“Infancia envalijada”

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México está dormido. Hace ya mucho tiempo que su infancia está siendo secuestrada, envalijada, sometida y abusada ante sus ojos. Hace tiempo que sus niños se han convertido en prostitutas a los diez años y madres a los doce. Los niños varones fuman a los 9 y saben lo que es el sexo practicándolo a los 10. México y sus padres estás somnolientos y ensimismados en una rutina que ha causado que la infancia se extraída de sus manos sin advertirlo siquiera.

Hacía muy poco que la primavera había pasado cuando sin misericordia, un hombre abusó sexualmente de Ángela. Si esta introducción noticiosa no le suena, es obvio, esto ocurrió en marzo del 2015. La colonia Juárez en la ciudad de México se vio de pronto escandalizada, frustrada y hasta encolerizada al encontrarse así nomás, como si fuera un desecho, el cuerpo envalijado de una pequeña que oscilaba entre el año y medio y dos. La maldad personificada en algún ciudadano de la gran ciudad la colocó en una maleta deportiva para luego abandonarla en la banqueta. La niña presentaba crueles rastros de violencia y abuso sexual. El Instituto de Ciencias Forenses resguardó el cuerpo por un año, tiempo en el que se esperó fuera reclamado por algún familiar. Tal cosa no sucedió. Finalmente fue acompañada y sepultada por desconocidos.

Escandalizados, los padres buscaron por todos los medios cuidar de sus hijos, pero fue algo muy temporal. Luego el miedo se disipó y hoy tras cuatro años del crimen, nadie supo ni quien era Ángela y mucho menos ni cómo se apellidaba. Por obvias razones el nombre de Ángela fue creado para tener un nombre con que identificarla pues en realidad nunca se supo su verdadera identidad.

No hay pueblo que no posea dentro de sus historias, por lo menos un caso de infanticidio. Desafortunadamente y según los estudios que se realizan para ver esta problemática, arrojan que un porcentaje muy alto de muertes de niños, son causados en casa. Lo peor viene cuando ya introduciéndonos en el análisis, una cantidad muy mínima es por accidentes y una muy grande, por violencia familiar.

La violencia es el último recurso del incompetente, del que vive chupando como garrapata la vida de la sociedad. Comúnmente el desorden social que impera en las grandes ciudades aborta en grandes cantidades seres humanos que acechan en los callejones y calles solitarias. Cada vez son menos los pueblos que pueden presumir de ser lugares de paz. Aquellos tiempos en los que las personas podían estar sentados en los portales de sus casas en una amena conversación, han quedado muy lejos.

En la actualidad los índices de terrorismo infantil se han desbordado  aun grado casi incontrolable; sin embargo, nada de esto es extraño ni fuera de lo normal. Hoy la sociedad recibe lo que hace años le dio a sus pequeños. Hoy sólo se cosecha la educación que en el pasado se impartió.  Si esperamos cambiar el futuro, es justamente el día de hoy cuando debemos educar a nuestros hijos. Nunca se es tarde cuando el terror impera.

Otro caso, Ingrid Alison. Esta menor de tan sólo 14 años perdió cualquier esperanza de conocer su futuro cuando fue abusada y violentada en un departamento de Tlatelolco. Su cuerpo, al igual que el de Ángela, fue puesto en una maleta y desechado como basura. Este último, según las investigaciones, tuvo más bien un trasfondo que tenía que ver con cárteles de la droga.

Las razones que llevan a una persona a abusar de un menor, son muchas. Entre ellas el que él mismo hubiera sido vejado a corta edad. Muchas veces las carencias económicas causan un odio interior por la sociedad y al no poder encontrar un desahogo con persona que pueda mediar sus fuerzas, muchas veces lo hacen en un menor que no podrá poner mucha resistencia.

Conforme pasan los años, cada vez nos vamos dando cuenta que la maldad va perfeccionando sus métodos de abusar de los niños. Nos parece increíble el cómo se abusa de su inferioridad en fuerza o del descuido familiar para extraerlos y comerciar con ellos como si fueran artículos.

Definitivamente el futuro de los niños es hoy, mañana será definitivamente tarde. Aclaremos nuestra vista, miremos a esos que ahora mismo están ahí a nuestro alrededor. Invirtamos en tiempo, en diversiones, en risas y momentos de esparcimiento. Sólo así y haciendo todo cuanto sea posible para hacerlos parte de una familia productiva, es como se podrá gozar de una senectud tranquila, un tiempo de vejez en la que no tendrá que tener miedo ni a ser golpeado por sus propios hijos y mucho menos de proveer a la sociedad seres inservibles. La sonrisa brindada hoy a su hijo, es la caricia en devolución a su piel envejecida del mañana. Adieu.

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