“Crónica de una explosión anunciada”

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 Dicen que la curiosidad mató al gato, pero Andrés Manuel dice que fue la necesidad.

En redes sociales son muchos los que lo acusan de la tragedia en Hidalgo, sin embargo, sabemos que la gran mayoría de las desventuras nos son anunciadas con mucha anticipación y hasta con santo y seña. Edificamos fraccionamientos en cauces de ríos o arroyos;levantamos viviendas a los costados de las vías del ferrocarril; guardamos armas prohibidas en casa; dejamos a la mano de nuestros niños sustancias tóxicas o, en el peor de los casos, nos convertimos en enemigos en casa. Toda necedad lleva en el lomo la tragedia y ante tal sapiencia cualquier rebuzno sale sobrando.

La frase “Nos duele” utilizada en cada una de las conferencias matutinas es tan vacía en redes. Los usuarios recalcan una y otra vez que no es culpa ni del derrocado neoliberalismo, ni del actual gobierno, sólo de la falta de una honestidad jamás sembrada en el seno del hogar… y es que sin ofender a nadie y mucho menos al lector, la palabra “Chingar” tiene en México un enorme peso como también variedad de usos. Es tan básica como alimentarse, escuchar música o tener sexo. Aunque suene tristísimo, en nuestro país la palabra implica en una buena proporción abusar de alguien o apropiarse de algo. Es fuente de poder cuando la fuerza está a favor o de derrota cuando se está en el suelo.

Gracias a esa palabra hoy la nación entera está de luto. Es un duelo que literalmente nos merecemos por creer que podemos fregarnos a alguien que en este caso es a nosotros mismos. Penoso fue ver en video a personas presurosas apañando gasolina. Los niños corrían en algarabía y hasta los más viejos con todo y su vasta experiencia de vida echaban todo por la borda colaborando en la rapiña. Joder, fregar, apañar, robar, hurtar, chingar… palabras que hoy desafortunadamente nos tiene tan aturdidos y sumergidos en la peor de las vergüenzas como mexicanos.

Con todo y que era muy niño, me es imposible olvidar aquella publicación de nota roja allá por 1984 en la que en una portada por demás grotesca, aparecía un reguero de cuerpos calcinados. San Juan de Ixhuatepec, Tlalnepantla de Baz, Estado de México. Una serie de más de diez explosiones matutinas en una estación de gas Lp propiedad de Petróleos Mexicanos habíamatado casi en un santiamén entre500 a 600 personas en San Juanico dejando además un saldo de más de 2000 heridos y millonarios daños materiales.

Con los días y las investigaciones se supo que el responsable había sido PEMEX, sin embargo, la población misma sabía del riesgo que significaba edificar viviendas a muy pocos metros de tan importante empresa gasera. Sin medir consecuencias, pobladores y gobierno se dieron la “Libertad” de expandirse en colonias circundando aquello que en el devenir de los tiempos sería el causante de tan enorme y fatal desastre humanitario.

La curiosidad, por naturaleza; la irracionalidad por testarudez y la rapiña por mala costumbre, han sido la causa de tantos sucesos tan desafortunados que ahora y a causa de lo sucedido hace algunos días, nos ponen a reflexionar muy seriamente sobre nuestra posición y deber como seres humanos.

Corría el mes de septiembre del año 2007 cuando un camión trasportando 25 toneladas de nitrato de amonio se volcó peligrosamente en el kilómetro 35 de la carretera 30, justo frente al ejido Celemania, en el tramo Cuatrociénegas- Monclova, Coahuila. El choque contra una camioneta a mitad de la noche causó la muerte de al menos 22 personas, entre ellos tres reporteros que cubrían la nota. Lo notable del caso fue que todas estas muertes se hubieran evitado si la curiosidad no las hubiera invadido. Tras una primera explosión, alguien les gritó a los muchos curiosos que se alejaran pues cabía la posibilidad de que sobreviniera una segunda explosión. Nadie escuchó, ni siquiera los reporteros, quienes en su afán por documentar todo, perecieron tras la anunciada segunda detonación que por mortífera, aparte de muertos dejó mutilados, casas destruidas y una carretera literalmente desgajada.

Durante toda una semana, una y otra vez nuestro presidente dice frente a los reporteros y ante todos los mexicanos un “Esto tiene que cambiar”. Lo cierto es que de no ser así, una y otra vez surgirán crónicas y más crónicas de muertes anunciadas. Anunciadas no por mal agüero, sino como resultado natural de una deshonestidad que hemos convertido en hábito. Chingar no es cuestión de orgullo, sólo de desgaste moral, desvergüenza y falta de amor por uno mismo y por quienes nos rodean. Por lo pronto y como dijo el profeta de Galilea, dejemos que los muertos entierren a sus muertos y que los vivos aprendamos todo esto como una lección de vida. Adieu.

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