conocimientos a su edad están por los suelos. Porque mientras en México y otros países latinos los niños de preescolar utilizan plastilina y hacen trabajos con corcholatas pintadas, en países como Japón, Corea y Holanda, a ese mismo nivel educativo ya están sobre las matemáticas e introducción a la tecnología.

Hoy México le tiene miedo a los cambios y al tenerlo, estos se detienen. Mientras el gobierno se ha lanzado a una cruenta lucha de defensa en contra de un numerosos grupo de personas cuya bandera de maestros ha causado la pérdida de empleos y afectaciones al turismo, mientras eso pasa, la infancia sigue en las calles, explotada en los campos de cultivo, como esclavos en lo más lejano de la sierra coahuilense, de Chihuahua, Sonora y otros estados. Otros más son llevados por la llamada bestia metálica hacia el norte, con la esperanza de algo mejor que no tenga nada qué ver con la escuela. Existen los que son sometidos a una vergonzosa explotación sexual ante la cual el gobierno se ha tornado frío.

El escritor y periodista inglés Gilbert K. Chesterton, dijo que la educación es el alma de una sociedad, ya que pasa de una generación a otra, sin embargo, en nuestro país y con el paso de los años se ha caído en un macabro infanticidio educativo en el que a vistas se nota que lo que menos le importa al gobierno es la inversión en este rubro. Basta con salir a la calle y encontrarse en cada importante cruce de avenidas y a la sombra de un semáforo a una cantidad notable de niños vendiendo dulces, haciendo malabares o en el peor de los casos simplemente extendiendo la mano. La gente madura se dedica a sus quehaceres mientras que la niñez se pudre en la ignorancia creando una vasta generación de iletrados que lo único que logrará será un futuro incierto para ellos mismos.

Como se dijo al inicio, hoy México comete el crimen de infanticidio y no hay código u organización mundial que lo juzgue. Hoy por hoy, aparte de que en muchas regiones del país hay hambre de alimentos muy poco exhibida en los noticieros y redes sociales, también se sufre de una hambruna educativa, esa prioridad que no sólo les quitaría el hambre a nuestros hijos en su futuro, sino también su obscurantismo en un mundo cada vez más demandante.

¿Podría en  dado caso Robert M. Hutchins y su pensamiento aplicarse en un país como el nuestro? El hombre decía que los países deberían olvidarse de su afán de educar para crear maquinas humanas listas para trabajar en empresas, se debería educar a las personas primeramente a ser buenos ciudadanos, luego aplicarse a las ciencias y en ello y en esa mezcolanza de valores y educación, ir mejorando esa especie de seres humanos que la larga produciría inevitablemente una limpia generación de seres humanos. Aun cuando es un pensamiento muy socrático, no deja de ser creíble, positivista y con altas miras para terminar con un infanticidio del que en nuestro país ni se ha intentado salir.

Soy el Markés y como dijera alguien, el precio de la educación se paga sólo una vez, el de la ignorancia, toda la vida. Adieu.