“Bajos instintos”

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Rosario corrió lo más que pudo por entre los rollos de tela en el almacén de la maquiladora en la que trabajaba. Vencida por la fuerza de su victimario terminó siendo presa de los bajos instintos de un hombre que sin la menor piedad abusó de ella sin que nadie pudiera darle auxilio. La noticia corrió como mecha de cohetón aquel año de 1999. Cuando la chica finalmente tuvo el valor de revelar la verdad, se supo que la culpabilidad recaía en un guardia que había apagado las cámaras de seguridad en esa sección, y un materialista cuidando no viniese nadie. Lo habían hecho en beneficio de un gerente de calidad que al ser rechazado por la chica en cuestión, había optado por hacerlo a su modo. El líder les había prometido beneficios a un plazo muy corto si se confabulaban con él en su crimen.

Toda la frontera norte de México está invadida de industrias maquiladoras que sufragan la necesidad laboral. Todas ellas aportan una invaluable fuente de trabajo a cientos de mexicanos que son la mejor mano de obra que el extranjero puede tener por barata; sin embargo, los secretos que estas guardan son muchos.

Quien ahora escribe tuvo a bien trabajar en algunas de ellas y aunque estuvo en sitios de privilegio, es decir, áreas en las que no se requería trabajar a contratiempo, pudo ver desde su sitio las mil y un maneras en las que el abuso se da en este tipo de empresas.

El abuso laboral se da a ojos vistos. Los trabajadores callan. Callan no por cobardía sino por necesidad de conservar un trabajo que es la manutención de la familia.

Corría el año 2001 cuando una comitiva de TAKATA tuvo a bien visitar la empresa en la que laboraba. Por esos tiempos estaba a cargo de un par de líneas en el área de calidad. Mientras me aseguraba de que los inspectores hicieran su trabajo, tuve a bien escuchar una conversación entre el cliente norteamericano y un gerente de producción mexicano.

Entre plática el nacional le expuso al extranjero que toda esa gente que estaba ahí, no tenían aspiraciones para nada. Que trabajaban para sus pachangas al finalizar la jornada y que para el inicio de semana ya estaban pidiendo préstamos. Usted sabe que el jodido es jodido no por nacimiento, sino por falta de ideales, le dijo.Escuchando loscomentarios clasistas, el extranjero miraba con pasividad a los trabajadores. Su expresión decía que no apoyaba aquel pensamiento retrograda. Sin mucho que ahondar, el gerente era un traidor de su raza en potencia. Enaltecido siguió hablando tantas sandeces como le era posible abortar su poco evolucionado cerebro. Finalmente el extranjerodestrabó sus brazos, se aclaró la garganta y dijo:

Señor, el trabajador es la fuerza de la empresa, usted es sólo su guía. Si usted se va no pasa nada, pero si se nos va uno de estos hombres o mujeres, perdemos miles de pesos por un paro. La mano de obra es mucho más valiosa de lo que usted cree, señor mío. No entiendo el por qué usted está ahora en esta posición de mando. Lamento mucho sus palabras, su forma de pensar y el haberme hecho acompañar por usted para este recorrido. En verdad me ha decepcionado.

Las empresas maquiladoras están llenas de personal al mando con instintos muy bajos. En ocho años laborando ahí tuve la desdicha de contemplar gritos histéricos contra los trabajadores, dos o tres chicas seducidas y embarazadas por jefes de líneas, personas despedidas por cualquier cosa y hasta personal llevado a enfermería gravemente herido y sin ser atendido hasta que llegara seguridad para que les tomaría las fotos de evidencia.La sangre joven que corre en las maquiladoras es exagerada. Conozco personas discapacitadas a causa de accidentes. Muchas de ellas despedidas injustamente. Algunas han perdido la fuerza motriz de alguna parte de su cuerpo.

No hace mucho me topé en una fiesta a un hombre que hace años era un dictador empresarial. Trataba a los trabajadores peor que animales. En lo personal me avergonzaba escuchar sus insultos.Conversando me dijo que desesperado estaba por llevar ya meses sin trabajo… ¿qué no eras tú el que ponía la daga al cuello en la planta? Le pregunté. No me respondió. No se oye bien, pero el karma y la justicia existen.

Un día se está arriba y nunca sabes cuándo estarás al ras del suelo. Los bajos instintos nos degradan, nos convierten en un scrap humano destinado en la suma de los días a terminar en la cloaca. La humillación y el abuso laboral en una indeseable esclavitud tan vulgar contra la cual debemos de luchar incansablemente. Adieu.

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