“Colosio y el gran Frankenstein”

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Dicen que nadie sabe para quién trabaja y eso lo tuvo muy bien aprendido el Partido Revolucionario Institucional allá por el 1994 cuando el entonces candidato a la presidencia de la república mexicana Luis Donaldo Colosio Murrieta, expuso a voz en cuello sus verdaderos ideales como político.

Por mucho tiempo el aspirante sonorense se había desempeñado en un cargo y otro dentro de las filas del tricolor, dándole experiencia para manejar asuntos de vital importancia. Algunos de sus nombramientos lo acercaron tanto a la gente que terminó por palpar sus necesidades. Sólo él sabía que su única misión en todo aquel aprendizaje, era el cautivar con palabras de verdad a un pueblo hambriento de justicia. Por ello, durante su elocuente discurso en el monumento a la revolución el entonces presidente de la república Carlos Salinas advirtió un notable resquebrajamiento de un poder neoliberal en aquel hombre que sin más prometía y exponía soluciones a la hambruna generalizada.

«¡Veo un México de comunidades indígenas, que no pueden esperar más a las exigencias de justicia, de dignidad y de progreso; de comunidades indígenas que tienen la gran fortaleza de su cohesión, de su cultura y que están dispuestos a creer, a participar, a construir nuevos horizontes!»

El entonces Víctor  Frankenstein de la política y creador de aquel hombre que ahora tenía ante sí y que empezaba a mover masas, notó que algo no estaba bien. Su creación se perfilaba como todo un héroe y de no pararlo, hasta él mismo sería aplastado.

«¡Veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla. De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales!»

Es de dominio público que el teatro preparado para la escenificación de la muerte del candidato fue justamente en Tijuana, en una de las coloniasmás pobres de la ciudad, es decir, Lomas Taurinas. Luego de algunos disertadores que le precedieron, él comenzó a exponer su brillante política de restauración de daños que claro, seguía zahiriendo los ánimos de los de arriba. Poco después del mitin y justo cuando se dirigía su camioneta cercado por una irrisoria guardia de seguridad, fue atacado por una persona identificada a posteriori como Mario Aburto Martínez, un michoacano que con un par de tiros le arrebató la vida con todo yambiciones.

«¡Como partido de la estabilidad y la justicia social, nos avergüenza advertir que no fuimos sensibles a los grandes reclamos de nuestras comunidades; que no estuvimos al lado de ellas en sus aspiraciones; que no estuvimos a la altura del compromiso que ellas esperaban de nosotros!»

Sea como sea, el tremendo monstruo se les salió de control prometiendo cambiar todo aquello que hería al pueblo. De un momento a otro grandes fortunas comenzaron a tambalearse, lo mismo que cientos de intereses políticos. De cumplirse tanta renovadora promesa, peligraban tantos puestos políticos como estrellas tiene el cielo.

¿Cuántos “Monstruos” crean los partidos en sus filas con deseos de liberar al pueblo? Desafortunadamente son acallados por quienes, temerosos de perder lo ganado, optan por expulsarlos o eliminarlos.

En realidad no se sabe qué tanto hubiera logrado Colosio de haber llegado a la presidencia de la república. Siempre fue un priista soñador que con todo y el bozal que traía puesto; muy dentro de él existían los verdaderos ideales de libertad y de justicia.

Creemos que de haber pisado los pinos ya victorioso, le hubiera sucedido como hoy a Andrés Manuel López Obrador, sí, que en su intento por sacar al país del pantano creado a lo largo de sexenios, es atacado por muchos de su mismo pueblo.

Existen muchos idealistas que mueren en su intento por lograr sus anhelos. Son como Ícaro que vuelan alto, sueñan muy arriba y justo cuando están al borde del triunfo, viene un calor abrasador que les derrite las alas. Tristemente mucho de ese calor es el pueblo mismo; un pueblo que cegado por la seducción del dinero y granos de maízcomo limosnas, optan atacar a quien lucha por ellos.

Hoy el “Monstruo” creado por el tricolor está muerto. Sus mismos asesinos le llevan honores y redoble de tambores en fríos monumentos.

Hoy el caso Colosio está tan archivado y bajo tierra como los trabajadores de la mina Pasta de Conchos en Coahuila.

No se necesita mucha sapiencia para saber que la pobreza y la opresión terminarán cuando dejemos de conformarnos con un granito de alpiste a cambio del voto; cuando en los actos cívicos dejemos de cantar por cantar el himno sin sentirlo. Sólo abriendo los ojos y viendo que la justicia está dentro de nosotros, es cuando el cambio verdadero comenzará a causar, no una cuarta transformación, sino la definitiva, adieu.

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