Bajan al “ave” de su nube

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Foto: Agencia

Ya tenía la mirada absorta, pero Ignacio Ambriz metió las manos en los bolsillos del pantalón hasta que André-Pierre Gignac se estrenó en el Apertura 2016 con otra de esas definiciones que son clásicas de su paso por el futbol mexicano (59′).

Entonces sí, el director técnico del América se resignó al sólido mazazo. El sueño amarillo de coronarse invicto durante el semestre de su centenario quedó en simple utopía. Severa dosis de realidad para un equipo que volvió a demostrar su enorme poder de autodestrucción. Porque la goleada frente a los Tigres (0-3) volvió a estar marcada por falta de sangre fría a la hora cero e indisciplina.

Es cierto, los norteños ya tenían la ventaja en el marcador, pero el cartón carmesí recibido por el ecuatoriano Renato Ibarra marcó el curso del partido. Faltaban unos cuantos segundos para terminar la mitad inicial, mas Ibarra fue incapaz de controlarse y asestó a “Juninho” ese codazo que volvió a dejar a los azulcrema como tantas veces les ha sucedido bajo las órdenes de Ambriz: en inferioridad numérica.

Otra roja.

Si de por sí enfrentar a un conjunto de Ricardo Ferretti significa un importante grado de complejidad, hacerlo con desventaja en el marcador y numérica es casi una misión imposible. El América volvió a comprobarlo, al igual que lo mucho que extrañará a Oribe Peralta, quien partió a Brasil. La vida sin el ‘Cepillo’ será difícil. Fichar a Silvio Romero costó poco más de cinco millones de dólares, pero el argentino enseñó por qué había perdido la carrera por la titularidad. Impreciso y nervioso, jamás fue el socio de Rubens Sambueza y Darwin Quintero. La más clara que tuvo, cuando restaba un cuarto de hora por jugar, terminó en el larguero del arco defendido por Nahuel Guzmán, portero de los felinos norteños.

Todos quisieron ganar su propio juego. Los reproches fueron inevitables. A diferencia de lo ocurrido con los regios, quienes siguen lejos de su mejor versión, mas la calidad individual les alcanzó para mancillar el hogar de un grupo que ya soñaba con dar la vuelta olímpica sin perder algún encuentro. Les ha quedado claro que no será sencillo. En especial si el adversario tiene a hombres como Javier Aquino. Además de su velocidad y picardía, el oaxaqueño regaló una de esas estampas para la posteridad. Su definición, a segundo poste desde fuera del área, congeló a Hugo González y a los casi 40 mil americanistas presentes.

Aparentemente, en el servicio previo, González fue empujado por su defensa Bruno Valdez, quien había recibido un empellón de Gignac. El silbante Isaac Rojas dejó seguir la acción sin más.

La racha de los Tigres sin estremecer las redes acabó en 217 minutos. La que no termina es la imbatibilidad de su arco. Daga en los corazones teñidos de azul y amarillo, esos que aceleraron su ritmo cuando vieron caer a “Juninho”, mientras Ibarra se esmeraba en afirmar que no había cometido ilícito alguno.

No se salvó del castigo, el resto de las Águilas tampoco. Durante el complemento vino el clímax, la nueva cátedra de finalización por parte de “Monsieur” Gignac. Justo cuando los locales parecían lanzados en pos de la igualada, los felinos robaron una pelota cerca del círculo de la cancha y armaron el contragolpe que culminó en los pies de su gran figura. Lo demás fue tan bello como rutinario para el galo.

Pero faltaba el aporte de Ismael Sosa, quien aprovechó una gran jugada de Luis Quiñones. Pusieron punto final al “baile”.

La cadena de cuatro victorias seguidas entre Liga y Copa tuvo un abrupto final. Las Águilas se encontraron con un verdadero peso completo y terminaron noqueadas, pero el golpe bajo que ellas mismas se propinaron las mermó de manera importante de cara a la segunda mitad. Ambriz lo sabía, terminó de resignarse cuando la estrella francesa hizo inalcanzable la desventaja para su equipo. Primera dosis de realidad centenaria, genuina sacudida en Santa Úrsula.