“González Miranda y la indolencia ecológica”

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Cuando se es servidor público son muchas las miradas que se ciernen sobre él. Sus pasos son vigilados por una comunidad exigente y que en obviedad espera resultados claros, concisos y por qué no, hasta inmediatos. Así es la ciudadanía y no es algo malo, al contrario, las personas sólo creen que ellos pueden hacerlo y que de no hacerlo sin duda alguna se está cayendo en la apatía. Es el mismo pueblo el que dice que cuando un servidor público “Se echa” podemos decir que todo está perdido.

Luego de navegar por la vida y obra del ahora subsecretario del Medio Ambiente en el estado de Tamaulipas Sergio Arturo González Miranda, nos encontramos que no es ningún improvisado, muy al contrario, es un hombre egresado de importantes universidades y que versado está en asuntos que tienen que ver con el campo, el saneamiento de aguas y otros temas ecológicos; sin embargo, con todo y los conocimientos que podamos poseer en un oficio o profesión, muchas veces somos dados a expresarnos de un modo que bien podría dejarnos muy mal parados ante una sociedad por demás severa.

Hace unos días y luego del fatídico derrame de petróleo a manos de una supuesta empresa norteamericana en las costas tamaulipecas, la actitud─ basada en las propias palabras del servidor público─ sonaron un tanto apáticas ante un desastre con resultados irreversibles y catastróficos, ya no sólo para nuestro país, sino para el mundo entero.

“Hasta ahorita no se han reportado grandes daños, hay alguna mortandad de aves y peces pero tengo entendido que ya está controlado ese flujo”─dijo.

¿Se ha acostumbrado el tamaulipeco a los desastres naturales ocasionados por mano humana al grado de decir “No se han reportado grandes daños”? ¿Existe algo así como “Alguna mortandad” como diciendo, no es mucha, no hay que alarmarse, estense quietos?

Hasta en los diccionarios de bolsillo la palabra mortandad tiene un enorme peso. Nos la revela como: Gran cantidad de muertes causadas por una desgracia, ya sea una guerra, una epidemia o una catástrofe natural

La expresión real de mortandad a raíz del suceso trajo consigo la muerte de una cantidad muy notable de peces y aves. Ver animales acuáticos flotando ya sin vida y aves atrapadas entre el espeso petróleo son escenas por demás desconsoladoras.

¿Será acaso que por su expresión de “Tengo entendido” lo coloca en un punto de lavado de manos o un interés muy liviano por el problema con todo y que competa a una autoridad federal?

Las expresiones de nuestro día a día sobre tal o cual cosa expone de una manera muy abierta el interés que podamos tener en el asunto. Bien se sabe que la boca expresa lo que contiene el alma y esta desafortunada expresión del encargado de mantener sana y salva la vida natural del estado no fue de lo más bondadosa.

Fue a principios del año pasado cuando nos encontramos con un titular que escandalizó a más de uno. El escenario fue, como en esta misma ocasión, las  costas de Miramar en Tamaulipas. Las víctimas: Un delfín y una tortuga Lora muertas. No nos parecería tan escandaloso si ambas especies se nos agotan del planeta de una manera avasallante.

Si recapitulamos, allá en los comienzos del 2015, cerca de 150 tortugas muertas fueron encontradas en la laguna Ojo de Agua en la Península de Baja California.Los encargados de ecología y medio ambiente expresaron en los recientes sucesos en Tamaulipas, así como en aquél entonces en la península, que las causas de tal deceso podían ser muchas. Se culpó a la contaminación oceánica,  al cambio climático y hasta una muerte natural.

A estas alturas del siglo aceptamos que todos hemos contribuido a la extinción de muchas especies vivas. Nuestro día a día es vivir por nosotros sin importarnos nuestro entorno social y ecológico. Hemos visto el cambio climático como parte del nuevo libro de Stephen King. La vanidad y el orgullo ha enfriado tanto el corazón que hemos olvidado que el planeta es un territorio compartido con plantas y animales. Muy poco nos ha importado enterarnos que las grandes reservas ecológicas están siendo devastadas para la expansión humana. Ni qué decir del comercio de pieles que parece no tener fin. Nos hemos vuelto gélidos ante el conocimiento de que malnacidos degüellan animales y vulneran focas en su infernal deseo por apoderarse de sus pieles.

En nuestra nación existen siete de las ocho especies de tortugas marinas: Laúd, caguama, golfina, lora, carey, prieta, verde y blanca. Según la SEMARNAT todas en un letal peligro de extinción. Hagamos cuanto podamos por restituir el daño. Abramos los ojos y descongelemos el corazón. No olvidemos que, aunque suene trillado, el planeta es la única heredad que dejaremos a nuestros hijos. Adieu.

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