“Batalla del calentamiento”

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Por meses, años, milenios, las comunidades mexicanas han tomado parte en la cruenta batalla del calentamiento haciendo lo que dicta la orden del sargento que ellos mismos han colocado en lo más alto de la silla presidencial

Las elecciones 2018 a presidente de la república no son otra cosa que una intensa batalla del calentamiento que inició muchas décadas atrás. Es un efecto dominó que en el proceso ha causado un enorme pavor a quienes por muchos años han sido los chupa chups del país.

Con todo y que sexenio a sexenio el juego de la política se recrudece violentamente en la lucha encarnizada por alcanzar el poder, hoy el electorado lo olfatea diferente. En tal olfateo se cuestiona lo más importante:

Si vivimos en unprincipado priista por una cincuentena y sólo obtuvimos endeudamiento y fraudes; si el blanquiazul  del mismo modo nos dio pan con la misma leche rebajada con un agregado de violencia y muerte, ¿Triunfando la izquierda acabará la apócrifa democracia o empezaremos un devastador señorío?

Claro, de poner este cuestionamiento en redes sociales, con toda seguridad los pros y los contras se ensañarían, unos defendiendo al blanquiazul y otros al tricolor, pero una gran mayoría a quienusted ya sabe.

Se ha llegado a un punto en el que el electorado ha dicho como el niño al que se le ha hecho “Teta” en el juego de las canicas: «Ya no juego, yo ya me voy». Los más afortunados, si así podríamos decirlo, han recogido sus “canicas” y se han ido al extranjero a llevar una existencia mucho más relajada. Claro, sin la belleza inequívoca de México, pero al menos no sintiéndose burlados cada día de su vida.

¿Cómo nos íbamos a imaginar que aquel juego infantil que tanto nos divertía de niños era un claro entrenamiento a lo que en el devenir de los tiempos nos traería como mexicanos? Claro, esto aplica para quien sea mayor de cuarenta y sepa de lo que estoy hablando.

Por muchos siglos nuestro país ha vivido una dieta financiera. Claro, dicha abstinencia es únicamente para el proletariado. Los que han dictado dicho régimen mercantil no son más que tragantones. En este juego tan tramposo de las clases sociales los participantes sólo miran y se abstienen.Son los capitanes, o cómo los llamaría Usted ya sabe quién,  “La mafia del poder” quienes se apoderan de las fichas y los premios.

Como adolescente que va tras su primera novia o la novel actriz de televisión tras un aprovechado productor, muchos y si no todo ciudadano, ha ido obedeciendo los decretes de ese mandamás y su congreso instándonos a ir a la carga, auna supuesta guerra contra la hambruna, la corrupción y la desigualdad. No sabemos si es tarde o no, pero el cáncer avanzado en el que hemos encontrado al país que nos ha visto nacer, es terrible.

¿Qué tan ingenuos habremos sido por tanto siglo para no darnos cuenta que nos daban una madeja de estambre para vernos jugar como los gatitos?Y ahí estamos, como cada lunes en el saludo a la bandera. La mano derecha al pecho y mirando a la Enseña patria con orgullo.Cientos de miles de escuelas enseñando a un contingente de infantes el respeto a una bandera tricolor que no es otra cosa que la representación de una gloria mexicana inconmensurable pero al mismo tiempo, símbolo del caciquismo en el que se nos ha mantenido por décadas. Y no hay de otra, porque con todo y que nuestra sangre esté como una olla exprés por acumulación de vapores, se nos ha dicho, que Hay que seguir la orden del sargento. Lo peor del caso es que aunque nos hayan hecho creer que somos jinetes, lo cierto es que hemos ido a campo traviesa levantando una mano, luego la otra, un pie, luego el otro, poniendo todo nuestro cuerpo en acción por un algo que no nos ha beneficiado tanto como hubiéramos querido. Y ahí vamos por el páramo de soledades viendo cómo suben los precios, como se modifica la Constitución a su propio beneficio y claro, riéndose de cómo todo un pueblo va como exhibición de circo moviendo la cabeza, la cadera, los hombros, el cuerpo como simples títeres. Y es que esa tan mencionada mafia del poder se ha entretenido por sexenios y sexenios viéndonos como hámster corriendo en un mismo sitio que ya ni siquiera somos su entretenimiento.

De un modo o de otro, sea por radio, televisión o redes sociales, los sucios y agresivos spots lo único que han causado en la gente ha sido un alto índice de violencia reflejado en las calles, donde unos partidarios agreden a otros y todo por defender a un candidato, o en el más vergonzoso de los casos, tratando de ganar esta batalla del calentamiento que no tiene nada de divertido como cuando lo jugábamos sanamente y con los mejores amigos en la infancia, Adieu.

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